martes, 25 de julio de 2017

Vigilar el fuego.

A veces uno tiene que saberse resignar. Por ejemplo, a veces hay que saber admitir que la única opción que nos queda es sentarnos en una roca que, probablemente, no será muy cómoda, y ver cómo se consume el fuego. La fiesta ha acabado, ya no hay más canciones de fogata, ni más miradas furtivas, ni más promesas de eternidad. Porque, a veces, las cosas se acaban, sin más. 

Pero para todo hay límites, ¿saben? Porque uno puede sentarse y vigilar el fuego en la noche, y soportar el frío y la tristeza cuando se va convirtiendo en polvo sin vida, y puede intentar vencer la melancolía rememorando el calor que sintió tiempo atrás, aunque ya no sienta nada. Pero lo que no puede uno, más faltaba, es quedarse quieto, con los ojos bien abiertos, mientras alguien viene y le sopla las cenizas. 

Que una cosa es aguantar la penitencia y otra bien distinta deberle favores al verdugo. 

lunes, 24 de julio de 2017

Peli: Bridget Jones' baby

¿Por qué, Bridget, por qué?



Ayer tenía el día un poco petardo, así que  entre conversaciones en Twitter y otras hierbas, acabé decidiéndome a ver Bridget Jones’ Baby. El tercer libro de la saga, Mad about the boy, ni me lo planteo, porque (no spoilers) estoy altamente cabreada con él, con la autora, con la historia y con todo el mundo, básicamente. 

No esperaba gran cosa de la peli, y os adelanto que no decepcionó mis bajas expectativas. Al fin y al cabo yo quería ver a Colin Firth haciendo de Mark Darcy, tímido, estirado e inepto en eso de las relaciones amorosas, y eso está. Colin Firth está un poco mayor, pero como yo le tengo ley, no pasa nada. Al final, tenemos una comedia romántica con Bridget entre dos tíos fabulosos (lo típico en la peli, pero lo típico que nunca nos pasa a las Bridget de verdad xD) y, en este caso, con un embarazo de por medio. Pasas el rato, te ríes a veces, te sonríes otras, algunas pasas envidia (pocas en esta peli, la verdad, aunque he de reconocer que un par de escenas me arrancaron suspiros) y poco más. No esperéis descubrir en el metraje ninguna esencia, porque tampoco es el propósito de la peli. 

Sin embargo, me ha faltado algo. O me ha sobrado, no sé. Esa no es nuestra Bridget. Sí, es Renée, pero no es Bridget. Cuando yo me imaginaba a Bridget en la cuarentena no me imaginaba a una señora que, de repente, se ha vuelto glamurosa, que es delgada, que está súper retocada y que lleva el pelo perfecto casi siempre. Me esperaba a una mujer que, a pesar de todo, no había conseguido “madurar”, que seguía siendo un poco cría, llevando ropa “no acorde a su edad” o extravagante y, desde luego, siguiendo adelgazar para entrar en unos cánones establecidos pero sin que le importase tanto como para llegar a lograrlo. Esta Bridget sigue siendo un poco torpe (un poco) y algo inmadura (pero sin tanta gracia), pero no creo que sea una Bridget con la que se identifiquen aquellas mujeres que se identificaron con ella en la primera película. 

La Bridget de 43 años manda el mensaje de que se puede estar más guapa, más delgada, más espectacular y más joven a los cuarenta y tantos que a los treinta. Y puede que sea posible, pero, al mismo tiempo, pone sobre la espalda de las mujeres ese peso del que se reía en las primeras películas. Aquellas decían: “¡Es ridículo intentar ser perfecta! ¡No se puede!”. Esta dice: “No se puede ser perfecta del todo, pero puedes parecerlo”. 

Incluso han perdido la oportunidad de reírse con el tema del embarazo. No son pocas las mujeres de cuarenta y pico años que consideran el problema de la maternidad, algunas de ellas solteras (las he conocido). Cada vez más mujeres deciden que, si no han encontrado al hombre de su vida, eso no va a ser un inconveniente para tener un hijo, y se convierten en madres solteras por diversas vías. También habrá mujeres que, sin esperarlo o buscarlo deliberadamente, se quedan embarazadas pasados los cuarenta. Y si en la maternidad hay un montón de estereotipos, idealizaciones, normas no escritas y opiniones contrarias (siendo madre nunca se acierta, no soy madre y ya lo sé), imaginad cuando eres madre a la edad en que tu arroz, supuestamente, ya estaba pasado. Se podrían haber reído mucho de eso. Podrían haber reconfortado a muchas mujeres de esa edad que están pasando por el trance o haber hecho reír a las que ya lo han pasado. Pero no. El embarazo es solo una excusa para mantener la tensión entre los dos pretendientes. Tensión, por cierto, bastante mal llevada: Darcy sigue enamorado de Bridget desde siempre y, por otro lado, esta, casi por arte de magia, conquista a un genio de las matemáticas súper rico porque ha descubierto el “algoritmo del amor” que, a pesar de no tener interés en establecer una relación o tener familia, se vuelca con ella y el bebé al 200%. Y se enamora, ojo. 

En fin, que me parece que la película es una oportunidad perdida, que lo que pretende es sacar rédito de la nostalgia de aquellas que nos sentimos Bridget y que nos reímos con ella en sus primeras historias, sin conservar ni un ápice de la esencia de lo que ella significó. 

Todo esto no significa que para pasar un rato esté bien, pasable, aunque solo sea por ver qué ha sido de Bridget, pero no me podía guardar la reflexión, porque jolín, qué rabia. 

Y eso es todo, amigas. 

¿Qué pensáis vosotras al respecto?

domingo, 23 de julio de 2017

Libro: La Reina de las Nieves, de Carmen Martín Gaite.



Poco antes del final de curso mi compañera de departamento llegó con un paquete y me lo dio. Era un libro, claro, lo sabía. ¿Qué nos vamos a regalar las filósofas si no? Me dijo que le había dejado huella y que estaba muy contenta de que lo hubiesen reeditado y me lo regaló. Otro de los retales coloridos de este curso un poco gris.  

Por fin, con la calma de las vacaciones y, sobre todo, del pueblo, he podido leerlo. Lo he acabado hace un rato. Allá vamos con la reseña. 

¿De qué va el libro? 

La parte fundamental del libro es la historia de Leonardo Villalba, un joven con mucha vida a las espaldas que, tras la muerte de sus padres, empieza a hurgar en sus papeles, encontrando retazos de un acertijo que se muere por descubrir y que le habla de su pasado. Por otro lado, está Casilda Iriarte, con su propia historia, la actual señora de la Quinta Blanca, a la que trajo el mar y que parece estar movida por él. Y, envolviendo ambas historias, la sombra del cuento de Andersen. 

Hablando del libro...

Primero quiero disculparme. Escribir sinopsis no es lo mío, especialmente con un libro tan complejo como este. Si queréis leer la sinopsis de la contraportada os bastará con echar un ojo en Google. Que mi explicación no os disuada de leerlo, por favor, porque el libro merece la pena.

Os recomiendo, sin embargo, si os ponéis a leerlo, que tengáis ganas de leer algo profundo. No es que el libro sea complejo, qué va, pero las divagaciones de Leonardo, o las de Casilda, o el ir y venir de acontecimientos requieren atención para saborearlos. Y merece la pena hacerlo. Cuando yo lo empecé todavía tenía la cabeza embotada por el fin de curso (que estaba en trámite) y por muchas cosas, así que no conseguí meterme en él. Lo dejé, después de leer un par de capítulos, sobre la mesilla, esperando a un momento mejor. Me lo traje al pueblo junto a Dilo en voz alta y nos reímos todos y, al acabar este, le llegó el turno. Ya, mucho más tranquila y más predispuesta a dejarme llevar, conseguí perderme en él.

La narrativa de Carmen Martín Gaite es tan rica... La mayor parte de la novela consiste en la narración de los pensamientos de los protagonistas, en la manera de vivir lo que les rodea que tienen, ¡pero son tan especiales todos! Leonardo y Casilda, sí, pero también Julián, por ejemplo, con su aparición fugaz. Martín Gaite dota a sus personajes de una profundidad y unas esquinas maravillosas. Los hace enternecedoramente humanos, estremecedoramente confusos. Como somos muchos, supongo. Y quizá, por eso, a veces me he sentido identificada en lo contado y otras he querido sentirme identificada. Y la autora consigue expresarlo con tanta belleza... Tengo el libro entero lleno de pegatinas y no he parado de compartir fragmentos en mis redes sociales, no podía evitarlo. 

En cuanto a la historia... Bueno, es una historia interesante, aunque yo he de decir que me veía venir el desenlace desde lejos. Cuando todavía no sabía por dónde iban los tiros (hasta que las distintas historias han hecho "clic" y todo ha comenzado a funcionar, como al encajar distintos engranajes) estaba muy intrigada por saber por dónde iban los tiros. Luego, evidentemente, ya no, pero no me ha importado, porque este es uno de esos libros que hay que leer viviendo el momento, disfrutando de cada uno de sus párrafos, porque valen oro. 

Os lo recomiendo mucho, muchísimo. 

Os dejo un trocito...

-¿A la Quinta Blanca me ibas a llamar? -preguntó ella-. Pues me parece absurdo. Alas no tengo.
-¿Estás segura? -aventuró él.
Casilda Iriarte retiró su mano y volvió a ponerse el guante gris de cabritilla. Parecía un poco violenta.
-Algunas veces creo tenerlas -dijo en voz baja, sin mirarle-; eso es lo malo, que luego suele venir el batacazo. Pero cuelga, hombre. Y vamos saliendo, ¿no?

En resumen, este libro...


Ahora supongo que seguiré leyendo un libro de Sherrilyn Kenyon, (a.k.a Kinley MacGregor), Un amante de ensueño. Es romántica adulta y después de 3 capítulos a la prota le había crecido un hombre desnudo de un libro, así que... :P jajaja. 

sábado, 22 de julio de 2017

El beso.

Una pareja toma una caña en una terraza. El calor de julio empieza a dar una tregua al ocultarse el sol pero, a pesar de todo, los clientes del bar prefieren quedarse dentro. Ellos están solos bajo el velador que cubre el mobiliario. Comienza a moverse algo de brisa. Ella eleva la barbilla y cierra los ojos, con gesto de placer. 

-Bueno -dice él-, entonces, ¿tenemos ya historia oficial o no?

-Siempre la hemos tenido -contesta ella-, otra cosa es que tú no quieras aceptarla. Pero que la hay, la hay. 

-O sea, que la versión buena es la tuya, ¿no? 

-Claro. ¿Cuál si no?

-La mía. 

Ella lo mira de medio lado y sonríe, pícara.

-¿Que no me besaste? Venga ya, niño, ¡que me pusiste la boca! ¡Que lo estabas deseando desde que giraste la esquina! 

-No te digo que no a eso último, pero yo no te besé. ¡Tú me conoces! ¡Si apenas podía respirar! ¿Cómo se me iba a ocurrir besarte? 

-Me besaste. Cuando me estaba deshaciendo del abrazo me encontré tus labios. 

-No -contesta él, muy serio-. Yo me encontré tus labios. 

Se miran y vuelven a fijar sus ojos en sus respectivas cervezas, serios, meditabundos. Cualquiera que los observase desde fuera no entendería por qué tanta solemnidad en aquel debate tan banal.

-Fue culpa tuya... -dice ella, entre dientes.

-¿Cómo?

-Que fue culpa tuya. Me robaste un beso.

-¡Lo que me faltaba! Ahora sí que sí. Hemos pasado de dudar quién besó a quién a decir que yo te robe un beso a ti. ¡Pero si estaba muerto de miedo! ¡Si creía que ibas a huir de mí en cuanto me vieses! ¿Cómo te iba a robar un beso? Anda, no digas más tonterías...

Ella se levanta de la mesa apartando la silla de un golpe. Parece ofendida.

-¡No es una tontería! ¡Nada de esto lo es! Y sí, me robaste un beso. Me lo robaste mucho antes de que nos viésemos, mucho antes de que estuviésemos cerca. Ese beso era tuyo desde la primera vez que me llamaste "mi niña", ¿te acuerdas? Tuyo desde la primera vez que me dijiste que me querías. ¿Por qué me dijiste que me querías antes de quererme? ¿Por qué? ¿Por qué te fuiste colando por mis rendijas sin permiso y sin que yo pudiese hacer nada para evitarlo? -Entonces parece calmarse un poco, respira hondo y continua- ¿Recuerdas que te avisaba? Te decía que te besaría, pero no porque yo tuviese la voluntad de besarte, sino porque no podía hacer otra cosa, ese beso ya era tuyo, así que tuve que besarte.

Él la mira como si hiciese mucho tiempo que no la veía, descubriéndola otra vez.

-Amor...

-¿Qué?

-Acabas de reconocer que me besaste.

Ella le lanza una mirada enfurecida. Está dispuesta a empezar a gritar, pero él no lo permite. Se levanta, la agarra fuerte por la cintura, la atrae hacia sí y la besa como si en ese beso tuviese que declararle todo lo que nunca le ha dicho.

-Y ahora -añade cuando se separan- te he besado yo. En paz.

Ella sonríe.

-El año que viene volvemos, ¿vale? -dice, aguantando todavía la sonrisa.

-Volveremos a discutir y lo sabes -advierte él.

-Pues discutiremos -responde ella-. Ya te dije que era muy de chinchar...

El le coge la mano y se la besa. Permanecen así, sin soltarse, mirando hacia aquella callejuela en la que él la besó por primera vez. ¿O fue ella? Bueno, diremos que se besaron y que sean ellos quiénes sigan intentando resolver ese problema.

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