jueves, 14 de diciembre de 2017

No nos vemos.

El otro día vi en Twitter una iniciativa llamada "Positivity Challenge". Consistía en poner una foto en tu TL con las instrucciones del reto, a saber: dejar la imagen una hora para que tus seguidores pusiesen algo bueno sobre ti, algo amable. Lo vi en el perfil de una amiga y solo yo le di una respuesta. Después, por curiosidad, lo puse yo. Pasó la hora y no había recibido ninguna respuesta.

No me lo tomo a la tremenda. Evidentemente, hay gente que me quiere, o eso quiero pensar, y gente que me valora, o eso parece :P Pero me resulta curioso que en una red social en la que se dicen montones de banalidades por minuto nadie tuviese unos segundos para decir algo bonito de mi amiga o de mí.

Quizá sea que estoy susceptible con el tema, pero últimamente tengo la sensación de que no nos vemos. De que compartimos nuestra vida con personas transparentes. En el trabajo, en clase, en los comercios, e incluso entre nuestros amigos. Pasamos tiempo con personas (mucho o poco) y rara vez nos detenemos a apreciarlas seriamente, a apreciar sus virtudes, a agradecer lo que aportan a nuestra vida. Y, cuando lo hacemos, no solemos decirlo. ¿Por qué?

Hace ya algunos meses yo misma inicié algo así como el Positivity Challenge. Toda persona que hiciese fav en un determinado tuit, recibiría un comentario amable por mi parte. Fue fácil con los seguidores con los que interactúo normalmente, pero también hubo gente a la que no conocía de nada. Pues bien, miré un poco su perfil y busqué algo amable que decirles, aunque fuese superficial, pero era algo amable. No sé, pensad en cuántas cosas amables os dicen al cabo del día.

No sé, nunca me había imaginado a mí misma en esta situación, en plan "amaos los unos a los otros", "decíos cosas bonitas". Es muy poco mi rollo, la verdad. Pero bueno, ahí estamos. Últimamente estoy interpretando tantos papeles que no creía que me quedasen bien que, por uno más, no creo que pase nada.

En fin... QUE OS DIGÁIS COSAS BONITAS, LEÑE.

Sí, así mejor. Más mi estilo.

martes, 12 de diciembre de 2017

Miradas.


Ya solo quiero que me mires
como ahora:
como el sediento que contempla
 un oasis,
como el ateo que presencia
un milagro,
como el avaro que encuentra
una moneda,
como un joven a su amor
primero.

Mírame así,
como si yo fuera imposible,
como si estuviese prohibida,
como si no me viese nadie
y mi existencia
radicase en el reflejo
de tus ojos.

Y si algún día sientes
que vas a mirarme de otro modo
aléjate, y no sientas culpa.

Si no vas a mirarme como ahora
no me mires, amor.
Cierra los ojos.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Dentro.

Hace ya algún tiempo que no publico nada así que hoy, que me siento un poco vacía y extraña, me he decidido a llenar espacio aquí. Son poemas, que ya tengo escritos, pero, al menos, esto se mueve un poco. No sé, nunca he sido muy de horror vacui, pero ahora, a estas alturas, parece que me entra...




Dentro de mi piel me quedo:
fuera no hay nada.

Dejadme aquí, en mi silencio,
donde nada me perturba,
donde la lluvia y el trueno no llegan.
Dejadme sola.

No queda espacio en el mundo
en que quepa entera.

Aquí, en mi piel me quedo,
nada hay para mí fuera.

Nada soy, nada tengo,
afuera nadie me espera,
en el mundo a nadie intereso
y la soledad me consuela.

Mas, si acaso me equivoco
y mi ausencia te atormenta
no lo dudes, te lo ruego:
ábreme la piel y entra.



sábado, 25 de noviembre de 2017

Libro: Los santos inocentes, de Miguel Delibes.



Me apetecía leer algo cortito antes de ponerme con un libro más extenso y recordé que tenía pendiente este clásico. Lo empecé y, para lo lento que estoy leyendo, me lo he devorado. Os hablo un poco de él.

¿De qué va el libro?

El libro narra escenas cotidianas de varios "empleados" de un cortijo extremeño y sus familiares, así como de la relación de estos con sus señores en los años 60. Uso las comillas en empleados con toda la intención: no son empleados, sino siervos.

Hablando del libro...

Se trata de una novela breve, de estilo y argumento sencillo, pero estremecedora. Los santos inocentes es sencilla, transparente, y a lo largo de su narrativa se ve la mierda tan grande que ha sido este país y que, en buena medida, sigue siendo. La vida de estas personas sencillas ha sido la vida de mis abuelos y, en parte, la de mi padre.  No os exagero si os digo que he leído la novela con los puños y los dientes apretados y esforzándome porque la bilis no se me desbocase. Cuánta rabia, señor, cuánta rabia.

Evidentemente, la novela es una ficción, pero cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia, sino totalmente intencionado. Así se vivía en el campo durante la posguerra y, aún hoy, pervive buena parte de ese servilismo de unos y ese despotismo de otros en el medio rural, y no os lo cuento de oídas, sino porque lo he vivido en primera persona.

La novela me ha provocado una sensación de angustia, rabia, pena, indignación, todo mezclado, que me ha resultado difícil controlar. Por supuesto, la historia, los hechos narrados, tienen buena parte de la responsabilidad de ese sentimiento, pero también hay que señalar el estilo en el que está escrita: un estilo indirecto libre (no sé si es el término correcto, lo recuerdo vagamente del instituto xD) en el que las palabras de los personajes están insertas en la narración, sin marcas, sin indicaciones, sin guiones. Esto, al menos a mí, me ha provocado una sensación de lectura atropellada, ansiosa.

Lo cierto es que podría seguir hablando del libro HORAS, pero tendría que meterme en el argumento y tampoco quiero hacerlo. Solo os diré que en los últimos días me he abrazado fuerte al recuerdo de este libro y, con él, a mi herencia, y que me he sentido indignada, triste y rabiosa porque todavía hay muchos que se creen por encima del resto, por estatus, estudios, procedencia, lengua... Y parece que no aprendemos.

Os lo recomiendo mucho, muchísimo, y si no se os revuelven las entrañas, preguntaos por qué.

Os dejo un trocito...

[...]la culpa de todo la tiene este dichoso Concilio,
y algún invitado cesaba de comer y le miraba fijo, como interrogándole, y, entonces, el señorito Iván se consideraba en el deber de explicar,
las ideas de esta gente, se obstinan en que se les trate como a personas y eso no puede ser, vosotros lo estáis viendo, pero la culpa no la tienen ellos, la culpa la tiene ese dichoso Concilio que les malmete, [...]

En resumen este libro...


Ahora creo que empezaré a leer Philomena, ya que lo compré en papel. O quizá acabe de Platón a Batman, que lo tengo ya empezado una temporadita XD :P



miércoles, 22 de noviembre de 2017

Retratos a tiza (VII): Diversxs.

Mi profesión es complicada, porque se lidia con sensibilidades muy distintas y, ya se sabe, los adolescentes no tienen filtro (generalmente). Pero, además, mis asignaturas suelen prestarse a pisar callos con más frecuencia que otras. Educación para la Ciudadanía y Valores éticos son materias que, pese a contar con una hora lectiva semanal, tocan temas peliagudos y que requieren mucha más profundidad que la que ese tiempo prestado nos permite.

Los temas peliagudos salen. Bien porque la materia los requiere, bien porque el alumnado, haciendo relaciones de ideas, va de una cosa a otra y acaba llegando a ellos. Y ojo: con temas peliagudos me refiero a violencia de género y maltrato, inmigración, igualdad de oportunidades, discriminación, homofobia... Nada del otro mundo, a mi modo de ver. Pero cada niño viene de un contexto y bueno... Hay cosas que por muy de justicia que sean, no entran en sus cabezas. El año pasado tuve unas cuantas clases llenas de amargura porque mis chicos y chicas no entendían que NO ESTÁ BIEN que tu novio controle cómo te vistes. Tal cual.

Así que esa certeza sí la tengo: van a salir temas difíciles. Lo que no sé es cuál va a ser el escenario, la reacción. En el mejor de los casos se requiere un poco de mano izquierda y capacidad de sosegar los ánimos. En el peor, un lanzallamas y una caja de tranquilizantes para después. Este año, gracias a todos los dioses, estoy teniendo mucho de lo primero y nada -de momento- de lo segundo. Y es que tengo niños curiosos, abiertos, respetuosos. Y, además, tengo niños y niñas valientes.





Ella ya tiene 16 años. Está repitiendo cuarto y apenas hablaba. Le gusta dibujar, pero las palabras no son lo suyo. Recuerdo cómo celebré la primera vez que intervino en clase. Bajó la mirada ante tanto entusiasmo y, estoy segura, pensó que estaba algo loca (lo cual no tiene por qué ser un error). El otro día hablábamos de discriminación y de cómo es nuestra responsabilidad visibilizar la diversidad.

-Por eso yo, cuando os pongo un ejemplo, suelo deciros: "Porque si te echas novio, o novia...", ¿os habéis dado cuenta?

Un chico me dijo que eso no era necesario, que una persona gay no se iba a ofender porque entendía que si yo ponía un ejemplo heterosexual no era por discriminación, sino porque era lo normal. Entonces ella levantó la mano.

-No es así. Yo soy bisexual y...

Lo dijo, así, con toda la naturalidad y creo que con el volumen más alto que le he escuchado. "Soy bisexual". El tiempo se paró. Para ellos no, para mí. Se me paró el corazoncito. Recé internamente que nadie dijese una barbaridad. No pasó. Ella continuó hablando.

-...cuando no lo tenía claro no entendía que eso podía ocurrir, creía que la única manera de ser correcta era ser heterosexual o gay, pero que me gustasen los dos sexos no me parecía una opción, creía que tenía que aclararme, decidirme. Lo pasé mal. Por eso hay que hablar de estas cosas en clase.

Pues nada, mientras se pueda, hablaremos.





Él -utilizo este pronombre porque, de momento, es el que él utiliza- es particular, especial en muchos sentidos. Me di cuenta el primer día y lo he ido confirmando poco a poco. Mientras hablábamos de casos de discriminación que habíamos visto o sufrido. él dijo que se había sentido discriminado por varias razones y, una de ellas, fue la de no ser una persona fácilmente clasificable en cuanto al género.

-Soy un chico con muchos rasgos femeninos y eso hay gente a la que le molesta.

Entonces uno de sus compañeros, que es muy curioso y muy inocente, le preguntó sin malicia:

-Pero tú, ¿qué te sientes?

Me apresuré a ponerme en posición de ataque para parar un posible conflicto. Creo que el alumno que preguntó lo detectó, porque añadió inmediatamente:

-Que lo pregunto por curiosidad, nada más.

Mi otro alumno contestó con una serenidad pasmosa y una educación apabullante:

-Pues, la verdad, no te puedo responder. Si tuviésemos más tiempo a lo mejor podría intentar explicártelo, pero es que hasta para mí es muy difícil. No puedo darte una respuesta corta.

Me quedé esperando la repregunta, porque este alumno es de los que no se conforma con cualquier respuesta (y bravo por él), pero no la hubo. Se encogió de hombros y dijo:

-Ah. Vale. Gracias por responderme.

Y se dio la vuelta, sin más. No hubo bajas ni heridos.


De verdad que este curso me están pasando algunas cosas que no me creo...


martes, 21 de noviembre de 2017

Hacer amigos.

Hoy me han dicho que necesito hacer amigos. Necesito gente con la que quedar, cuando apetezca, a tomar un café, y a la que contarle mis cosas. Amigos propios con los que sentirme a gusto.

Lo intenté. El año pasado, a estas alturas, lo estaba intentando. Miré páginas web, aplicaciones móviles, grupos... Miré muchas cosas. Y no salió bien.

No salió bien por varias cosas. La primera es que parece que el fin más popular con el que relacionarse con otras personas es el sexo. Y bueno, ahora mismo no estoy interesada. Hay muchísimas aplicaciones para quedar y acostarse con gente, pero no tantas para quedar y tomarse un café sin más pretensiones. De hecho, algunas de ellas se venden como eso: aplicaciones para conocer gente, en general. No os engañéis, todo el mundo activo allí busca sexo o una relación romántica. Los que no salimos de allí por piernas al tercer intento, si no antes.

Y luego está que yo soy es-pe-cia-li-ta. Y utilizo el diminutivo con toda la intención: soy especial en su acepción más negativa: rara, difícil. No soy de esas personas que sale y toma un café y habla de cosas superficiales con cualquiera. Quizá sea porque, en esencia, soy introvertida, y el esfuerzo que invierto en relacionarme con alguien tiene que aportarme algo valioso, tiene que compensarme.

Hubo algún intento de acercamiento. Hablé con algún chico, hasta que descubrí que las intenciones no eran tan desinteresadas, y con alguna chica. En el caso de las chicas (dos) pronto acabé dándome cuenta de que la cosa no iba a cuajar. También albergué algunas esperanzas cuando, también a estas alturas, quedé con un grupo de participantes en el NaNoWriMo, pero luego eso tampoco ha seguido mucho después. Éramos pocos y cada uno tenía sus mierdas, así que...

Total, en resumen, que soy lo peor haciendo amigos. Soy reservada, rara, difícil. Por suerte cuento con algún amigo, pero todos en la distancia. Y Córdoba es una ciudad muy pequeña y puede que ya conozca a los mejores entre sus habitantes :P. Así que no sé. Supongo que me quedaré sin amigos propios. Al menos de momento.

De momento, y en un titánico esfuerzo por superar esta incapacidad mía, he quedado para comer este viernes con una compañera de trabajo. A ver qué tal.

Se admiten consejos y, si eres de Córdoba, propuestas decentes. Gracias.


sábado, 18 de noviembre de 2017

Libro: Siempre tuyo, de Daniel Glattauer.




Hace un par de semanas conseguí este libro en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión por 3 euritos de nada. De Daniel Glattauer ya he leído 3 títulos: La huella de un beso, Contra el viento del norte y Cada siete olas, y los tres me gustaron muchísimo. Por eso no me lo pensé y me cogí uno. Ya lo he acabado, lo cual, para lo lento que estoy leyendo yo últimamente, es todo un logro.

¿De qué va el libro?

Judith está soltera y acostumbrada a su soltería aunque, evidentemente, se siente un poco fuera de lugar en un universo lleno de parejas. Entonces se cruza, por accidente, con Hannes, el cual queda prendado de ella. Hannes es el hombre perfecto, el novio perfecto, el yerno perfecto, el cuñado perfecto, el amigo perfecto. Hannes es perfecto, a secas. Entonces, ¿por qué Judith no está perfectamente feliz?


Hablando del libro...

 Lo he pasado verdaderamente mal leyendo este libro, os lo prometo. Los otros libros de Glattauer que he leído eran libros románticos maravillosos, que disfruté una barbaridad. Este, en cambio, ha llegado a hacerme temblar (literalmente) de angustia. Es acojonante cómo este hombre juega con los sentimientos del lector. Magistral, de verdad.

También es cierto que a lo mejor este libro es fácil que me afectase a mí, por circunstancias personales. Pero, de verdad, muy, muy recomendable.

Si no has leído el libro y te puede interesar leerlo, te recomendaría que no siguieses leyendo, porque es mejor leer el libro sin prejuicios ni ideas preconcebidas. Además, esta lectura ha sido un poco dura para mí y voy a comentar algunas cosas de manera bastante explícita, porque lo necesito.

Como decía, Judith conoce a Hannes por accidente, cuando él le pisa un talón en el supermercado. A partir de ese momento Hannes parece aparecerse en todas partes. Un día le pide una cita y ella accede, más por quitárselo de encima que por otra cosa, porque Hannes no le gusta nada, pero, a raíz de esa primera cita, las cosas empiezan a cambiar: Hannes la idolatra, está loco por ella, y el ego de Judith lo agradece. Así que, ¿por qué no darle una oportunidad?

Hannes y Judith comienzan una relación bastante agradable, llena de romanticismo, de momentos de quererse intensamente cuando están juntos y de echarse muy fuerte de menos cuando están separados. Pero, poco a poco, la relación comienza a tomar un cariz más serio y Judith se agobia y decide dejarlo. Y, claro, Hannes no se lo toma bien.

Empieza entonces una situación de acoso en la que Glattauer maneja la narración de una manera genial. Al principio alguien puede creer que son reacciones normales de alguien muy enamorado que está llevando mal la ruptura (yo no, porque bueno, cosas), pero poco a poco se crea un clima opresivo en el que se entiende que Judith esté nerviosa, asustada, paranoica... ¿Paranoica? Sí, Glattauer consigue confundir al lector: ¿es Hannes un acosador o Judith está loca? Porque, para todo el mundo, parece que lo bueno es la segunda opción. Todos los amigos y familia de Judith la dan de lado porque ¿cómo puede no querer a Hannes? ¡Si es perfecto! Ella es una persona mala, que quiere victimizarse después de haberle roto el corazón a un hombre que es un trozo de pan. 

He de reconocer que el final me ha gustado menos, me habría gustado otro desenlace y otro mensaje. Pero bueno. También creo que es un poco precipitado. Pero lo que ha sido la lectura del libro, su desarrollo, me ha tenido totalmente enganchada y, como ya he dicho, bastante afectada. En serio: me ha gustado muchísimo y os lo recomiendo con todas mis fuerzas. 

Os dejo un trocito...

Ella contuvo los sollozos lo mejor que pudo. Solo faltaba soportar unas horas más aquella espantosa falta de libertad de movimientos pasando desapercibida. Pero después de Venecia debía acabarse de inmediato. Tenía que decírselo. Es más: tenía que decírselo de modo tal que él lo entendiera. Tenía que separarse de él en buenos términos. Solo pensarlo le daba miedo.


Recuerda: si tu pareja te da miedo en cualquier aspecto, aunque sea en lo que puede pasarle si lo dejas, MAL. 

En resumen, este libro...


Ahora empezaré a leer Los santos inocentes, de Miguel Delibes. A ver qué tal. 






viernes, 17 de noviembre de 2017

La Calleja de la Luna.


En este último año y pico estoy volviendo a escribir poesía con cierta regularidad. Le echo la culpa, entre otras cosas, a Córdoba. Tengo en mis cuadernos bastantes poemas dedicados a esta ciudad, inspirados por sus rincones, por sus costumbres, por su olor... No le hacen justicia, desde luego. 

Este poema lo escribí un día que decidí salir a pasear por la judería. Tras recorrer varias callejuelas acabé por sentarme en los escalones de la Mezquita para escribir algo. Es un poema que creo que está sin acabar, pero me parece que así se queda. Que cada quien se imagine el final. Al fin y al cabo, Córdoba me parece una ciudad llena de misterio. Está bien dejar alguno escondido, también en los poemas. 


***




Era la noche y te llegaste
a la Calleja de la Luna
frente a mi reja cantaste
como el que verdades jura.

Tú, los puños apretados.
Yo, las pupilas desnudas.
Tus labios tan lejos de mis labios
y nuestras almas tan juntas.

Era la noche y te llegaste
a la Calleja de la Luna
-Calla, que saldrá mi madre
-Que salgan todos a una.

»Que hoy he venido a pedirte,
que para mí solo hay una.
Por eso vine a rondarte
a la Calleja de la Luna.




jueves, 16 de noviembre de 2017

Ser profesor también era esto.


Hace unos días tuve una sesión intensiva de reuniones con padres y madres de los alumnos de mi tutoría. Eché 10 horas seguidas en el instituto, que sí, sé que para otras personas es su jornada normal, pero eso no lo convierte en plato de gusto. Me reuní con los padres y madres de 3 de mis niños y salí de allí agotada. Porque ser tutor también supone implicarte de una manera más estrecha con los alumnos y sus familias y ser, hasta cierto punto (y esto lo marca cada uno), partícipe de sus problemas y sus dramas.

Por ejemplo, hablé con un padre devastado porque no sabía cómo conseguir que su hijo aprovechase la oportunidad que le brindaba el estudio. Tanto él como su esposa tenían estudios de bachillerato y ambos trabajaban en puestos mal remunerados, un montón de horas, para darle a su hijo la posibilidad de un futuro mejor. Él, sin embargo, no se esforzaba, no aprovechaba la oportunidad. El padre, al borde de las lágrimas, me preguntaba qué podía hacer. Y yo no sabía qué responderle, la verdad. Hablaré con el chico en privado, con la orientadora, pero sé que si no sale de él habrá poco que podamos hacer. Ya conozco esta historia. Es, por ejemplo, la de mi hermano.

También hablé con una madre que vino a que "nos conociésemos". Me contó su historia. Su vida eran ella y su niña. Ambas habían sido víctimas de violencia de género. Vi a una mujer menuda, pero fuerte, con las ideas muy claras en todo, especialmente en lo que a la educación de su hija se refería. Me contó parte de su calvario y me explicó algunas de las dificultades que había tenido su hija. Entonces dibujé en mi mente a esa niña risueña y despistada y me di cuenta, otra vez, de que las personas que nos rodean cargan con monstruos que no podemos ni imaginar.

Intento hacer bien mi trabajo. Intento ayudar a mis niños y, también, a sus familias. Intento estar a la altura.

Es mucha responsabilidad.

Ser profesor también era esto.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

15 veces 15



"A veces recuerdo el cuento del muro lleno de pintadas que te conté cuando nos conocíamos. Lo estaba pensando desde hacía tiempo porque pensé que sería bonito encontrar entre el caos un oasis... Sin saber que iba a ser profético y te iba a encontrar a ti entre el caos."


Me dice, sin decirlo, que soy su oasis. Ja-Ja. Qué risa. Puedo ser muchas cosas, pero un oasis... No diría yo que soy un oasis. Tengo poco de mar en calma y mucho de tempestad, de oleaje imprevisible.  Recuerdo las vacaciones en la playa. Nos sentamos juntos en el paseo, con las piernas colgando, mirando al mar. Intentábamos medir las olas que, sin tiento, rompían contra la orilla. Yo no reconocía al mar, a ese Mar Mediterráneo tan familiar, que otras veces había visto tan tranquilo. Pues así soy yo: nunca se sabe cuando va a empezar el temporal.

Así que no, querido. De oasis nada... Pero lo cierto es que él ha aprendido a navegar mis olas, a encontrar refugios en mi caos y poner paz en mis inquietudes. Lo ha hecho desde aquellos primeros cuentos. Cuando él lo hace parece fácil.

Y tiene mérito, mucho, ver un hogar en estas ruinas, un oasis en mis aguas bravas.

Supongo, no sé, que por eso, aunque improbables, seguimos siendo.





martes, 14 de noviembre de 2017

Preparándome para la crisis.

Hablo de la crisis de los 30. Si hace nada cumplía 20... Bueno, tanto como nada, tampoco, pero no hace tanto, de verdad, os lo prometo. Unos 10 años, apenas.

Lo cierto es que la perspectiva de cumplir 30 años me tiene últimamente bastante pensativa. Sé que es un número como otro, pero, si ya de por sí no me gusta cumplir años ni me gusta la fecha de mi cumpleaños, lo de que sean 30, un cambio de decena, buf. Demasiado.  Así que estoy pensando en darle un poco la vuelta a la historia y celebrar mi cumpleaños de verdad, con un buen regalo, algo que me recuerde mis 30 años con cariño.

Últimamente he estado pensando bastante, por ejemplo, en una pluma demonstrator: son plumas transparentes en las que se ve el mecanismo y la cantidad de tinta que queda. Por ejemplo, no sé, una Kaweco o una TWSBI, que no las he catado todavía... Nunca me habían llamado la atención, e incluso me parecían feas. Peeerooo...






Ambas fotografías están sacadas de la web MiEstilográfica. Gracias a la cuenta de Instagram de esta tienda descubrí, también, otra cosa que me gustaría regalarme. Descubrí que existen BOLÍGRAFOS ROLLER que utilizan cartuchos de TINTA DE PLUMA para funcionar. Y son muy, muy bonitos...


En fin. Que ya sabéis que yo y el material de escritura... También me planteo hacerme con una Lamy Safari Neon Coral. No sé.

Otra cosa que me apetece regalarme es un set de iniciación a la acuarela, aunque, la verdad, no sé si le daría uso. Siempre encuentro algún momento para escribir, pero no sé si lo haría para pintar. Es cierto que después de la experiencia de anoche (estuve pintando una versión de la Noche estrellada de Van Gogh) me he venido un poco arriba y me apetece intentarlo, pero no sé si sabría por dónde empezar...






Bueno, todavía me quedan 2 meses, así que tengo tiempo para pensarlo. De todos modos, se admiten opiniones y sugerencias: ya véis que no lo tengo nada claro.

¡Un besote!

lunes, 13 de noviembre de 2017

Lugares para enamorarse.

Hay lugares tópicos para enamorarse. Por ejemplo, una cafetería, un bar, una fiesta o una boda (aunque yo nunca he ligado en una boda). Para los más tradicionales, están la iglesia o las obras benéficas. También hay quien dice que es normal enamorarse en el trabajo (aunque esa es otra cosa que a mí no me ha pasado) o en clase. También es normal enamorarse en Internet. Pero hace un rato, intentando que se me ocurriese una historia para escribir, he acabado pensando en sitios más raros para enamorarse, menos manidos.

Por ejemplo, yo hice que dos personajes se enamorasen en una parada de autobús. Es un buen sitio para conocer a alguien, sobre todo si los autobuses tardan tanto como los que yo suelo coger. Me habría gustado enamorarme alguna vez en una librería. Ya sabéis: estar dando vueltas por ahí y que me llame un libro la atención y que otra persona se ponga a hablar conmigo, o viceversa. No sé, podría ocurrir de otra manera, pero nunca me he enamorado con libros de por medio y me habría encantado.

También me habría gustado enamorarme durante un viaje. Ya sabéis que me gustan los amores dramáticos y, bueno, eso de enamorarte de alguien que quizá no vuelvas a ver tiene bastante drama. Un amor breve pero intenso. Ains.

Me pongo a pensar y no se me ocurren muchos más sitios donde me habría gustado enamorarme, la verdad. Quizá sea porque hoy mis neuronas ya han trabajado todo lo que tenían que trabajar. A lo mejor es que ya se me ha gastado toda la imaginación. ¿Me echáis una mano?

¿En qué lugares "raros" os habéis enamorado? ¿Dónde os habría gustado que ocurriese?

:)

sábado, 11 de noviembre de 2017

Libro: Imposible pero incierto, de R. R. López.




Hace unas semanas el autor de esta novela contactó conmigo (y lo hizo bien xD) para ofrecerme un ejemplar electrónico de su novela a cambio de una reseña. Ya sabéis que me quejo mucho de no tener tiempo para leer y que prefiero leer cosas por elección y no cargarme de obligaciones. Sin embargo, cuando leí que la novela transcurría en Córdoba no pude resistirme: tengo debilidad por las historias que se desarrollan en escenarios conocidos.

La acabé hace un par de noches y vengo a contaros qué tal.

¿De qué va la novela?

Felio y un colega vuelven de fiesta una noche. Cuando pasan al lado de la Mezquita escuchan golpes, voces, y, preso de un arrebato etílico, Felio decide encaramarse a un andamio para ver qué ocurre. Desde ese momento acaba metido en un movidón enorme con sectas, secuestros, monstruos lovecraftianos y demás parafernalia, en el que se verá obligado a recorrer algunas de las leyendas urbanas de la ciudad de Córdoba para intentar salvar su pellejo. Y el mundo, que eso también tiene su importancia.

Hablando del libro...

Lo primero es lo primero: el libro me ha gustado y me ha divertido. Se trata de un libro entretenido que se lee rápido y sin esfuerzo. A ello contribuyen tanto su estilo desenfadado como la estructura de los capítulos, en general, bastante breves y con unos finales bastante logrados que dan ganas de seguir leyendo. Dicho esto, recomendaría sin duda este libro en dos casos: si eres un friki de Lovecraft, ya sea novelas, juegos de rol o similar (no es mi caso), o bien si conoces Córdoba. De lo contrario creo que puedes quedarte un poco frío o descolocado, aunque esa es solo mi opinión: no puedo hablar de otra cosa que mi experiencia de lectura :P

Como ya he indicado, lo que sé de Lovecraft es muy poco, pero lo cierto es que eso no ha sido un problema, porque el protagonista, durane sus pesquisas, explica todo lo necesario. De lo que sí sé un poco ya es de Córdoba, y aún así, la novela me ha descubierto alguna leyenda urbana que no tenía fichada. Y, por si no lo sabíais, me encantan las leyendas urbanas. Yo solo digo que ahora, cuando paso por la plaza de las Tendillas no la veo de la misma manera. :P Lo cierto es que la combinación de estos dos elementos da una mezcla bastante curiosa, pero para bien. ¿Primigenios en Córdoba? Bueno, ¿por qué no? :P

Otra cosa bastante especial de este libro es el sentido del humor que tiene. Es un humor un poco bestia, así que si esperáis algo políticamente correcto, mejor no ir a este libro. No es que yo crea que los libros tengan que ser políticamente correctos, para nada: creo, de hecho, que el libro retrata bastante bien a los personajes y las bromas que podrían hacer. Pero entiendo que puede no ser del gusto de todo el mundo.

En conclusión: me ha parecido un libro entretenido que, pese a mi ritmo de lectura, se lee rápido y que te saca alguna carcajada, aunque en mi caso más que por los chistes ha sido por lo surrealista de imaginar ciertas situaciones en escenarios conocidos :)

Os dejo un trocito...

He escogido uno que me hizo gracia y no desvela ningún spoiler ni nada por el estilo :P

Tan cierto como que Eduard Punset se peina con petardos que, de haberme acertado, el improvisado proyectil me habría fracturado el cráneo. Por suerte mis reflejos cumplieron su función y esquivé la trayectoria del impacto echándome a un lado.

En resumen, este libro...



Si os interesa la novela, podéis conseguirla en el blog del autor, así como echar un ojo a otras cosillas que ha escrito :)


Ahora estoy esperando a ver qué empiezo. Ya os iré contando, como siempre :)





jueves, 9 de noviembre de 2017

Minutos.

Sales a mi encuentro aunque solo podremos vernos unos minutos. Ya es de noche y, supongo, preferirías estar cómodo en casa, pero sales a verme. Nos hemos citado a mitad de camino y, desde allí, me acompañarás a la parada del bus. Seguramente, por molestar, ese día, el dichoso autobús que siempre tarda 20 minutos en llegar cuando más prisa llevo, aparezca enseguida.

Camino hacia ti sin verte pero, entonces, te encuentro. Apareces entre la gente que va hacia otros brazos, hacia otras promesas. Sonrío como la primera vez (espero que lo veas) porque te apareces ante mí como la primera vez. Hoy, otra vez, te veo, y me parece que el mundo se ralentiza.

Me da la sensación de que te acercas a mí con miedo. Tengo mala cara, lo sé. El día ha sido duro y el resfriado no ayuda. Aún así te lanzas a besarme. Yo me resisto aunque me muero de ganas:

-¿Quién va a cuidar de mí si te pones enfermo?

Me miras, desconfías pero, finalmente, me coges de la cintura y yo me aferro a ti. Apoyo la cabeza sobre tu brazo y aprieto. Me susurro para mis adentros "qué bien que estés, qué bien que existas, qué bien que me quieras". Hablamos, pero no recuerdo de qué. No es lo más importante, no en ese momento. Lo que me importa es que, en un instante, vuelvo a sentir que tengo cimientos.

Como era de esperar, el autobús tarda menos de lo que me habría gustado. Diez minutos. Solo diez minutos. Pero la vida es eterna en esos diez minutos.

-Gracias por venir.
-Me apetecía verte.

 Después, como hemos hecho tantas veces, nos despedimos. Yo me subo al autobús y, mientras me alejo, te veo caminar a tu casa y la mente se me emborrona de nuevo. Pero el corazón no. Mi corazón vuelve a estar en su sitio.

La piel








La piel también late,
vibra, siente y se retuerce.
La piel se ahoga en las ganas
de ser puente.










miércoles, 8 de noviembre de 2017

La belleza del camino.


Cuando nos dicen que el sentido de un viaje está en el camino y no en el destino podemos pensar que se trata de una frase muy cierta, con mucha sabiduría. En mi caso no creo que sea tan así. Hay caminos que se transitan con vistas a una meta y que, de otra manera, no se recorrerían. Eso no quiere decir, claro, que no tengan encanto y que, una vez abandonados, no puedan echarse de menos.

Hablaba, hace unos días, con alguien de este tema, de la magia de recorrer algunos caminos. En concreto, hablábamos de lo genial que es proceso de conquistar a alguien o, al revés, el tiempo en el que intentan conquistarte. Este es un buen ejemplo de camino que no suele iniciarse si no es para llegar a la meta (aunque a veces no se llegue por diversas razones), pero que, al mismo tiempo, puede extrañarse cuando el periplo ha acabado. Es maravilloso tener, finalmente, a ese alguien especial a tu lado, compartir momentos, inquietudes, vivencias... pero esas mariposas en el estómago, ese sobresalto cuando vibra el móvil, la sensación de ir venciendo resistencias... Eso es tan agradable y tan breve... Yo lo extraño y me gusta recrearme en esos recuerdos.

A veces hasta echo de menos caminos que no he recorrido. Porque, con frecuencia, he sido yo la que ha dado los pasos en la conquista, pero rara vez la conquistada. En parte, porque no muchas veces han tenido la intención de hacerlo, y, en parte también, porque he solido tener las cosas claras y soy, por naturaleza, impaciente: cuando alguien que me gustaba demostraba interés, lo ponía fácil y, si ese alguien no me gustaba, intentaba parar la situación cuanto antes.  Pero me habría gustado ser menos "facilona", hacerme de rogar un poco, simplemente para prolongar un poco más ese agradable paseo que nunca vuelve a recorrerse de la misma manera y que, como en otras muchas cosas, nunca se sabe con certeza si se ha recorrido por última vez (es más, solemos esperar que así sea).

En fin, qué queréis que le haga: tengo unas ideas muy raras.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Peli: Sufragistas (2015)



Hace ya un par de años que se estrenó esta película y, en su momento, no la vi por varias razones y, después, la he ido dejando pasar hasta ovidarme de ella. Sin embargo, el otro día me vino el recuerdo de ella de repente, así que me preparé para verla un domingo cualquiera tapada con la mantita. Y eso ocurrió el domingo pasado.

Sufragistas narra la historia de un grupo de mujeres inglesas que, a principios del siglo XX, lucharon para conseguir el derecho a voto de las mujeres. Aunque el movimiento sufragista ya tenía historia en Reino Unido, en esta época se habían adoptado vías menos pacíficas para hacerse oír, ya que las mujeres habían sido ninguneadas e ignoradas durante mucho tiempo en sus demandas.

Sufragistas es una película muy cruda y dura, o al menos a mí me lo pareció, en la que se plasman los sacrificios de un movimiento que opta por la desobediencia civil. Me llamó la atención cómo, al salir de su primera estancia en prisión por la causa, las sufragistas entregan una pequeña medalla a Maud, una de las protagonistas. Asumían la situación: su movimiento estaba desafiando a las leyes y, por tanto, si te cogían acababas en la cárcel.

También me llamó la atención la transversalidad del movimiento. Desde las damas de altas esferas hasta las mujeres obreras, hay representación de todas dentro del movimiento sufragista. Pero también esa situación está tratada con detalle: no todas tienen lo mismo que perder, así que no todas están dispuestas a arriesgar lo mismo. La dependencia económica de los maridos era todavía un hecho, y en ciertas situaciones una no podía permitirse jugárselo todo, porque ese "jugárselo todo" era jugarse a los hijos, la libertad, la integridad física o, incluso, la vida.

Me emocionó muchísimo la película y me hizo consciente, una vez más, de lo que han arriesgado aquellas que nos han precedido para que las mujeres de hoy en día tengamos los derechos que tenemos. Y de lo que nos queda que luchar a nosotras para que las mujeres que lleguen detrás de nosotras puedan alcanzar la igualdad.

Una película muy, muy recomendable.




domingo, 5 de noviembre de 2017

De la mano.

La primera vez que las vi juntas iban cogidas de la mano. Parecían agitadas. Quizá fuese porque llegaban tarde a clase o quizá fuese por algo totalmente diferente. Intuyo que se les habían pasado los minutos que precedían a la jornada lectiva más rápido de lo esperado. Las reprendí con media sonrisa: "¡Vamos, que os van a poner un negativo por llegar tarde!". Sonrieron: ya son mayores para negativos, y lo saben.

Aceleraron el paso al entrar en el pasillo y desaparecieron de mi vista, pero pude sentir en mi corazón la onda expansiva de su despedida. Caminé de vuelta a la sala de profesores sonriendo, contagiada por la alegría que desprendían sus miradas, por el amor que se adivinaba en sus gestos: un amor recién estrenado, un amor de esos que nos engrandece y nos hace sentir invencibles. Un amor liberador, creo.

Con el último timbre me apresuré, igual que todos los alumnos, hacia la salida, pero, por desgracia, a mí siempre me acaba reteniendo alguna responsabilidad. En esta ocasión, creo, fue una suerte: me permitió encontrar la puerta del instituto más vacía que otros días y, precisamente por eso, pude descubrirlas comiéndose a besos apoyadas en las rejas. Algunos compañeros las miraban (curiosos, escandalizados, desconcertados, sorprendidos), pero a ellas no parecía importarles. De hecho, estoy casi segura de que ni siquiera eran conscientes de la existencia del mundo exterior en ese momento.

Me alejé, pasando por su lado, y pude sentir la oleada de emociones que desprendían. Y, de nuevo, me marché a casa con la sonrisa puesta, partícipe de su felicidad sin que ellas se hubiesen dado cuenta.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Peli: La piel fría (2017)



Hace unos días os hablé de La pell freda, la última novela que he leído. Os comentaba que había empezado a leerla porque se estrenaba la película y quería comparar. Pues bien, el martes pasado aproveché la víspera de festivo para ir al cine y verla. Y como hubo quien me propuso hacer una comparación, aquí está. 

Voy a ser breve: la película me pareció entretenida, se deja ver, pero como adaptación es bastante mediocre. Puede que visualmente cumpla su función, incluso en algunos puntos del argumento, pero el espíritu de la novela no está en la película, o eso creo yo. Mi opinión sobre ella es bastante negativa, no sé hasta qué punto es porque había leído la novela antes. No sé que habría pensado de verla sin prejuicios ni expectativas. Lo cierto es que no he encontrado en la película los puntos fuertes de la novela, esa reflexión antropológica que os señalaba. En la película el argumento está desdibujado, los personajes suavizados, la trama, edulcorada. Se pierde, en general, el mensaje de la novela. Yo no sé si es un problema mío con las películas últimamente, pero no me queda clara la reflexión ni el mensaje que quiere dar la película, mientras que en la novela lo vi bastante claro. 

No obstante, y como ya he dicho, se deja ver. Se puede echar un rato viéndola. Y me gustaría conocer la opinión de alguien que la haya visto sin haber leído la novela, por ver qué le ha parecido, así que si lo hacéis, ¡contadme!



jueves, 2 de noviembre de 2017

Profesores normales.

Hace unos días vi este tuit:


Y no pude más que aplaudirlo.

Últimamente, para ensalzar la labor de los docentes, lo que se hace es destacar figuras dentro de la profesión con un perfil muy determinado: profesores especiales, súper creativos, profesores youtubers, profesores hombre/mujer-orquesta. Profesores especiales, estrellas de nieve. Con esos profesores las clases nunca son aburridas y los niños y niñas aprenden sin darse cuenta, pasándoselo bomba. Así son los profesores excelentes, nos dicen. Y, con ello, nos muestran el camino. Así es como hay que trabajar.

Pero yo soy profesora, no show-woman.  Yo intento que a mis alumnos les interese lo que tengo que contarles, intento mantener su atención, intento que se impliquen. Pero cada día no puede ser una fiesta, una expectativa constante de sorpresas. Y, ojo, sí lo es: cuando tú entras a una clase, por muy preparada que la lleves, siempre sucede algo que no esperas, positivo o negativo. A veces, varios "algos". Pero crear eso, provocar la sorpresa constante del alumnado, no puede ser tarea de un profesor.

A veces, muchas veces, la clase consiste en eso: un profesor intentando enseñar a los alumnos algo. Y esto ocurre de manera simple: a veces hay pizarras digitales, y vídeos, y actividades interactivas, y bueno, cosas que se nos ocurren, pero otras veces solo hay una pizarra, un montón de alumnos, un profesor y las ganas de ambos. Y a veces hay que hacer cosas aburridas, y hay que trabajar, y hay que hacer cosas que están muy abajo en la lista de prioridades sobre cosas que querríamos estar haciendo en ese momento. Pero así es la vida: no siempre nos divertimos.

Me parece que la manera de poner en valor nuestra profesión no es (o, al menos, no únicamente) señalar a esos profesionales excepcionales, esas situaciones atípicas. Creo que hay que poner en valor lo que es el trabajo en el aula día a día: el verbo to be, las declinaciones, las ecuaciones de segundo grado, las distintas constituciones del siglo XIX, la tabla periódica, la corrección de tareas, de cuadernos, de exámenes... El esfuerzo cotidiano de unos y de otros, sin boato, purpurina ni espectáculo.  Porque nosotros también somos buenos profesionales.


miércoles, 1 de noviembre de 2017

Peli: Thor. Ragnarok (2017)



Bueno, pues después de una sequía de cine bastante pronunciada, el fin de semana pasado pude ir a ver Thor: Ragnarok, además, bien pegadita a su estreno, que fui el sábado por la mañana. Y nada, voy a contaros qué tal (chiquines y chiquinas xD)

Yo no sabía qué esperar, porque, si os soy sincera, ni siquiera había visto el tráiler. Últimamente estoy un poco de vuelta de todo en estos temas y en otros. Así que me dejé sorprender. Y lo cierto es que me sorprendió. Visitas las dos películas anteriores, cuando esta comienza, la verdad es que no sabes muy bien qué estás viendo, porque el tono es totalmente distinto: este Thor no es el Thor al que estamos acostumbrados. Si el Thor de las primeras películas era un muermo con un comportamiento más alienígena del que cabría esperar, este Thor está menos encorsetado, más abierto a chascarrillos: es más normal. Cabría debatir si Marvel no está intentando convertir a todos los protagonistas en copias más o menos fieles de Tony Stark, pero bueno, eso es otro debate.

En esta película prima el humor, no tiene nada que ver con la seriedad de las primeras. Desde mi punto de vista, el alivio cómico acaba por convertirse en "cansinismo cómico" en algunos momentos, pero se lleva bien. Podrían haber forzado menos la máquina a veces, pero bueno.

En cuanto a la historia, no está mal. No es una de estas que digas "madre mía, qué peliculón, cuantísima profundidad", pero entretiene. Además, es una peli bastante ágil, con las dosis justas de acción (las peleas y demás no se hacen pesadas) y que deja buen sabor de boca.

¿Es la mejor de las tres? Probablemente, aunque he de reconocer que a mí la primera me gustó bastante porque tengo el criterio un poco trastornado, supongo. Eso sí, no creo que la comparación sea del todo justa porque el enfoque de las dos primeras es muy distinto al de esta última, ya en el tono que marcaron Los Vengadores.

Y bueno, eso es todo. No he dicho gran cosa, pero en fin: que si os gustan las pelis de superhéroes, os animéis, que está entretenida.

¿Alguien la ha visto ya? ¿Qué os ha parecido?  ¿Os apetece verla?

lunes, 30 de octubre de 2017

Conjuro cotidiano.

Me gusta el desorden
que organizas cuando me amas.
Adoro encontrar nuestras ropas
en el suelo, barajadas.

¡Qué alegría ver la cama
tan deshecha!
Las sábanas arrugadas,
retorcidas sin vergüenza.

Aprisa vuelvo a colocarlo todo,
a ordenar la ropa,
a hacer la cama
poniendo sábanas nuevas.

Solo un fin tiene el conjuro:
que vengas y me revuelvas.



sábado, 28 de octubre de 2017

Otra manía.

Hace poco os hablaba de una manía que tengo. El otro día caí en otra y también os la voy a contar, a ver si así me siento menos rara y menos sola. No sé si es manía o, directamente, una neura o una obsesión. Sí, quizá sea esto último: estoy obsesionada con las últimas veces.

Muchas veces, cuando estoy haciendo algo (leer un libro, charlar con un amigo, tener un orgasmo,  comer algo que me gusta mucho), me pregunto cuándo será la última vez que lo haga. Me ha pasado mucho con mis parejas: "Qué beso tan maravilloso, tan apasionado... ¿Cuándo será la última vez que nos besemos? ¿Cómo será?", pero me ocurre con muchas cosas. A veces no solo me pregunto por el cuándo o por el cómo, sino también por si seré consciente de que será la última vez. Normalmente no lo somos. A veces sí, pero por lo general, al menos yo, no he sabido que estaba ante una última vez. Quizá porque es la vida la que me dirige a mí, más que yo a ella. En ocasiones es como si tomase las decisiones porque aparecen ante mí como en un letrero luminoso.



Cuando me paro a pensarlo, creo que me gustaría ser consciente de que estoy ante el último beso, o el último libro, o la última vez que veo a alguien. No saberlo de antes, pero sí ser consciente en ese momento, mientras ocurre. Aunque eso sería todo un veneno para la esperanza, supongo.

No sé. Vosotros, ¿qué opináis?

viernes, 27 de octubre de 2017

Amores platónicos.


El otro día me puse a reflexionar sobre el amor platónico. Llegué a la conclusión de que el amor platónico, tal y como se entiende normalmente (como un amor auténtico que no se quiere realizar) no existe. O, al menos, que es muy, muy infrecuente, por no parecer demasiado atrevida.

Me parece que cuando hablamos de amor platónico podemos estar diciendo dos cosas:

1. Me gusta todo de ti, pero tú no, como en la canción de Serrat. Hablamos del cariño que tenemos a una persona que, en general, cumple buena parte de las expectativas que tenemos sobre una pareja pero, sin embargo, no nos atrae. No sentimos esa chispa, por lo que no podemos hablar de amor, creo: simplemente de un reconocimiento hacia las  virtudes de una persona concreta. Es cierto que en este caso no aspiramos a realizar ese amor, no queremos hacerlo, pero es, básicamente, porque no podemos hablar de amor.

2. Me gusta todo de ti, tú también, pero tengo miedo. A veces nos gusta alguien muchísimo, mucho, mucho, pero por la razón que sea no queremos dar el paso. Nos gustaría, si pudiésemos: si otras fuesen las circunstancias, si supiésemos que nos van a decir que sí, si tuviésemos la certeza de que no vamos a estropear nada. Si eso que nos frena no fuese el caso, lo intentaríamos. Así que de platónico, nada. Un amor, por el mero hecho de no realizarse, no se convierte en un amor platónico.

Conclusión: el amor platónico no existe.

En fin, esa es mi teoría. Chusca, como siempre, no soy yo de hilar muy fino. No sé, ¿qué opináis?


jueves, 26 de octubre de 2017

Aprender. Enseñar.

Queridas lectoras, queridos lectores, ando con una duda rondándome la cabeza. Ya la he consultado con alguna persona cercana, pero me gustaría tener alguna opinión más ajena, a ver qué me decís.

Ahora que ya soy funcionaria de carrera pueden tocarme cosas nada guays, como ser tribunal de unas oposiciones, por ejemplo, o corregir la Selectividad, o, y a esto es a lo que voy, también puedo ser tutora de un alumno o alumna del Máster de Secundaria.

No hace tanto, si me paro a pensarlo, que yo era alumna de ese máster. Cinco añitos. Allá por marzo de 2012 empecé la andadura con este blog. En aquel momento había pasado el ecuador del dichoso máster. Os conté cosas de mis prácticas, de mis impresiones, os hablé de mi defensa del Trabajo de Fin de Máster... Para mí ese máster, con sus más y sus menos, fue muy útil, especialmente las prácticas. Mi tutora, una profesora muy veterana y con las ideas muy claras, me enseñó muchísimas cosas que, a posteriori, me han servido. Además, de su mano di mis primeras explicaciones en una clase y tuve mi primer contacto con el que iba a convertirse mi trabajo, con lo bueno y con lo malo: compañeros, claustros, horarios, evaluaciones, reuniones, tutorías... Lo recuerdo con agradecimiento y cariño.

Ahora me planteo si yo podría hacer algo parecido por un estudiante. Si podría ayudar a alguien, enseñarle algo, no sé. Me cuesta verme en la posición de tutora: como ya he dicho, no hace tanto que era alumna de prácticas. También me planteo si me compensa: no hay compensación económica y la compensación en puntos para el concurso de traslados y similar es ridícula: los mismos puntos que un curso de formación de diez horas. Así que, por mucho que me apetezca, tengo que ver si me merece la pena. No sé.

¿Qué me recomendáis vosotros?

miércoles, 25 de octubre de 2017

Peli: Blade Runner 2049 (2017)

Si pretendes ver la película y eres muy sensible a los spoilers, no leas. Hablo de algunos aspectos de la ambientación y la trama.



El otro día, después de muchos avatares y obstáculos, conseguí llegar al cine y ver Blade Runner 2049. Tenía muchas ganas. Hacía bastante que no veía una buena película de ciencia-ficción, que me hiciese pensar, pero la cosa es que salí igual que había entrado: sigo sin haber visto una buena película de ciencia-ficción que me haga pensar. Y ojo, a mí la primera película de Blade Runner me gusta mucho. La primera vez que la vi recuerdo que pensé: "¿Pero de verdad hay gente que se duerme viendo esto?"

No me ha ocurrido lo mismo viendo la segunda parte. No es que me pareciese aburrida, aunque sí es bastante lenta. Sin embargo, eso no lo considero necesariamente un inconveniente, porque hay cosas que no pueden contarse rápido, que necesitan reposo, que requieren tiempo para asimilarlas. Pero no es ese el caso en esta película, no me lo parece, al menos. Blade Runner 2049 es una película estéticamente preciosa, pero narrativamente muy deficiente.

¿Qué quiere contar la película? Pues, la verdad, no me quedó muy claro. ¿De la necesidad de reproducirse para ser humanos? ¿Está poniendo el acento de la dignidad en la reproducción biológica por medio de parto? (Lo cual, a las alturas que estamos, me parece muy simplón) ¿Habla, quizá, de la identidad personal, y de cómo lo que nos hace humanos es tener un hilo narrativo propio? Se me ocurren otros temas que podrían estar esbozados en la película, pero el problema es que ninguno está ni medio desarrollado. No sé qué me quiere contar en concreto, quizá porque no me lo cuenta bien. No sé si es un problema de guión, de dirección, de montaje... No lo sé. La cosa es que me fastidia salir de una película sin saber cuál era su intención.

Visualmente, en cambio, me ha gustado muchísimo. La ambientación, la estética, los planos, el color... Me ha parecido preciosa y muy cuidada. Me parece que la película se recrea en su potencia visual, lo cual está bien, pero quizá lo hace en exceso: algunas escenas son hermosas, pero innecesariamente largas. O, quizá, es que esa característica se acentúa al no estar contando nada. No sé.

Mi problema, fundamentalmente, está en el argumento. Creo que la película acaba, sin contar gran cosa, en el momento en el que podría haber empezado a contar algo.

Sé que hay gente a la que le ha encantado, pero no ha sido mi caso. Y, la  verdad, me da mucha pena que no me haya gustado tanto como esperaba.

Os dejo el tráiler.



Y, a vosotros, ¿qué os ha parecido?

martes, 24 de octubre de 2017

Libro: La pell freda, de Albert Sánchez Piñol


Hacía bastante tiempo que no leía en catalán. Mucho. Pero mirad, la ocasión se ha presentado de nuevo. Este libro era uno de los propuestos en el curso de C1 de la Universitat de València, pero como aprobé el examen en noviembre, abandoné el curso, así que al final ni siquiera decidí que novela iba a leerme. No sabía ni de qué iba, aunque me sonaba el título y el autor. Por eso, cuando un conocido, que trabaja en una distribuidora de cine, me dijo que iban a estrenar pronto "La piel fría" le dije: "Eso está basado en una novela, ¿no?". Me respondió que nadie reconocía el título y yo pensé "tampoco sabes mucho más". Así que me planteé leer el libro antes de que se estrenase la peli y acabé convenciéndome cuando vi el tráiler. No he llegado a tiempo, porque la película se estrenó el viernes pasado, pero al menos he podido acabar el libro antes de que quiten la película del cine, lo cual, vista mi velocidad de lectura, no está mal xD

¿De qué va el libro?

Un hombre es "condenado" a pasar un año entero en una isla prácticamente desierta ejerciendo como oficial atmosférico. Al llegar, el antiguo oficial atmosférico no está y solo encuentran, en el faro, a un hombre extraño que no parece alegrarse lo más mínimo de haber recibido compañía. Tras la primera noche, nuestro protagonista descubre que aquella isla en medio de la nada no está tan desierta como parece a simple vista: tras cada anochecer sufrirá el asedio de unos seres anfibios que pondrán en peligro su supervivencia. ¿Será capaz de mantenerse vivo sin volverse loco 12 meses?

Hablando del libro...

Aparentemente podríamos estar hablando de una novela de aventuras-terror-fantasía y, evidentemente, hay algo de eso. Sin embargo, La pell freda me ha parecido mucho más interesante como estudio antropológico que como novela. El problema fundamental es cómo lidiamos con los que identificamos como "otros", los que no son como nosotros. En la novela, en un principio, están caracterizados como bestias salvajes, agresivas y sanguinarias, irracionales, nada parecidas a "nosotros". Sin embargo, ¿es todo tan sencillo? ¿No puede ocurrir que esos seres extraños sean más parecidos a nosotros de lo que pensamos? ¿Que sean dignos de amar, de sentir piedad, miedo, tristeza? Y, si eso ocurre, ¿es tan fácil deshacerse de ellos, mantener el enfrentamiento? ¿Podría ocurrir que entre "nosotros" haya espécimenes mucho más ajenos que esos "otros"?

Me parece que ese enfrentamiento fundamental entre "nosotros" y los "otros" es la idea que vertebra el libro y que da solidez a su hilo narrativo. Ha sido el equilibrio entre las dos partes lo que ha mantenido mi interés en el libro.

Os dejo un trocito... 

Jugàvem, res més, però jugàvem. I el joc, per innocent que sigui, posa al descobert igualtats i afinitats, perquè quan juguem amb algú no existeixen les fronteres, ni les jerarquies, ni les biografies; el joc és un espai de tots i per a tothom. 
Traducido es algo así como...

Jugábamos, nada más, pero jugábamos.Y el juego, por inocente que sea, pone al descubierto igualdades y afinidades, porque cuando jugamos con alguien no existen las fronteras, ni las jerarquías, ni las biografías; el juego es un espacio de todos y para todos. 
En resumen, este libro...

Y, ¡ya sabéis!, si no os apetece leerlo, siempre podéis darle una oportunidad a la película :P

A continuación leeré Imposible pero incierto, una novela de fantasía, terror y humor que ocurre en Córdoba. Hace algunas semanas, su autor, R.R. López, contactó conmigo para ofrecérmela y, como ya sabéis que me gusta leer cosas que transcurren en ciudades que conozco, no le pude decir que no. Espero echarme unas risas.


domingo, 22 de octubre de 2017

Ahora soy modelo.

Ya os conté en otra entrada que me habían propuesto participar en un desfile nupcial de tallas grandes y que estaba muerta de miedo. Pues bien: ya pasó. Y la experiencia fue maravillosa.

Nunca me he sentido una mujer particularmente femenina. De hecho, me han solido reprochar con frecuencia que no soy coqueta, o que no me arreglo demasiado, que no me visto bien. Esas cosas. He tenido épocas, es cierto, pero por lo general, no me arreglo a no ser que me apetezca: mi tiempo libre es demasiado preciado como para invertirlo en cosas con las que no disfruto.

La cosa es que, para que os hagáis una idea, la diseñadora tuvo que dejarme unos zapatos de tacón para que pudiese desfilar. Con eso os lo digo todo. Eran unos zapatos ALTÍSIMOS. Los más altos que he llevado en mi vida (y aún así, no me caí xD).

Como os decía, lo disfruté muchísimo. Cada instante. Por la tarde, poco después de comer, me duché y me puse a maquillarme. Hacía eones que no me ponía a maquillarme en serio, y fue divertidísimo. Había olvidado cuánto me gustaba. Y el resultado fue genial, la verdad, no es por presumir. Después me encaminé hacia la tienda donde iba a ser el desfile y ya había allí otra chica modelo y un montón de movimiento: toda la familia de la diseñadora estaba volcada en que aquello saliese perfecto. Tras un rato, su madre comenzó a arreglarnos el pelo. A mí me hizo un recogido precioso, casi sin esfuerzo, que me hacía parecer toda una princesa. Mientras el acto de apertura de la tienda ya había comenzado, nosotras, en el "backstage" nos vestíamos. O nos vestían, más bien, porque poner un vestido de novia (muchos de ellos acorsetados) tiene bastante trabajo :P. En esos momentos, los nervios se convertían en risas. Tanto las modelos profesionales como las chicas amateur estábamos riéndonos juntas, practicando poses, y, en fin, quitándonos el temblor de piernas como podíamos. Cuando, por fin, empezó, todo pasó muy rápido. Por suerte no me caí, no me pisé el vestido, no hice nada raro, no paré de sonreír y estaba PRECIOSA. Con deciros que cuando le mandé la foto a mi madre, lloró... :P

Fue genial. El concepto de "chicas normales, de la calle, desfilando con vestidazos y estando GUAPÍSIMAS porque lo son", me encantó. Me encanta esa apuesta de la diseñadora de hacer vestidos económicos y favorecedores para cualquier mujer. Espero que tenga mucha suerte, porque la merece. Ha puesto tantísimo trabajo en esto... Y yo me alegro muchísimo de haber podido aportar mi granito de arena.

Sé que este post no es el mejor que he escrito, de hecho está bastante mal escrito, pero es que lo escribo desde el estómago y desde el corazón, que aún me tiembla, cuando recuerdo esa tarde y cuando veo las fotos.

Lo malo de esto es que ahora, si me caso, no va a tener sentido que me vaya de pruebas: ya sé cuál quiero que sea mi vestido :P


sábado, 21 de octubre de 2017

Una manía.

Tengo una manía: la de observar a los desconocidos y hacerlos protagonistas de mis historias. No me pasa con todo el mundo, solo con aquellos que llaman mi atención por alguna razón.

Hace unos días coincidí en el autobús con una chica. Debía de tener mi edad, más o menos. Mayor de 25, supongo, pero no mayor de 30, o no mucho, en cualquier caso. Iba maquilladísima, supongo que era su concepción de ir arreglada: los ojos delineados muy fuerte y con mucho rímel y los labios de un rosa fucsia muy fuerte y con mucho brillo, pintados algo por fuera del contorno natural. Su pelo era rubio, pero un rubio pajizo, muy poco natural. Vestía una camiseta negra con letras blancas (no recuerdo qué ponía) y unas mallas ajustadísimas en tonos rosa fucsia y grises. En sus pies, unas sandalias de plataforma altísima, blancas. Casi parecían unos zancos. Completaba el conjunto un bolso pequeño, tipo satchel, también en rosa fucsia. Llamadme osada, pero creo que acertaría si dijese que el rosa era su color.

Lo que me llamó la atención de ella, además de su imagen, fue el hecho de que tenía una expresión tristísima y apenada. Cuando hablaba su voz apenas se escuchaba. Se expresaba, eso sí, con muchísima educación. Y otra cosa que me llamó la atención es que intentó establecer conversación con varios pasajeros, con cualquier excusa. Con un señor, cuando apartó las piernas para que pudiese pasar y, después, para explicar por qué le había llamado de usted (era por educación, no porque creyese que era mayor). Conmigo, para explicarme que venía de hacer papeles. Con otras chicas, para decirle a una que le encantaban sus deportivas (unas ASICS multicolores fluorescentes) y preguntarle dónde podía comprar unas iguales. Después,  volvió a disculparse por interrumpirlas. No sé, percibí en ella una falta de calor humano terrible. Me entristeció muchísimo.

Imaginé para ella una infancia terrible, traumática, una juventud muy dura, muchos desengaños. La dibujé en mi mente como una muñeca rota... al menos al principio. Le imaginé un final feliz, precisamente porque es algo inesperado, quizá incluso porque para esa chica sea imposible conseguir ese final. Imaginé una oportunidad, algo sencillo. Un trabajo de cara al público, en el que pudiese hablar con los clientes y relacionarse. Imaginé que empezaba a reconstruir su vida, que podía comprarse todas las deportivas fluorescentes que quisiese y que se le borraba de la cara esa expresión triste y no quedaba rastro de pena en su voz.

A veces me gustaría tener el poder de hacer que lo que imagino se hiciese realidad.

jueves, 19 de octubre de 2017

Puzzles.

Yo no hice nada.
Tu piel me abordó
                  -mar sin olas-
y yo me entregué.

En otras palabras:
me dejé querer.

Me envolviste en
tu tembloroso abrazo
y yo, ave migratoria,
               anidé.

¡Qué agradable sentir que mis piezas
se acoplaban a tu ser!
¡Que tu cuerpo envolvía,
sin faltar nada, el mío!

Probablemente mi único mérito fue
encajar en tus vacíos.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Mimarse.

Llevo unas semanas particularmente imbécil. Ando muy ñoña, muy necesitada de cariño y de mimos. Necesito más contacto emocional con la gente y también más contacto físico. Me faltan abrazos, si os soy sincera, y me muero de ganas por dejarme mimar. En lo que no había caído yo era en que también podía mimarme yo misma, que a veces me tengo muy descuidada.

Así que, iluminada por esa enseñanza y por algunas más, esta mañana, al salir de trabajar me he ido a Sephora a comprarme un labial al que le tenía echado el ojo. He pedido que me lo probasen, para ver el color, y me han hecho DE TODO. Exfoliar labio, hidratar, perfilar, pintar, probar maquillaje, decirme mi tono de maquillaje, darme muestras, TODO. Después del ratito que he echado allí con Toñi, la asesora que me ha tratado tan bien, me ha envuelto mis cositas en un papel de seda rojo y me las ha puesto en una bolsita pequeña, y yo me he ido por la Ronda de los Tejares más feliz que una perdiz con mi bolsa en la mano y mis labios rojo geranio. 

Sí, me he gastado 12 euros, pero mi felicidad en ese momento no ha tenido precio. Ni al mirarme al espejo, ni al ver con qué mimo me trataban. Y ahora, cada vez que me ponga ese labial, voy a acordarme de eso. Me merezco los mimos, y los premios, y los caprichos. Y si no me los merezco, me los voy a dar. Ya vendrán tiempos peores. 

Una publicación compartida de bettie (@cuadernoderetales) el

martes, 17 de octubre de 2017

En las nubes.

Sigo con el reto que os propuse en este post.

Rosa me dijo que escribiese algo basándome en esta foto.


Sin título
Créditos.

A ver qué sale...

***

Su día a día transcurría entre críticas y desprecios. No había a su alrededor nadie que no tuviese una firme opinión sobre ella, sus decisiones, su vida y su forma de vivirla. Lo malo, claro, no era eso, sino que, al parecer, eran incapaces de callarse esas opiniones. 

En justicia, ella reconocía que era cierto que era una persona bastante inusual, pero eso no le molestaba, más bien al contrario, la enorgullecía: había conseguido hacerse a sí misma salíéndose de los apretados corsés que le habían intentado poner desde que era niña. Había tomado sus propias decisiones desde que tuvo uso de razón, sin dejarse influenciar por la censura y los miedos ajenos.  Había fallado y había acertado sin que ninguna de las dos situaciones, el fracaso y el éxito, la desviasen de su camino. Era quien quería ser, y eso no era algo que mucha gente pudiese decir, a juzgar por la rabia con la que la atacaban.

También había gente de bien, eso está claro. Gente que se compadecía de ella porque se imaginaba que esa situación la hacía desgraciada. Una tarde, mientras tomaba café con una de estas personas en su casa (pues nadie quería dejarse ver demasiado con ella), en medio de un discurso sobre si no sería mejor que se convirtiese en alguien más normal y sobre si realmente le resultaba rentable ser tan extraña le vino, así, como por inspiración divina, la respuesta por la que había hecho todo lo que había hecho a lo largo de su vida. 

-Siendo así duermo muy bien por las noches, ¿sabes? Lo bueno de volar es que puedes descansar en las nubes.


***

Espero que os haya gustado, especialmente a Rosa, que este post me ha salido muy "ella". 

lunes, 16 de octubre de 2017

Nublados.

El domingo una amiga me hizo una propuesta indecente, tanto como que me propuso participar en un desfile de vestidos de novia de talla grande. Y yo, flipada como estoy con los programas de vestidos de novia y, además, contemplando la posibilidad de no casarme nunca (xD), accedí con muchísima ilusión. Pasé todo el domingo muerta de la emoción. Me apetecía muchísimo verme de blanco, soñaba con verme guapísima dentro de un vestido precioso (la diseñadora que organiza el desfile tiene mucho talento) y estaba aceleradísima con la idea.

Hoy, ya menos. A vece se me vienen las nubes encima y no hay quien mejore el día.

Esa parte de mi cerebro que disfruta haciéndome la vida imposible y pisándome la guitarra se ha puesto a funcionar y a hacerme pensar que no tengo lo que hay que tener para ejercer de modelo (ni siquiera amateur) y que iba a hacer el ridículo. Que flaco favor le estaba haciendo a la diseñadora. Y que iba a acabar sintiéndome mal, decepcionándome a mí misma. Porque, de momento, puedo soñar con que un día me pondré un vestido de novia y estaré guapísima. Pero si lo compruebo y no ocurre, pues se pinchó la burbuja y se acabó la fantasía.

Eso, por no hablar de otras cosas que esta experiencia me trae a la cabeza.

En estos momentos, mientras se publica esto, estaré, probablemente, probándome vestidos con la diseñadora y viendo qué hacemos conmigo, después de una tarde más que ajetreada. Quién sabe. A lo mejor va bien. Ojalá. No tengo yo el cuerpo últimamente para mucho desengaño...




domingo, 15 de octubre de 2017

Hubo un tiempo en el que...

Hace un rato estaba recordando que han quitado de mi supermercado habitual unos cereales que me gustan mucho. Ya van dos semanas que los busco y no están, así que supongo que la retirada es definitiva. Eso me ha llevado a pensar que (sí, de nuevo, un curso raro de pensamiento) no hace demasiado, hubo un tiempo en el que comprarme esos cereales era un capricho grande, porque tenía que mantener mis gastos al mínimo, cercanos al nivel de supervivencia. Entonces me he puesto a recordar muchas situaciones que he vivido y que, por suerte, ya no forman parte de mi vida cotidiana.

Hubo un tiempo en el que contaba mis ahorros en meses que podría sobrevivir.

Hubo un tiempo en el que comprarme un libro por placer no era una opción.

Hubo un tiempo en el que salir a cenar, comer o desayunar por ahí era un sueño para el que había que poner metas: "Cuando encontremos trabajo..."

Hubo un tiempo en el que invertir dinero en aprender algo nuevo ni se me planteaba.

Hubo un tiempo en el que, si tenía frío, me ponía dos batas y dos mantas porque encender un calefactor era un lujo.

Hubo un tiempo en el que me cortaba yo misma el pelo porque no me podía permitir ir a la peluquería.

Hubo un tiempo en el que no podía ir al cine (salvo al cine de reestreno, bendito sea).

Hubo un tiempo en el que ir a ver una obra de teatro era algo que hacer "algún día".

Hubo un tiempo en el que soñar con el futuro era una actividad de alto riesgo.

Hoy, por suerte, ya no es (tan) así.

Menos mal.

No está de más recordar estas cosas de vez en cuando.



jueves, 12 de octubre de 2017

Patrias.



Tengo muchas patrias.
Soy del pecho de mi madre
y del ladrillo
en el que cada noche
descansan mis zapatos.

soy de donde están
los que me quieren
y de dondequiera
que haya un libro.

Nací entre llanuras
de polvo y ocre
pero me siento de cualquier lecho
en el que se me haya abrazado.

Hoy habito aquí,
me alimento aquí,
me enamoro aquí
y la vida se me escapa
aquí.

Y aquí sumo otra patria.

Tengo muchas patrias, sí,
mas no bordaré banderas
ni compondré himnos.

A nadie le lanzaré
mis patrias a la cara
ni por su causa
correrá sangre.

Mis patrias son pequeñas,
rincones en los que dormir desnuda,
donde venir a llorar
o a reír como una loca.

Son mis patrias solo mías,
limitan en cada costado con instantes
que traje de las murallas de mi vida.

Aun así, en mis patrias cabe
todo el mundo
y de todo el mundo
haré patria:

Siempre he deseado vivir
con el espíritu despatarrado.



miércoles, 11 de octubre de 2017

Cambiar la música.



Sigo con el reto. Maribel me dejó esta imagen. A ver qué sale.



***

"La vida sin música sería un error", algo así había dicho algún tipo pirado de esos que nombraba el profesor de Valores en clase. Para ella había sido todo lo contrario: el error había estado en acercarse a la música. O a esa música. O, más bien, al Conservatorio. Había quedado con un chico del barrio, ya daba igual cual, en un parque cercano al Conservatorio, a saber por qué. Ella suponía que quería impresionarla sacándola de las calles familiares mil veces recorridas. 

Mientras el galán intentaba seducirla con torpeza, el sonido de un instrumento musical llegó a sus oídos. Distraída, recorrió sus alrededores con la vista y lo encontró. Era un chaval de su edad, más o menos, que repasaba unas partituras con la viola. Ella no sabía nada de música clásica, de violines, violas y otros instrumentos de cuerda (le iba más la música electrónica y el reguetón), pero había algo en él que no le dejaba apartar los ojos. Debía de ser pasión.

Ni qué decir tiene que, finalmente, el galán no consiguió su objetivo: lo dejó por imposible. Unos días más tarde, cuando ella le dijo que no estaba interesada, él fue predicando por ahí que era una estrecha y un muermo, y que tampoco estaba tan buena, que ni siquiera le gustaba. A ella no le importó demasiado: ya llegaría el momento en el que se cruzaran a solas y entonces ajustaría cuentas. Mientras tanto tenía cosas más importantes que hacer, como acudir cada tarde al parque, esperando que el músico desconocido esté repasando antes de entrar a clase, y esperar que, en medio de alguna de esas interpretaciones, le entre la valentía necesaria para hablar con él. 


lunes, 9 de octubre de 2017

Infantería.


Puse unos versos de este poema en Twitter y algún alma de cántaro, a quien le gustaron, me pidió por CuriousCat que lo publicase. Pues aquí está :)



Nadie cantará nuestras victorias.
Cuando nosotros callemos
nuestras gestas cotidianas
serán, acaso,
polvo sobre los trofeos
de los héroes.

A nadie importa(rá)n
nuestras luchas,
no serán para nosotros
el vino ni los laureles,
soldados de infantería,
carne de cañón.

Pero estos logros son nuestros,
se nutren de nuestros sudores
y esperanzas, y son,
para nuestras espaldas,
grandes torres, faros,
¡palacios!

No es pequeña
nuestra lucha contra
el día a día,
ni son insignificantes
nuestras rendiciones,
ni menos dolorosas
nuestras derrotas.

Así, pues, celebremos,
embriaguémonos con el néctar
de los vencedores
y cantemos nuestras gestas
y contemos nuestra historia
y soñemos que,
en esta campaña,
no somos mediocres.


domingo, 8 de octubre de 2017

Estaciones.


"Yo sé
que el amor tiene letras diferentes
para escribir: me voy, para decir:
regreso de improviso. Cada tiempo de dudas
necesita un paisaje." 
Luis García Montero.


Encuentro, por casualidad,
los besos que olvidaste en la mesilla
junto al desodorante,
las aspirinas y los condones.
Noviembre se colorea.

Tu tacto, ausente,
trepa furtivo por mi espalda
enumerando las vértebras
con 24 razones para alejarnos.

Pero te quedas
y los platos hacen fiesta
en la cocina.

Yo hago hueco
        -lo conservé para ti,
         aunque no te lo diga-:
un cajón para la ropa interior,
un rincón en el baño para tu peine,
una tarea para el cepillo de dientes olvidado,
tu lugar en el sofá
un libro tuyo al lado de mi cama.

Déjalas en la maleta:
no hay lugar en esta casa
para razones,
para conjurar fracasos.

Calla, miénteme con tu silencio:
cada tiempo de dudas
necesita su paisaje.

viernes, 6 de octubre de 2017

Busca un trabajo que te guste...

...y no tendrás que trabajar nunca.

Así reza un dicho con el que no estoy de acuerdo del todo. Yo preferiría poder dedicarme en cada momento a lo que me apeteciese y, en serio, os prometo que me gusta mi trabajo.

Pero lo que sí es cierto es que pocas cosas hay en el mundo tan maravillosas como estar a gusto en el trabajo que uno tiene. Ayer hablaba con un amigo, también profe, que este año se siente bastante mal al respecto de su centro, sus grupos, el ambiente y demás. Me sentía identificada con él: ya sabéis, lo he dicho muchas veces, que el curso pasado fue para mí un mal curso, muy ingrato.  Los domingos eran, para mí, una tortura. Pensar que llegaba el lunes me ponía muy mal cuerpo. Durante la semana, salvo honrosas excepciones, me sentía fatal. Vivía para el viernes. Y el domingo, vuelta a empezar. Era horrible.

Este curso no diré que no me cuesta, a veces, levantarme por las mañanas, pero es por la hora. Voy caminando al trabajo alegre, sin miedo, no diré que con ganas, pero tampoco sin ellas. Estoy a gusto con mi trabajo, motivada, me siento bien en clase y, en general, en el centro. Sí, tengo ganas de que llegue el viernes y descansar, pero no es lo mismo. Disfruto de la semana.

Así que sí, es trabajo, por mucho que me guste, pero me siento muy afortunada de poder disfrutar de él. Marca muchísimo la diferencia.


jueves, 5 de octubre de 2017

Sí que hemos cambiado.

Hay quien dice que la educación no ha cambiado. Que seguimos educando igual que en el siglo XIX. No es verdad. Es cierto que en educación no hemos introducido instrumentos significativamente distintos (sí, ahora hay proyectores, pizarras digitales, pero al final la cosa se acaba reduciendo a papel, libros, tiza...), pero eso no significa que no hayamos cambiado. Y, de manera global, a mejor.

Soy consciente de ello porque este año estoy trabajando codo con codo con profesores de la vieja escuela y puedo percibir el cambio. Hay cosas que algunos de ellos no entienden. Por ejemplo: la atención a la diversidad. Según algunos es el alumno el que tiene que adaptarse al sistema, y eso puede ser así en etapas post-obligatorias, pero si queremos que todos los niños y niñas tengan la ESO (porque es obligatoria), no podemos pedirles que todo el esfuerzo venga de su parte, más que nada porque muchos de ellos ya hacen lo que pueden. De hecho, la misma diversidad es un concepto extraño. No digo que ellos crean que todos los niños son iguales, simplemente parece que eso no debe influir en el desempeño en el aula. Ni eso, ni sus circunstancias personales, su motivación, sus preferencias...

Hemos cambiado, mucho. Ahora, con más o menos tino, con más o menos facilidades, con más o menos formación, se nos obliga a tener en cuenta esas particularidades. Y lo considero maravilloso. Ahora solo falta que nos den los recursos necesarios para hacerlo adecuadamente. Un buen comienzo sería reducir las ratios y darnos más tiempo de calidad con nuestros alumnos. Los míos este año son 307. Saquen sus conclusiones.

Feliz día del docente.

domingo, 1 de octubre de 2017

Gloria Fuertes.


Hoy he estado en un evento de Cosmopoética dedicado a Gloria Fuertes.  Es el segundo evento de Cosmopoética al que voy este fin de semana (el año pasado, por desgracia, no pude ir a ninguno) y antes de entrar en faena en el post quiero dar las gracias por vivir en una ciudad como Córdoba que me brinda estas opciones: es una ciudad chiquita, pero viva.

La mesa redonda ha sido maravillosa. Tierna, íntima, amena e instructiva. Hemos podido disfrutar de una pista de audio, recuperada de los archivos de una radio malagueña y restaurada, en la que Gloria habla del amor y recita sus poemas. Ha sido maravilloso escucharla.

Cuando ha acabado la mesa redonda apenas restaban cinco minutos para preguntas. La moderadora nos ha invitado a preguntar o, simplemente, a decir que nos encantaba Gloria. A mí me ha dado vergüenza, pero me habría gustado decir que empecé a leer poesía por Gloria Fuertes, y a escribir poesía por Gloria Fuertes y que, quién sabe, a lo mejor habría acabado desahogándome escupiendo versos de todas maneras. Pero fue por ella. Y eso es algo que nunca le pude agradecer. Ojalá Gloria Fuertes hubiese llegado a vivir 100 años o más, y ahora, en su centenario, tuviese redes sociales, y yo pudiera decirle cuánto bien me hizo descubrir sus poemas para niños.

Y eso que yo entonces no sabía lo parecidas que éramos. Salvando las distancias, claro, que a mí no me ha tocado sobrevivir a una guerra, pero sí nos tuvimos que enfrentar a dificultades e incomprensiones parecidas. Creo que, como ella, siempre me he sentido rara, y, como ella, en ocasiones me envolví en fantasías para hacerme el día a día soportable. Me gusta,como a ella, decir las cosas claras y creo que hay cosas importantes que solo pueden decirse con poesía pero que, precisamente por ser importantes, hay que decirlas de manera que todo el mundo las entienda. A mí, como a ella, la poesía me viene como el hipo, me sale y, tal cual, acaba plasmada en algún cuaderno. Apenas cambio, apenas corrijo. Eso sí: yo no mecanografío los poemas, aunque me encantaría.


A Gloria Fuertes hay que descubrirla. No a aquella señora mayor, montada en moto, siempre afable y alegre, rodeada de niños, sino a la otra Gloria, la que pocos veían. La de los poemas tristes, rabiosos, reivindicativos y llenos de amargura. La que se sentía sola, incomprendida, abandonada. Aquella con la que la vida no fue amable y que, sin embargo, sí fue amable con la vida. Y merece la pena descubrirla así, al completo, mujer y obra. Poeta y versos, todo mezclado. Por eso os recomiendo la antología de Blackie Books. Merece la pena.

El otro día despotricaba y decía que los poetas del pueblo rara vez salen del pueblo. Contemplaba, por supuesto, la excepción de Miguel Hernández, pero me lamentaba de no poder encontrar más casos. Me dejaba a Gloria. Subsano el error con estas líneas.



Hago versos.


Hago versos señores, hago versos,
pero no me gusta que me llamen poetisa,
me gusta el vino como a los albañiles
y tengo una asistenta que habla sola.
Este mundo resulta divertido,
pasan cosas señores que no expongo,
se dan casos, aunque nunca se dan casas
a los pobres que no pueden dar traspaso.
Sigue habiendo solteras con su perro,
sigue habiendo casados con querida
a los déspotas duros nadie les dice nada,
y leemos que hay muertos y pasamos la hoja,
y nos pisan el cuello y nadie se levanta,
y nos odia la gente y decimos: ¡la vida!
Esto pasa señores y yo debo decirlo.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...