lunes, 29 de agosto de 2016

Me'n vaig a peu

Que no, que es broma. ¿Cómo me voy a ir a pie a Andalucía? Es un camino muy largo como para ir andando. Pero me voy. Eso sí es cierto. Mañana mismo. 

Tengo una sensación rara. El verano se me ha hecho largo y corto a la vez. Se me ha pasado rápido, si miro atrás, pero también es cierto que creo que he hecho bastantes cosas, que ha sido un verano productivo. La cuestión es que septiembre ya está ahí y que el día 1 empiezo a trabajar otra vez. Y no solo a trabajar. Empiezo mi nueva vida.

Sé que repito mucho eso, pero es que es cierto. Cambio de ciudad, vivir sola (nunca he vivido sola, siempre he compartido piso o he vivido en pareja), acostumbrarme a las rutinas de nuevo, a "llevar una casa". Son muchos cambios y sé que me va a costar un poco, pero lo voy a hacer con alegría, lo prometo. 

Tengo ganas, la verdad es que sí. Tengo muchísimas ganas. Y me marcho mañana. Ya no falta nada. Casi nada. Y el día no se me está haciendo tan largo como esperaba. 

En fin, ¡decidme adiós! Nos vemos en unos días. Estaré un tiempo sin Internet (no sé cuanto), pero supongo que podréis leerme en Twitter, sobre todo. 

No me echéis mucho de menos.


viernes, 26 de agosto de 2016

Deja que te mate.



Hoy, podcast, porque estoy vaga y no me apetece escribir, ea.



¡Disfrutad, si podéis! XD


jueves, 25 de agosto de 2016

Soledad esencial.

Hoy me he levantado así, un poco pchí-pchá. Llevo unos días así, es cierto. Pero hoy además me he levantado como con ansiedad. No una ansiedad de ataque, sino más como una presión en el pecho que no se va. Necesito llorarla como toca, pero no me sale. (Dónde narices está Call the Midwife cuando se la necesita...)

Cuando me encuentro así suelo ponerme introspectiva: ¿Qué te pasa? ¿Por qué te sientes así? ¿Qué puedes hacer para mejorarlo? La verdad es que los pobres psicólogos, conmigo, se arruinaban. Tal es el desprecio que tengo por mi salud mental. Será porque la doy por imposible. 

Pues bien, mientras me hallaba en modo introspectivo se me ha ocurrido un pensamiento sobre mí misma (y sobre alguna persona más que conozco un poco) y he tenido la necesidad de compartirlo. O de gritarlo en el desierto y contra el viento. Y como aquí no hay desierto, ni viento, pues lo he puesto en Twitter.



Después he dicho que lo desarrollaría en mi diario, porque para qué torturar al personal. Pero bueno, como este es mi blog y me lo follo como quiero (perdón por la expresión, me estoy volviendo muy malhablada), pues lo voy a poner aquí. 

¿Cuál es el impulso de la gente que me aprecia ante este tipo de declaraciones? Intentar consolarme. "No estás sola", "Eres una persona muy agradable", "Hay mucha gente que te quiere" (bueno, no tanta, pero doy gracias por cada uno de ellos), "Alguien como tú nunca estará solo"... He recibido un mensaje directo en Twitter diciéndome que si alguien como yo se sentía sola, es que el mundo es muy injusto. Esta persona hacía referencia a una idiotez que se me ocurrió ayer: lancé un tuit diciendo que todo aquel que necesitase que le dijesen algo bonito diese a "me gusta", y que yo le diría algo agradable. Una especie de "abrazos gratis" twittero. Y a algunas personas les gustó, y les alegró un poquito el día. "No puede ser que alguien que tiene palabras bonitas para la gente se sienta como te sientes tú", me ha dicho. 

Aprecio, todo sea dicho, que no haya puesto en duda mis sentimientos o mis razones. Ha sido muy respetuosa. Gracias.

Y sí, sí se puede. No pasa nada. No necesito consuelo, porque lo tengo asumido (casi). No es que nadie me quiera, ni mucho menos. Ahora me siento muy querida. Mis amigas, por ejemplo, con las que siempre he tenido una relación bastante distendida, han demostrado que están ahí en los momentos difíciles. Y gente con la que no he compartido más que palabras a través de una pantalla ha sido de gran ayuda a veces para sacar mi mierda, para hablar cuando lo he necesitado y he querido. Hay gente que se preocupa por mí, mucho, y a la que, en ese sentido, siento cercana. No estoy sola en el mundo. Pero es que tampoco es eso a lo que me refería.

Creo que hay personas que experimentan (experimentamos) cierto tipo de soledad esencial. Podemos estar rodeados de gente, y divertirnos, y compartir, e incluso conectar con esas personas. Podemos alcanzar niveles de intimidad muy profundos con algunas personas, no somos incapaces de ello. Y, a pesar de todo, siempre queda un reducto inalcanzable, una especie de fortaleza incomunicable, incompartible, siempre aislada del exterior. Y no es culpa de nadie, pero si depende de alguien que eso sea así, es de nosotros. Mantenemos así esa fortaleza porque albergamos la certeza de que la conexión es imposible. Pero tampoco es una manía, ni un abuso de drama: tengo la certeza de que nunca, nadie, va a llegar a comprenderme del todo, de que lo que hay ahí, en ese rincón de mi ser, no va a ser entendido por nadie. Lo estimarán ridículo, u oscuro, o extraño o irrelevante. O simplemente incomprensible. Y, por qué no decirlo, también es porque no quiero molestar. ¿Para qué preocupar a alguien que me aprecia con algo que, al final, sentiré que no ha comprendido? Porque a lo mejor es eso, una cuestión de percepción. Ni idea. Pero el caso es que así lo siento. Y si lo siento así poco puede hacerse.

He de reconocer, sin embargo, que en ocasiones he creído no estar sola en este sentido. Ha habido algún momento de mi vida en el que me he sentido plenamente comprendida. Solo me ha pasado con una persona y ahora dudo de si era así. Pero lo cierto es que en ciertos momentos sí, me sentí comprendida y acompañada. Y no me sentí sola en absoluto. 

Me diréis que puede volver a pasar. Bueno, no diré que no, pero lo dudo. Y, en cualquier caso, fueron paréntesis concretos. Hoy por hoy sigo convencida de que hay cierto tipo de personas que, cuando se miran bien dentro, se dan cuenta de que están con un pie fuera del mundo y de que, por mucho que los quieran, por fuerte que los abracen, por muy intensamente que se entreguen, estarán (o se sentirán, no sé) siempre, esencialmente solos. Y de que yo soy una de ellas. 


miércoles, 24 de agosto de 2016

Libro: Instrumental, de James Rhodes.


Este libro me venía RECOMENDADÍSIMO. Una de las recomendaciones que más tuve en cuenta fue la de Ro, porque le tengo ley, y porque cuando ella dice que algo me va a gustar, tengo que confiar en que así será. ¿Habrá acertado esta vez? Vamos a ver.

¿De qué va el libro?

Instrumental es la autobiografía de James Rhodes. En él relata su experiencia vital, marcada por los abusos sexuales que sufrió cuando era niño y por su pasión por la música. Las consecuencias de esos abusos se sienten, como no podía ser de otra manera, a lo largo de toda su vida. Las consecuencias de su pasión por la música, también. 

Hablando del libro...

Había leído reseñas muy dispares de este libro. Podían agruparse en dos categorías, básicamente: 

1.- Es un libro genial, apasionado, honesto, brutal, doloroso, que merece la pena. Un libro que hay que leer, sí o sí. 

2.- Es un libro autocompasivo, el autor se revuelca constantemente en su propia mierda, una vez leídas las primeras páginas no aporta nada nuevo. Prescindible y sobrevalorado.

Yo estoy en el primer grupo, con matices. A ver, a mí el libro no me ha cambiado la vida, como aseguraban algunos lectores, pero sí, reconozco que es un libro interesante, apasionado y honesto. De hecho, creo que parte de esa honestidad es la que provoca que algunos lectores le cojan tirria. El libro es un larguísimo monólogo de James Rhodes, y si James Rhodes no te cae bien, pues supongo que la lectura se hará cuesta arriba. A mí me ha caído bien: creo que el tipo se presenta sin maquillaje ante la gente. Está jodido, sí, y eso se nota. Y sí, a veces es un poco maniático, "victimista" (con muchas comillas: alguien a quien han violado repetidamente cuando era niño tiene derecho al victimismo; lo que quiero decir es que a veces se regodea en ello, pero es que, a ver, lo violaron cuando era niño), pesimista, negativo, obsesivo, narcisista... Pero él lo dice. No lo oculta. Creo que se describe con sinceridad (a veces incluso con brutalidad), y yo no puedo más que aplaudirle. Yo no sería capaz. 

Pero además, es un libro apasionado, porque James Rhodes es una persona apasionada. Al menos en lo que respecta a la música, y esa pasión te llega. Yo no soy una gran entendida en lo que a música clásica respecta (no soy una gran entendida en lo que respecta a la música en general), pero la disfruto. Por eso me ha gustado TANTO el planteamiento de Rhodes: disfruta de la música, vive la música, escúchala sin complejos, pásate las convenciones por el forro de los cojones, y perdón por la expresión (o no). Que le den a los conciertos de estirados, a los programas escritos por catedráticos. La música clásica puede vivirse de otra manera, en vaqueros y deportivas y sin conocimientos previos. 


Pero Rhodes no solo habla de música. Habla de abusos sexuales (evidentemente, han marcado su vida), pero yo no quiero entrar en ese tema. ¿Qué se puede comentar? Nada. Solo que da miedo cómo un niño con unos padres amantes y atentos pudo pasar por eso sin que nadie se diese cuenta (o casi nadie) y sin que nadie hiciese nada. Es que a ver... Es aterrador. ¿Cuántos niños y niñas pueden estar pasando por algo así sin que nadie se dé cuenta? Me pone todos los pelos del cuerpo de punta. 

Y, además, habla de amor. Mirad, me he quedado yo con esa parte, que seguramente no es la más interesante del libro, pero me ha llamado la atención. Quizá porque estoy bastante en desacuerdo con algunas de las cosas que dice y muy de acuerdo con otras. James desgrana, a lo largo del libro, pero, sobre todo, hacia el final, diversos consejos sobre cómo ha de vivirse el amor. También pone por escrito algunas convicciones suyas al respecto. Y bueno, como he dicho, en algunas cosas discrepo muchísimo y en otras coincido una barbaridad.  Os dejo un par de tuits con fragmentos del libro que hablan de esto.




Ains.

Además, no quiero acabar este post sin recalcar lo maravillosa que es la edición de Blackie Books, como todas las que hace. Da gusto leer libros de esta editorial.

¡Ah! Y que sepáis que el libro tiene una playlist en Spotify. Cada capítulo comienza con una pieza de música clásica y una breve explicación sobre ella. Pues todas ellas están recogidas en la playlist y he de decir que leer el libro mientras escuchas la música es toda una experiencia. Genial, vaya.

¿Lo recomiendo? Pues sí. Puede ser que caigáis en el otro grupo y no os guste, pero merece la pena el intento, creo.

Os dejo un trocito...

"Qué espantoso es tener una pasión que dicta cada segundo de tu vida y carecer de la valentía moral para desarrollarla".


Breve, pero intenso, ¿eh?

En resumen, este libro...

He dudado si le ponía el "me encanta", pero bueno... Ahí va.

Ahora voy a seguir releyendo Sandman porque sí. No creo que me dé tiempo a acabar la relectura antes de marcharme, pero necesito leer Sandman because of reasons. Así que nada, ahí estaremos. Y después, pues ya veré.

Bueno, ¿habéis leído Instrumental? ¿Os llama la atención?




Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...