lunes, 21 de mayo de 2018

La poesía nos hará.



"Ven a dormir conmigo. No haremos el amor: él nos hará."
Cortázar. 


Me gusta mucho escuchar de los distintos tipos de procesos creativos de los poetas. Mi favorito es el de Gloria Fuertes. Gloria escribía en cuadernos. Luego evaluaba las poesías con ceros: cuantos más ceros, mejor era la poesía a su modo de ver (qué especial era Gloria). Finalmente, las pasaba a máquina, casi sin tocar nada, porque la poesía era así, como le salía. La poesía la hacía a ella y ella se dejaba hacer, supongo.

Quizá me gusta tanto porque me reconozco en su manera de crear. Otros poetas escriben los poemas y los olvidan. Vuelven a ellos con ojos extraños y, entonces, moldean esa primera materia hasta convertirla en algo que consideran digno. A veces, incluso, vuelven a olvidar. De tal forma que un poemario puede tratar años y años en gestarse y la obra inicial puede parecerse bien poco a lo que queda al final.

Últimamente me ha pasado una cosa curiosa. Empecé a trabajar en un poemario para presentarlo a algún concurso. La idea inicial estaba clara, tenía hasta el título, así que seleccioné de entre mis poemas aquellos que se ajustaban  a esa idea. El poemario estaba prácticamente montado. Pero entonces escribí un poema. Fue un domingo por la mañana. Estaba en el sofá, entraba un montón de claridad por la ventana y el cuerpo me pedía escribir. El poema salió el tirón. Y ese poema, que no iba a entrar en el poemario, cambió todo el concepto. Cambió el título, cambió la idea. Todo. Cuando volví al él, este se estructuró en tres partes, los poemas se ordenaron solos, comenzaron a contar una única historia. Todo eso ocurrió en muy poco tiempo, me puse a trabajar de una manera frenética. Y cuando acabé me di cuenta de que el poemario estaba acabado, de que era así como tenía que ser. Qué sensación más rara y más curiosa. Era como si se hubiese hecho a sí mismo a través de mí. 

Pues bien, ya queda poco. Pronto lo acabaré. Solo me queda echarle un último vistazo y arriesgarme. Quiero mandarlo a un concurso que termina a finales de junio. Sé que no tengo posibilidades, pero me gusta lo que he hecho. O lo que se ha hecho. O yo qué sé. 

Deseadme suerte. Siempre estaría bien sacar algo más que esta satisfacción. Pero la sensación de la poesía fluyendo a través de mí es recompensa suficiente. 

Ojalá la poesía siga haciéndome siempre. 

miércoles, 16 de mayo de 2018

Déjà vu

Esto ya lo he vivido otras veces. Bastantes a decir verdad. Debería intentar ilusionarme menos o, si soy incapaz, dejar de intentarlo.

Hace poco presenté un poema a un concurso. Era un concurso local. aunque Córdoba es grande, no sé, era un concurso destinado solo a jóvenes, y bueno, tenía puestas algunas esperanzas en él. No esperaba ganar, pero no sé, quizá ser finalista... El poema me gustaba mucho, creo que es bastante bueno, no sé. La cosa es que hoy ha salido el fallo del jurado y bueno, nada. Como siempre. Mentiría si dijese que me da igual, que no me ha afectado. Mentiría como una bellaca. Y no soy de mentir.

Estoy trabajando en un poemario para presentarlo a un concurso. Ya tenía candidato. Un concurso, también local, con un premio no demasiado grande. Algo que consideraba a mi alcance. Pero ahora mismo, la verdad, tengo las ganas bajo mínimos. Lo haré, supongo, acabaré de corregir y organizar los poemas, los imprimiré por triplicado y los mandaré con ninguna esperanza. Y probablemente después llegue una sequía grande en eso de enseñar mis poemas. Ya me ha pasado otras veces.

En fin.

Cómo me gustaría ser de otra manera.

viernes, 11 de mayo de 2018

"Siempre busqué el valor en los brazos del miedo".

La cita es de Ángeles Mora. La encontré ayer, al principio de un poema sobre los veranos de su infancia, sobre la parálisis que la invadía antes de hacer algo arriesgado y sobre cómo, a pesar de todo, lo hacía.

Conozco esa sensación. Siempre digo que no soy una persona valiente, pero aquí estoy, viviendo sola, a bastantes kilómetros de mi familia, ante una incertidumbre vital brutal (no todo es la economía, por si pensáis que va por ahí), intentando encontrar mi sitio en el mundo. Y todo esto lo he hecho "sola" (la gente que hay alrededor influye, facilita o dificulta, pero en esencia, estoy aquí por mis santos ovarios y mi voluntad). Eso sí, lo he hecho muerta de miedo. Pero lo he hecho.

Reconozco también esa actitud, esa sensación, en un buen amigo. Estamos, salvando unas cuantas distancias, en momentos vitales un poco parecidos. En algunas cosas yo voy un pelín por delante, ya he encontrado ese valor en los brazos del miedo, así que intento tranquilizarlo y decirle que no va a ser para tanto, que se sobrevive. No funciona, por supuesto. Hasta que no lo consigues no te crees que podías. Hasta que no superas el miedo no te ves capaz.

Pero lo valoro mucho. Me gusta la gente que busca el valor en los brazos del miedo. Me impresiona esa gente que todos creen que es cobarde, que se ve a sí misma como cobarde, pero que, a pesar de todo, se enfrenta a los miedos sintiéndose torpe, insuficiente, incapaz. La gente que coge aire y salta. Y avanza con las piernas temblorosas.


Sí, los que buscan el valor en los brazos del miedo.

sábado, 5 de mayo de 2018

Mi tierra.

El otro día andaba yo hablando con un amigo, si se puede llamar a lo que hacíamos hablar, sobre el flamenco, concretamente sobre las sevillanas. La Feria de Córdoba está cerca y yo ya empiezo con mi repaso de las sevillanas. No sabéis lo muchísimo que me gusta ser capaz de bailarlas, sabiendo que he aprendido yo sola, que conseguí defenderme practicando conmigo misma. Siento mucha satisfacción cuando consigo algo por mí misma, pero si encima lo que hago es algo bonito y, si encima, implica coordinación física, pues ya es la monda.

Es que estoy, de nuevo, flipada con las sevillanas. Sé que esto es un pensamiento puramente "guiri", pero no veáis lo bonito que es ver el montón de faldas y volantes de distintos colores moviéndose a la vez, girando al tiempo en una caseta de feria (o donde sea). Lo que no esperaba yo es que las sevillanas pudiesen ser tan sensuales como un tango. Y el otro día, de casualidad, llegué a este vídeo y comprobé que sí, que pueden serlo...


Así que, como decía, estoy a tope con las sevillanas. Mi amigo dice que el flamenco es una tortura del infierno y yo, evidentemente, no le puedo dar la razón. Ya me atraía el flamenco antes de venir a Andalucía, ya me movía por dentro. Así que no le podía dejar salirse con la suya.

En un determinado momento me dijo que no tendría que ponerme así por todo esto, que no era mi tierra. Que podría ofenderme si se metiese con la música y los bailes típicos de "gañanlandia", que no tenía ni idea de cuáles son. Yo me reí, pero le contesté, muy seria, que Córdoba también era mi tierra.

Así lo siento y, por tanto, así es. No soy una persona con una vida exótica: apenas he viajado y no he vivido muchas aventuras. Sin embargo, desde bien jovencita (salí con 18 años de casa) he tenido la oportunidad de vivir en tres lugares distintos. Pueden no parecer muchos, pero eso me ha dado la perspectiva necesaria para distinguir y apreciar las distintas idiosincrasias de los lugares en los que he habitado. De mi Cuenca natal a Valencia no noté tanta diferencia, a decir verdad. Quizá porque en Valencia hay mucho manchego emigrado, no sé. Pero para mí cruzar Despeñaperros y venirme al sur está siendo toda una experiencia y un descubrimiento. 

Si las difrerencias son grandes o pequeñas no es lo más importante, claro. Lo importante es que de cada uno de los lugares en los que he vivido me llevo algo y los siento parte de mí. Me gusta ver imágenes de mis sitios favoritos de Valencia. Me gusta reconocer las calles en televisión. Me enorgullezco de hablar del lugar que me vio nacer y crecer (con sus luces y sombras, para eso lo conozco bien) y ahora me llena de felicidad poder sentirme parte de Córdoba y de Andalucía.

No soy demasiado patriotera, ni echo raíces (la vida no me ha dejado hasta ahora), pero siempre llevo conmigo el polvo de los lugares donde he reposado, formando parte de lo que soy. Y eso me encanta.


Patrias

Tengo muchas patrias.
Soy del pecho de mi madre
y del ladrillo
en el que cada noche
descansan mis zapatos.
Soy de donde están
los que me quieren
y de dondequiera
que haya un libro.
Nací entre llanuras
de polvo y ocre
pero me siento de cualquier lecho
en el que se me haya abrazado.
Hoy habito aquí,
me alimento aquí,
me enamoro aquí
y la vida se me escapa
aquí.
Y aquí sumo otra patria.
Tengo muchas patrias, sí,
mas no bordaré banderas
ni compondré himnos.
A nadie le lanzaré
mis patrias a la cara,
ni por su causa
correrá sangre.
Mis patrias son pequeñas,
rincones en los que dormir desnuda,
donde venir a llorar
o a reír como una loca.
Son mis patrias solo mías,
limitan en cada costado con instantes
que traje de las murallas de mi vida.
Aun así, en mis patrias cabe
todo el mundo,
y de todo el mundo
haré patria:
siempre he deseado vivir
con el espíritu despatarrado.


(en Qurtuba)
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