miércoles, 28 de junio de 2017

Autoevaluación

Fin de curso. Hace ya casi una semana que acabaron las clases, aunque los profesores seguimos trabajando (bueno, eso aquellos a los que no les han dado la patada el último día de clase, como me pasó a mí el año pasado). Como se nos suele pedir, llega el momento de evaluarse, de ver qué hemos hecho bien, qué hemos hecho mal y cómo podemos mejorar.

Yo tengo muy poca experiencia. Es mi segundo curso como docente, así que tengo poco con lo que comparar. Además, ni siquiera creo que tenga sentido hacer comparaciones: este curso y el pasado han sido tan distintos como el día y la noche. He tenido un curso duro, los que están en contacto frecuente conmigo (amigos de Internet, compañeros de trabajo y mi sufrido cordobés) lo saben. Vosotros también lo habréis notado: el año pasado, trabajando y con las oposiciones, escribía con regularidad en el blog y aprovechaba cada pequeña excusa para hablar de mis alumnos y de mis vivencias en el trabajo. Este año... bastante menos. Por falta de tiempo, sí, pero también de ánimo y ganas. 

Este curso no es que tenga la sensación de haber hecho las cosas regular, de no haber acertado del todo (supongo que eso es lo normal, siempre hay algo mejorable), sino que tengo la sensación, más dolorosa, de que todo mi esfuerzo (que no ha sido poco) no ha servido para nada. Salvaría alguno de mis 17 grupos de alumnos, pero no demasiados. La mayor parte de mis horas de clase han sido como darme contra un muro, y mirad que yo intento hacer borrón y cuenta nueva cada vez, esperar lo mejor de cada clase, aunque la anterior haya sido un infierno. Pero nada, no me ha resultado. Me parece que yo me he dejado la piel y que se me ha estado tomando el pelo. Y no hablo solo de los alumnos, sino en general.

He echado mucho de menos mi centro del año pasado. El ambiente, la camaradería, la tranquilidad (que sí, que había líos, como en todas partes, pero nada que ver...) 

La cosa es que todo esto ha influido en mi ánimo, y he acabado el curso desanimada, sin ganas: el trabajo, las circunstancias, me han vencido. Pero, al menos, no del todo. He encontrado compañeros que merecen la pena. Mi compañera de departamento es un amor. Mi primera tutoría ha sido inolvidable (mis alumnos me siguen buscando para que nos veamos ahora que ya no soy su profesora).  Ha habido cosas buenas y con eso es con lo que me quiero quedar. Y en fin, ahora cruzo los dedos para que el curso que viene las cosas vayan un poco mejor. Lo cierto es que es algo que me preocupa mucho. Otro año así y no sé... A ver si hay suerte...

Ahora voy a intentar olvidarme de estas cosas, por lo menos un par de semanas. A ver si el Mediterráneo me echa una mano... :)

sábado, 24 de junio de 2017

Mi cuerpo.

Cuando estudiaba la carrera, en una asignatura sobre estética, hablamos de un libro que se titulaba Mi cuerpo es un campo de batalla. Me llamó la atención el título y me costó entenderlo en profundidad. Hoy lo entiendo, sí. Y sí, mi cuerpo también es un campo de batalla, como el de muchas otras mujeres (y no solo mujeres). No deja de parecerme triste que mi cuerpo, que debería ser hogar, que me permite bailar, y reír, y moverme y abrazar, sea mi enemigo, un ente salvaje al que someter a mis designios. ¿Míos? Bueno, eso estaría por ver.

Me pongo ante el espejo, desnuda, y apenas tardo unos instantes en ponerme ropa interior, en cubrirme en parte. El pubis, con vello, alejado de los cánones actuales, y los pechos, grandes, pero nada parecidos a los que aparecen en las películas pornográficas, a los que se dejan ver en los posados de las modelos. Nada parecidos al ideal. 

Bueno, así, más o menos. El culo y el pubis ocultos, el pecho recogido. Algo mejor. Entonces, sí, puedo comenzar a examinarme.

Del suelo a los tobillos, me detesto. Es uno de los muchos complejos estúpidos que tengo, pero odio mis pies. Cuando llega el verano y el momento de ponerme sandalias y calzado más descubierto sufro porque no hay calzado que se vea bonito en mis pies. Que yo vea bonito en mis pies. 

Subimos y ahí están, las piernas. De rodillas para abajo, pasables. de vez en cuando acepto ponerme un vestido por debajo de la rodilla. Total, nadie se para a mirarme las piernas. Pero cuando yo lo hago... Ese pelo rebelde que se ha resistido a la depilación, los poros marcados, los gemelos excesivamente gordos... En fin, dejémoslo estar. Al menos es mejor que de rodillas para arriba: esos muslos desproporcionadamente gruesos, llenos de celulitis, fofos... En fin, así no hay manera.

Me pongo de lado y me digo que, bueno, aunque tengo la tripa fofa, al menos tengo cintura. O, más bien, tener unas caderas enormes ayuda a que parezca que tengo cintura. Sí. Y tener el pecho grande completa la forma de reloj de arena. Es algo por lo que puedo dar gracias. Menos da una piedra. Eso sí, tripa tapada, pecho tapado. Este año he vuelto a ponerme escote para vencer mis complejos. No ha estado tan mal. Bueno, y hoy me he puesto un vestido por encima de la rodilla y tampoco ha pasado nada. Y pantalones cortos. Bueno, el mérito de esto es de  Córdoba y de sus más de 40 grados, claro. 

En fin, sigamos. Por los brazos, por ejemplo. No me gustan mis brazos. Sobre todo, no me gusta cómo aparecen en las fotografías. Los veo más grandes de lo que me parecen día a día. Lo que sí me gusta, eso he de concederlo, son mis muñecas. Son pequeñitas, elegantes. Debe ser lo único elegante que tengo en el cuerpo, eso sí. 

Y bueno, sobre los hombros... Prefiero no hablar del cuello, aunque me gusta bastante cómo se ven mis clavículas. De nuevo, algo es algo. La cara... En fin, no es horrible, tengo una cara más o menos simétrica, no del todo desagradable. Demasiado redonda, con una frente demasiado grande y unos ojos que, además de hacerme transparente para todo aquel que me conoce un poco, son de lo más normales y, para colmo, miopes. Todo son ventajas. 

Acabemos por lo mejor que tengo: los rizos. Tantos años renegando de ellos, atormentándome con secadores, planchas del pelo, recogiéndolos para que no se viesen, para que no estorbasen... Me alegro de haberlos aceptado por fin. Sí, me encantan mis rizos. Qué pena que no ocurra lo mismo con todo lo demás. 

Pero, después de todo, es mi cuerpo. Mi hogar. Y, a pesar de todo, intento aceptarlo. Aceptarme. Porque yo soy él y no sería la misma si él hubiese sido distinto, estoy convencida. 

Bueno, ¿y qué hay de vuestro cuerpo?

jueves, 22 de junio de 2017

Libro: El cuento de la criada, de Margaret Atwood.


Parece ser que este es el libro del que todo el mundo habla últimamente. Se debe, claro, a que se ha hecho una adaptación en forma de serie que se ha estado emitiendo últimamente. Yo, que me dejo llevar por las modas como cualquiera, me he puesto a leer el libro. Aunque la moda no ha sido la única razón.

¿De qué va el libro?

El libro nos sitúa en un futuro cercano, eso sí, distópico. Se trata de una sociedad fuertemente jerarquizada, regida por un orden teocrático en el que todos los papeles están repartidos y en el que nadie puede salirse del rol que se le ha asignado. En ese contexto, una Criada nos cuenta su historia, nos narra cómo es el mundo en el que vive visto a través de sus ojos. 

Hablando del libro…

Por favor, leedlo. Si os gustan las distopías, leedlo. Además, si no os va la ciencia-ficción, podéis disfrutar de esta distopía, pues no incorpora elementos de ese género.

Lamento mucho que este libro haya permanecido desconocido para mí hasta ahora, porque me parece maravilloso por muchísimas razones. Voy a intentar hablaros de ellas sin entrar en el argumento, porque creo que hay que leerlo sin saber demasiado, para dejarse sorprender.

La primera razón para leerlo es que Margaret Atwood escribe fenomenalmente bien. Leer este libro es una auténtica gozada, de verdad. Las descripciones son maravillosas, te metes dentro de la historia y de los sentimientos de la narradora/protagonista. Me ha encantado en ese sentido.

La segunda razón es que es una distopía escrita por una mujer. Y sí, creo que esto es una razón en sí misma para leer esta novela, porque con su lectura he podido corroborar que Margaret Atwood ha plasmado cosas que otras distopías escritas por hombres no llegan ni a vislumbrar. Es un punto de vista que merece muchísimo la pena.

La tercera razón es que, simplemente, es un buen libro. Es entretenido, interesante, engancha, está bien escrito, cuenta una historia que vale la pena leer y te deja con el culo torcío, o al menos a mí me ha dejado así. Me ha dado mucho que pensar y tengo muchas ganas de comentarlo, así que si lo  leéis, me haríais un favor, porque aquí no quiero contar nada de la trama o la ambientación que pueda arruinarle la lectura a alguien.

Os dejo un trocito…

Madre, pienso. Estés donde estés, ¿puedes oírme? Querías una cultura de mujeres. Bien, aquí la tienes. No es lo que tú pretendías, pero existe. Tienes algo que agradecer. 

En resumen, esta novela…




Ahora voy a seguir leyendo Dilo en voz alta y nos reímos todos, de Fernando J. López. Algo ligero para pasar el duelo de esta novela.

¡Nos leemos!

sábado, 17 de junio de 2017

Hace casi un año.

Hace casi un año, un sábado como el de hoy, yo estaba muerta de nervios en una habitación alquilada. Por la ventana entraba la música de la fiesta de un colegio cercano. Yo, frente al ventilador, revolvía los apuntes. Y digo bien: los revolvía. No tenía cuerpo para estudiar más, por muchas razones. Mi propia vida estaba revuelta, como los apuntes, se avecinaban grandes cambios, aunque yo aún no lo sabía. 

Si estaba en una habitación alquilada (sin aire acondicionado) era porque me había sido imposible encontrar otro alojamiento. Ese fin de semana se celebraba la Noche Blanca del Flamenco en Córdoba, así que la ciudad estaba a rebosar. Hasta la pensión más simplona estaba llena. 

Esa noche pasé la noche en blanco, pero no escuchando flamenco, sino intentando vencer al calor y, sobre todo, a los nervios. Había reservado un taxi para que me llevase a la estación de tren (tenía que coger el tren de cercanías para llegar al examen), pero lo cancelé y me fui andando. A las cuatro y algo de la madrugada salía de mi alojamiento y caminaba por una ciudad en la que no me había sentido demasiado acogida. Ese paseo, sin embargo, me reconcilió un poco con Córdoba. Las calles casi desiertas, los gatos del vial, el fresquito de la madrugada... 

¿Quién me iba a decir que ahora iba a estar donde estoy? En aquel momento ni me lo imaginaba. Todavía no había nada hecho.

Hoy se celebra la Noche Blanca del Flamenco y, por suerte, no he tenido problemas con el alojamiento (cosas de vivir aquí). Además, tampoco tengo que estudiar para un examen de oposiciones (cosas de haber aprobado ya). Por si fuera poco, he terminado de pasar las notas de mis múltiples grupos de alumnos a la plataforma y, aunque si quisiera podría ponerme a hacer más cosas, creo que las haré durante la semana, que me he ganado descansar el resto del finde. Y creo que me he ganado irme esta noche a ver espectáculos de flamenco en mi maravillosa nueva ciudad. 

Pues eso, que esta noche, si nada me lo impide, me planto el vestidazo y me voy a sentir Córdoba, ea. 

Ya veis, la vida me ha dado un regalo y estoy intentando disfrutarlo tanto como puedo. 



martes, 6 de junio de 2017

Regalar cultura es clasismo (parece ser).

Hoy he leído este tuit de una librera a la que sigo.


Podéis leer toda la conversación si entráis en el enlace, os animo a hacerlo, pero el resumen es que Silvia Broome cuenta una historia sobre un niño que adora la Antigüedad y que va a la librería con su madre. Ella, que es especialista en historia antigua, le enseña de todo al niño y el niño alucina. Y la madre se gasta 80 euros en regalarle al niño los libros que le han gustado. 

¿Reacción lógica? Pues si hay que tener alguna, yo creo que es aplaudir y decirle a la madre que olé sus ovarios. No sé cuál es la situación de esa madre, pero gastarse 80 euros en libros y cultura para su hijo no me parece una mala inversión. Pero, ¡vaya!, resulta que esta reacción es clasista, supongo que porque no todos los padres y madres del universo pueden gastarse ese dineral en libros para sus hijos. Y es cierto, no estoy ciega. Pero hoy en día, en España, eso puede dificultar, pero no impedir, que estos niños tengan acceso a la cultura. Y lo sé, porque yo he sido una de esas niñas. 

Sí, ahora viene una anécdota ñoña sobre mi infancia. 

Mi familia ha sido siempre pobre. No pongo paños calientes. Para mí utilizar ropa de segunda mano ha sido lo normal (y no me he muerto, ojo). Por supuesto, los libros, siempre de segunda mano (si era posible). Desde muy niña recuerdo, vagamente, a mis padres haciendo cábalas sobre de dónde iban a sacar el dinero para pagar esto o aquello (mis gafas nuevas, las de mi hermano, mis aparatos para las piernas...). Así que, evidentemente, todo lo que no era necesario, era superfluo. Cuestión de supervivencia. 

No hablo de esto con amargura, ya no. De hecho, esta circunstancia vital mía me ha dado algunas alegrías (como esta) e, indudablemente, me ha hecho, en parte, ser quien soy. Pero yo no quería hablar de esto en concreto. 

A lo que yo iba. Mis padres no podían gastarse 80 euros en libros. Los libros eran, para mí, un premio. Cuando iba al médico y me portaba bien, me regalaban algún cuentecillo. Los Reyes traían libros. En mi cumpleaños, libros. Pero mi hambre lectora, que era voraz, no se satisfacía con aquello, así que hubo que buscar una solución. Y allí estaba: la biblioteca.  Yo tenía cinco años, casi seis. Mi madre se hizo socia de la biblioteca municipal y se venía conmigo cada tarde un rato a la biblioteca. Puede que no le veáis mérito, pero mi madre siempre tenía algo importantísimo que hacer o, mejor dicho, que limpiar. Ya entonces supe valorar esa hora o algo más que pasaba conmigo en la biblioteca, y más aún con el tiempo. No duró demasiado: en cuanto la bibliotecaria se dio cuenta de que yo no iba a dar ningún problema, mi madre me dejaba allí y pasaba a recogerme luego, y me encontraba igual que me dejó: con la nariz metida en algún libro. 

Yo no era una lectora exquisita. No leía a Stevenson, ni buscaba cosas "de mayores". No tenía criterio. Simplemente leía todo lo que se me ponía por delante y siempre tenía ganas de más. Y mis padres siempre se preocuparon de que, a pesar de los pocos medios que teníamos, esas ganas nunca quedasen insatisfechas. 

¿Es clasista eso? ¿Intentar que tus hijos tengan cultura si la quieren? Llamadme lo que queráis, pero a mí me parece todo lo contrario. Esta es mi manera de hacer lucha de clases: aprender. Esta ha sido mi manera: formarme. No quedarme ignorante, sino ir más allá para llegar a sitios en los que se suponía que no tenía que estar. 

¿En qué mierda de sociedad estamos si acceder a la cultura es clasista? ¿Qué no es clasista, permanecer ignorantes? ¿Cuándo se han pervertido tanto los conceptos? 

Y, por último, una pregunta más... ¿Soy yo o el número de tontos por metro cuadrado está aumentando preocupantemente? 


lunes, 5 de junio de 2017

Libro: Ritos funerarios, de Hannah Kent


Hace unas semanas desvirtualicé a MGnolia, y vino con un libro bajo el brazo y algunas cositas más :) El libro era Ritos funerarios y me dijo que había sido uno de sus libros del año. Una afirmación así crea curiosidad, así que en cuanto acabé lo que tenía empezado me puse con él. Un mes después, lo termino. Este año no estoy leyendo casi nada y eso me pone muy triste :( Pero en fin, allá voy con la reseña.

¿De qué va el libro? 

Agnes está condenada a muerte por el asesinato de dos hombres. El comisionado de la comarca decide que la ejecución debe tener lugar cerca de donde se cometió el crimen y que, mientras ese momento llega, Agnes debe ser custodiada por una familia de la zona. La situación, extraña e incómoda, genera una tensión grande en la casa que la acoge y en la comarca en la que esta se sitúa, pero la convivencia desencadena situaciones, sentimientos e intercambios entre los miembros de la familia y la condenada a muerte que conforman una inusual preparación para el temido momento. 

Hablando del libro...

Bueno, lo primero que debo decir es que el libro está basado en una historia real. Al comienzo de cada capítulo se pueden encontrar fragmentos de correspondencia, documentos oficiales, poemas y demás que hablan del caso del asesinato de Natan Ketilsson y su ayudante, y de la sentencia a los culpables de su muerte. Ritos funerarios está inspirado en la historia de la última mujer decapitada en Islandia y en la lectura se nota que hay un gran trabajo de documentación, eso sí, perfectamente integrado en la narrativa. La autora no se regodea  en los datos, pero la novela está plagada de detalles que pueden resultar imperceptibles pero que dotan a la narración de verosimilitud.

Sin embargo, eso no es lo que destacaría de Ritos funerarios, aunque, por supuesto, es algo meritorio. Ritos funerarios tiene un toque costumbrista que la hace brutal. Agnes se integra en la vida de la pequeña granja en la que la retienen como una criada más, de hecho, goza del trabajo y del trasiego, de sentirse útil, pero, al mismo tiempo, ni ella, ni sus guardianes, ni, por supuesto, el lector, puede olvidar que esa mujer está viviendo en tiempo prestado y que, a pesar de la cotidianeidad, en cualquier momento será ejecutada. 

Lo más cruel de todo es que se acaba por tomar cariño a Agnes. No quiero hacer spoilers, porque creo que el recorrido narrativo acerca de su personaje hay que hacerlo sin prejuicios, pero es verdaderamente emocionante. 

No es un libro que haya devorado, no solo por la falta de tiempo, sino porque el cuerpo tampoco me pedía leerlo apresuradamente. Eso sí, necesitaba seguir leyéndolo poquito a poco, sin pausa, saboreando poco a poco sus páginas. Me ha gustado de una manera serena y, con serenidad, he derramado lágrimas al final, porque sí, porque soy así de idiota.

¿Lo recomiendo? Pues sí. No es una lectura adictiva y rápida (o al menos a mí no me lo ha parecido), pero es una lectura que merece la pena experimentar. 

Os dejo un trocito...

Pero ven que tengo una cabeza sobre los hombros y creen que una mujer que piensa noes de fiar. Y le guste o no, ésa es la verdad, reverendo.

En resumen, esta novela...


Ahora he empezado a leer El cuento de la criada, de Margaret Atwood. Todo el mundo habla de él, y yo no soporto haberme perdido hasta ahora una distopía que merece la pena. 

martes, 23 de mayo de 2017

El año pasado.

Yo quiero creer que no siempre he sido así de triste y de cascarrabias. Que no siempre he estado así de amargada con algunas cosas. De hecho, hoy me he puesto a rebuscar en el blog, en post del año pasado por estas fechas y, oposiciones inminentes y todo, encontraba hueco para la alegría, para compartir, para hacer cosas que me gustaban. Porque me apetecía hacerlas. 

¿Recordáis cuanto os hablaba de mis niños? ¿Cuánto me ilusionaba con mi trabajo?

Echo eso en falta. Mucho. Y esta tristeza escuece mucho más cuando tengo momentos de tanta alegría y tantas razones para ser feliz. 

Es como una mancha en un cristal totalmente transparente. 

Menuda mierda. 



PD: A lo mejor estoy equivocada y ya era así de penas, gruñona y quejica antes... Si es así, me lo decís. 

Mr. Sandman, bring me a dream...

Últimamente la sonrisa se me tambalea con frecuencia. Basta un soplo de viento un abrazo para que se desate el temporal. Me cuesta dormir. Me cuesta reír. Me cuesta ver las cosas buenas, y sé que las hay, pero casi parece que se escondiesen, temiendo que toda esta tristeza les fuese a manchar los vestidos de volantes. 

Es tarde. Hace un par de horas que debería estar dormida. Tú también lo sabes. Oigo los engranajes de tu cerebro moverse (es que eres muy mayor), intentando dar con la manera de hacerme dormir rápido. Te tumbas a mi lado y me acaricias el pelo. 

-Quiero oírte. Háblame de nosotros -te pido.
-¿De nosotros? -preguntas.
-Sí. De nosotros. De cosas bonitas nuestras. 

Y hablas. Y hablas. Y de vez en cuando te paras, no sé si pensativo o somnoliento. Río bajito. Sigues hablando. Y sigues hablando. Y me traes sueños. Y ganas de dormir. 






Os dejo un poema que hoy me ha tocado la fibra. 

miércoles, 10 de mayo de 2017

No tengo ganas de escribir.

No tengo ganas de escribir. Me parece que nada de lo que tenga que decir tiene importancia. A decir verdad, me pasa desde hace algún tiempo. Y eso es un problema, porque acabo guardándome dentro todo el veneno y, en una de estas, me muero intoxicada con mi propia bilis. 

A lo mejor debería soltarlo pero ¿qué os digo? ¿Que hoy he leído que alguien defendía eso de ser becario por 0 euros hablando de la mediocridad de aquellos que prefieren ahorrar a triunfar? 


Podría, y podría deciros también que me ha hervido la sangre. No hacía falta que me dijesen que el autor de esa carta al director era un niño bien que ha sido mantenido por sus padres forrados de pasta toda su puta vida, ya lo sabía. A mí que no me vengan con esas mierdas. A ese no le ha faltado nada, necesario o no, nunca. No sabe lo que es trabajar para comprarse los libros de texto. Gastar lo mínimo para llegar a fin de curso con remanente porque el curso siguiente vas a tener que vivir de eso hasta que llegue la beca (allá por diciembre o enero). Ese no sabe que no se vive del aire y que no todos tenemos redes de seguridad. Ese no ha visto llorar a su padre por no haberle podido dar "nada". Vamos, no me jodas.

Y bueno, a eso me refería con el veneno.

Y la cosa es que no estoy para tragar mucho veneno, ¿sabéis? He tenido más tolerancia, pero últimamente la vida me queda grande y cualquier pequeña piedra en el zapato me hace perder el equilibrio. Me dicen que busque ayuda, que no me calle, que no me aisle, pero la cosa es que es una tontería, no es para tanto, a todo el mundo le pasan estas cosas y no puedo ser tan débil. Lo que tengo que hacer es, pues eso, ser más fuerte, tener más aguante, echarle ovarios. Y ya está. Todo pasa y esto pasará también. Y tengo que quitarle importancia. O empezar a dársela, no sé.

En fin, que a lo mejor me vendría bien contarlo, yo qué sé. Pero es que no tengo ganas de escribir. 

lunes, 1 de mayo de 2017

Cómic: Sandman. Obertura., de Neil Gaiman

El 30 de abril, ECC ediciones comenzó a publicar la edición Deluxe de Sandman. Serán 8 tomos así de chulos. Por suerte, el primero reune los 6 números de Obertura, la precuela de Sandman que se publicó en los últimos tiempos. Yo pensé en irme comprando los tomos de grapa poco a poco, pero pensé que tenía más sentido esperar a tenerlos todos reunidos en un ejemplar que fuese más resistente. ¡Por fin! Ya tenía ganas de leerlo...

¿De qué va el libro?

Si habéis leído Sandman (y quizá, aunque no lo hayáis hecho) sabréis que la saga empieza cuando un hechicero de poca monta consigue encerrar a Sueño dentro de una esfera durante varias décadas, provocando desastres en el reino onírico y desencadenando la acción. Pero ¿por qué fueron capaces de encerrarlo? ¿Qué había pasado para que un humano pudiese encadenar al Oneiromante? Eso es lo que explica Obertura.

Hablando del libro...

Esta edición recoge, como ya he dicho, los seis números de Obertura que se publicaron en grapa, pero incluso si la comprasteis en su momento, creo que merece la pena hacerse con este ejemplar por lo chulísimo que es. A mí casi me han dado ganas de rehacer la colección completa con el mismo diseño, pero se me ha pasado rápido (los cómics son caaaroooos).

Como ya he dicho, nos presenta la historia que explica por qué un humano pudo aprisionar a Sueño, estando este tan debilitado que hasta pudieron desposeerlo de sus objetos de poder. Es una cosa que yo no me había planteado, pero claro, tiene sentido: ¿Cómo puede un simple mortal dominar (hasta cierto punto) a un ser tan poderoso?

Bien, parece buena idea contar una historia que de razón del inicio de Sandman, ahora bien (me siento sucia y horrible diciendo esto), la historia no es gran cosa. A lo mejor, podría ser, quién sabe, que yo no me haya enterado de lo profunda que es, pero vamos, Obertura me parece que no está, ni de lejos, a la altura de la serie regular de Sandman. Me refiero al guión. Sí, es más atrevido y experimental, pero no tiene la riqueza ni la fuerza de las anteriores entregas. En cuanto a dibujo, por ejemplo, sí que es muy bueno, o a mí me ha gustado mucho, pero la historia...  Meh.

Evidentemente, sí que se dan los elementos por los que Sueño acaba debilitado, y se ve cómo un personaje se dedica a lo mismo que en la serie regular (esto es, a tocar los ... bemoles), lo cual aporta continuidad, no veo que la aportación sea demasiado grande. Llamadme tiquismiquis.

No me arrepiento de haberlo comprado, ni de haberlo leído, por supuesto, pero vamos, que no creo que lo relea (como sí hago de vez en cuando con la serie regular, y eso que tiene unos poquicos números). Y si yo estoy diciendo esto de algo relacionado con Sandman, es que merezco morir entre terribles sufrimientos y sin posibilidad de reencarnación, pero bueno, es lo que hay.

Merece que le deis una oportunidad pero, eso sí, siempre después de la serie regular :)

Os dejo un trocito...

Evidentemente, salvaré al gato, cómo no.



En resumen, este cómic... 


Me sabe mal poner este icono, pero bueno... No me ha disgustado, pero la verdad es que me ha decepcionado un poco: esperaba bastante más.

Ahora empezaré Ritos funerarios, que me lo regaló mi querida Runa. A ver qué tal. ¿Alguien lo ha leído? :)



viernes, 28 de abril de 2017

De barrio


Las niñas bien se ríen de ella, con sus camisitas bajo la chaqueta de punto y sus uñas de porcelana, pero a Lola no le importa. Siempre da un rodeo a la hora de volver del trabajo para pasar por delante del instituto privado de su barrio. Es la hora a la que los pijitos salen de clase, así que ella levanta bien la cabeza, saca pecho y pisa fuerte mientras mastica chicle con fruición. Al caminar mueve las caderas y su cola de caballo, altísima, oscila, acompañando el contoneo. Y sí, ellas se ríen y la llaman ordinaria, poligonera y otros epítetos aún menos agradables mientras bromean sobre la elasticidad de su entrepierna. Lola lo escucha, pero no le importa. Se limita a caminar más lento, balanceando aún más las caderas. 

Porque Lola lo sabe. Sabe que ellos, sus novios, la miran cuando ellas no se dan cuenta. Sabe que los niños ricos sueñan con averiguar cómo son sus piernas bajo esas ajustadas mallas de lycra, que imaginan las redondeces de sus pechos, apenas escondidos por las camisetas que dejan ver el ribete del sujetador. La desean y eso la hace sentirse poderosa. 

Siente sus miradas, las de ellas y las de ellos, clavadas sobre sí y sonríe. Bajo el desprecio de ellas, envidia, porque ellas también lo saben. Bajo la fingida indiferencia de ellos, deseo. Y en cada uno de ellos, la certeza de que esa tarde, cuando una de esas parejitas de beatos inocentes se deje llevar en el asiento de atrás de algún coche, en alguna habitación juvenil o en el baño de una biblioteca, ellos pensarán en Lola. 

Lola saca una piruleta y se la mete a la boca sin borrar la sonrisa. Está esperando: es cuestión de tiempo que alguno venza al orgullo y, eso sí, a escondidas, le proponga ir una tarde al cine. Su sonrisa se ensancha cuando piensa en su respuesta.

Puede que tengan dinero, pero el dinero no puede comprarlo todo. 



miércoles, 26 de abril de 2017

Depilación láser en Centros Ideal. La 1ª sesión. (I)



Hace poco decidí romper con otro de esos miedos catetos que tenía e informarme acerca de la depilación láser. A mí eso de olvidarte de los pelos casi por completo me parecía magia -aún me lo sigue pareciendo, no creáis- y, supongo que precisamente por eso, no confiaba demasiado en los resultados y no me lanzaba a probarlo. Bueno, por eso, y porque no tenía un duro. 

Ahora he conocido experiencias de gente que se lo ha hecho y está contenta, así que me lancé. He decidido hacerme la depilación láser de diodo en un centro Ideal, básicamente por el precio. Consulté tres centros y, entre los dos que más me llamaban la atención, no vi grandes diferencias de atención y demás, así que escogí aquel cuya oferta me parecía más atractiva. He pillado una promoción en la que tengo 5 sesiones de zona pequeña (ingles en mi caso) y 5 sesiones de zona mediana (en mi caso, medias piernas) por 145 euros. No está mal, ¿no?

Hace unos días fui a hacerme la prueba y fue muy bien. Hoy he tenido mi primera cita y estoy bastante contenta. No con los resultados que, evidentemente, todavía no son visibles y que, supongo, tardarán unas sesiones más en serlo, no tengo ni idea. Lo que sí me he sentido es muy bien tratada. En el centro Ideal de Córdoba al que voy las chicas son muy, muy amables y te hacen sentir muy cómoda.

Era mi primera vez, pero la chica no lo sabía. Aún así me ha dado todas las indicaciones con mucha amabilidad. Me ha invitado a entrar a la cabina de depilación y me ha dejado sobre la camilla un tanga desechable y un paquete de toallitas húmedas, por si las necesitaba. Me lo he puesto y, poco después, la chica que me ha atendido ha tocado en la puerta. Me he tumbado en la camilla y me ha preguntado entonces si era mi primera vez y demás. Ha sido muy agradable y me ha hecho el rato (que no ha sido demasiado) bastante ameno. Me ha dado unas gafas opacas para proteger los ojos y hemos empezado la sesión.

He agradecido, además, que me fuese indicando, paso a paso, qué iba a hacer. A la sesión hay que llevar las zonas a depilar rasuradas del día anterior, pero, aún así, ha repasado la zona por si se había escapado algún pelo tonto. Así era, así que lo ha quitado con una maquinilla de afeitar desechable. Después, me ha ido poniendo el gel del láser por zonas y me ha ido pasando el aparatito. En algunas zonas apenas lo notaba. En la zona de las ingles que entra más al pubis sí he notado más los pinchacitos, pero es algo perfectamente soportable.  Después de depilar cada zona, ha retirado el gel con una espátula y, al finalizar, me ha aplicado gel de aloe vera para calmar, lo cual me ha indicado que debo hacer yo también: aplicar agua fresca en las zonas y aloe vera. Lo he hecho, claro, pero no tengo ninguna molestia, ni rojez ni nada por el estilo.

Después, me ha dejado vestirme tranquilamente y, cuando he salido, he firmado por la realización de mis sesiones y me han dado cita para la próxima vez, dentro de dos meses. 

Hoy no puedo contar mucho más que lo que ha sido la impresión general y la sensación en la sesión. Seguiremos informando :)


miércoles, 19 de abril de 2017

Libro: Yerma, de Federico García Lorca.




Adoro a Lorca, lo sabéis porque lo he dicho muchas veces. Tenía la lectura de esta obra pendiente todavía y decidí empezarla en el pueblo, antes de volver a Córdoba, porque es breve y tenía aquí libros esperándome.  La acabé anoche, así que allá vamos con el comentario/lo-que-sea, porque desde luego dudo que quede aquí algo parecido a una reseña. 

¿De qué va el libro?

El libro, en un primer plano, trata de la historia de Yerma, una mujer recién casada deseosa de tener hijos y a la que no le llegan, que se consume viendo como el resto de mujeres llenan sus vientres. En un segundo plano habla de tantas cosas que dar una interpretación sería romper el libro. ¿Por qué no lo lees y sacas tus conclusiones?

Hablando del libro...

Aquí sí, aquí tengo que hablar de lo que yo he visto en Yerma. Sin embargo os pediría que no leyeseis este post si pensáis leer el libro pronto. Que esperaseis a leerlo un tiempo, hasta que se os olvidasen mis impresiones, para leerlo con vuestras vivencias y no con las mías, para encontraros con el mensaje de Lorca a pecho descubierto. 

No puede negarse que Yerma habla de la maternidad ansiada y no conseguida, pero a poco que rasquemos en la superficie me parece (tomaos todo lo que diga con cautela porque no tengo ni puñetera idea, son solo mis impresiones) que también hay una crítica velada a lo que se espera de las mujeres. ¿Por qué está Yerma tan empeñada en tener un hijo? Porque los hombres tienen campos, y ganados, y labor, pero a las mujeres solo les queda la crianza. De hecho en Yerma encontramos esa ansia de salir, de estar en la calle, de relacionarse... Pero me temo que no es un interés de realizarse fuera, sino más bien, un deseo de huir de una vida en la que no se siente a gusto y, por qué no decirlo, de fantasear con otra vida que, cree, le habría ido mejor.

Porque ese es otro de los temas importantes, no solo en Yerma, sino en todo el teatro de Lorca que he leído: la vida que tenemos que vivir, la que nos es dada, y la que deseamos, y cómo, o bien no podemos resistirnos a ese deseo, o bien la resistencia nos lleva a cometer atrocidades, o bien ambas cosas. Y esa es la parte que siempre me conmueve de Lorca. Cómo acabamos viviendo una vida que, en muchas ocasiones no hemos elegido. Como, a veces, esa vida perfecta nos tira de la sisa y nos la rasgamos para empezar de nuevo. Cosas que pasan. De verdad que pasan.

Y todo eso contado con la pasión y el desgarro de Lorca que, al menos a mí, me sacuden de pies a cabeza. 

¿Recomendable? Yo de Lorca no puedo decir otra cosa: Siempre sí. 

Os dejo un trocito...





En resumen, este libro...

Ahora voy a empezar a leer Sandman Obertura <3 ¡Por fin! :D Pero no será hoy, que se me han hecho las tantas entre unas cosas y otras. Es que a todo no llego y todo no puede ser, queridas mías...

¡Mua!


lunes, 17 de abril de 2017

Monstruos.


No conoces los monstruos que oculta detrás de esa sonrisa. Sí, la has mirado a los ojos mientras se apartaba ese rizo rebelde de la cara y la has escuchado hablar de nimiedades y de sus más profundos secretos. La has visto reír despreocupada y hundirse dos segundos más tarde, no te lo discuto. Por eso, solo por eso, crees que es débil y que te necesita. Si tú supieras las tempestades que ha capeado no te atreverías a pensarlo siquiera. Crees que es un pajarillo que volará siempre a tu mano para alimentarse y no te das cuenta de que eres tú quien se está acostumbrando a ella. 

Mírala, ahí va, se aleja con sus libros en la mano. Ahora volverá la mirada y sonreirá. Tú crees que es porque le cuesta alejarse de ti. Iluso... ¿No te das cuenta? Esa sonrisa te está diciendo que puede ser la última vez que la veas. Ah, ya... Los monstruos, los ves ahora, ¿verdad? 






La primera línea de este post se me ha ocurrido mientras fregaba. Sonaba esta canción, y creo que ha sido ella la que ha tenido la culpa. Así que lo he acabado mientras la escuchaba. Aparentemente, no tienen mucha relación. O sí. quién sabe.

Disfruten.


viernes, 14 de abril de 2017

Serie: 13 reasons why


Este post comenta aspectos relevantes de la serie, por lo que, si todavía no la has visto y eres sensible a los spoilers, no sigas leyendo :)



Esta tarde he acabado de ver "13 Reasons Why", una serie de 13 episodios de Netflix. Ya sabéis que de vez en cuando Netflix saca una serie que parece ser la mejor de todos los tiempos, o, al menos, que parece ser obligatoria. Esta es la última. Si tenéis Twitter, estaréis viendo que mucha gente habla de ella. 

¿Cuál es la premisa? Una chica, Hannah, se suicida y deja 7 cintas de cassette, 13 caras, grabadas, en las que explica las 13 razones por las que acabó tomando esa decisión, cada una de las cuales implica a una persona. Estas cintas han de pasar por las manos de cada una de esas personas que, a su vez, deberán pasarlas a la siguiente, de tal manera que se crea, de manera no oficial, una comunidad de "responsables" que conocen secretos los unos de los otros y que son cómplices, en mayor o menor medida, de la muerte de Hannah. 

Recorremos las cintas de la mano de Clay, aparentemente un buen chico. Él no sabe qué pudo haberle hecho a Hannah para estar en esas cintas pero, a través de sus ojos (o de sus oídos, más bien) vamos descubriendo lo que otros le hicieron. Él mismo va dándose cuenta de cuántas cosas no sabía de ella. Y, claro, en un determinado momento descubrimos por qué él está ahí. 

No voy a ponerme a comentar pormenorizadamente cada uno de los aspectos de la serie, pero sí quiero señalar varios temas que me ha parecido que estaban muy bien tratados. 

El primero, el tema del bullying. Es el tema central de la serie, claro. Todo gira alrededor de si el suicidio de Hannah se debió o no al bullying y de si lo que los otros chicos y chicas hacían con ella era bullying o no. Me ha gustado el enfoque, porque no plantean el bullying como algo brutal, al menos no de entrada. Son pequeñas cosas. Una foto. Una lista. Un rumor. Comentarios. Miradas por los pasillos. Pequeñas cosas que, cuando se suman y se dan unas determinadas circunstancias pueden hacerse muy grandes.

Lo que yo llamo el tema de los "buenos chicos". Me ha fascinado como los adultos de la serie no tienen ni puñetera idea de cómo son los chavales con los que tratan. Muchos padres se excusan en el "tú eres buen chico", y así se tranquilizan. Su hijo o su hija no han podido contribuir en modo alguno al suicidio de una compañera, no son esa clase de chico. Ni idea, lo dicho. No quiero decir que los padres no conozcan a sus hijos. Es simplemente que no saben lo que pueden llegar a hacer en un determinado contexto. Y, qué narices, a veces no los conocen.

El machismo. El trato que se da a las adolescentes y, asociado a ello, el papel que asumen. Las cosas que aguantan. Lo difícil que es ser mujer siempre, pero, especialmente, a ciertas edades. No quieres ser la estrecha, no quieres ser la puta, no quieres ser la fácil, no quieres ser la rara, no quieres ser... Y al final no sabes. Se educa a las mujeres, en buena medida, para agradar, y para agradar se toleran muchas cosas intolerables.

Por último, hay una moraleja que no se si queda clara o queda empañada por la manera ñoña en que se dice, no sé, pero que me ha parecido fundamental y muy potente. Y ahora que lo pienso, para lo potente que me ha parecido, en la serie queda un poco disuelta. Se trata de la idea de que tenemos que preocuparnos los unos por los otros, cuidarnos unos a otros. Sería un buen comienzo para resolver muchos problemas. No volver la cara, no hacer la vista gorda. Dar conversación al compañero que parece triste, decir una palabra amable a esa compañera que parece preocupada, intentar poner algo positivo en el día de las personas que nos rodean. No sé, conectar un poco más con nuestros semejantes. ¿O es muy tonto lo que estoy diciendo?

También hay cosas que no me han acabado de gustar. Por ejemplo, la necesidad de Hannah de tener a un chico en su vida (parece que todo se reduce a eso) o el hecho de que parezca que, solo con amor, se pueden superar los problemas, aunque son dos cuestiones que creo que pueden estar justificadas. A mí no me cuesta mucho justificarlas, de hecho. Hannah tiene una necesidad brutal de conectar y eso, unido al romanticismo propio de la edad, hace que sea muy importante estar con un chico. En cuanto a lo segundo, creo que quieren dar el mensaje de que si no dejamos a la gente sola podemos apartarla de salidas tan extremas como el suicidio y se les va un poco el mensaje.

En definitiva, no es la gran serie que quieren pintar, no es un hito en el mundo de las series (que somos un poquito exagerados, leñe). A mí no me lo ha parecido, vaya. Pero sí está muy bien y merece la pena invertir tiempo en verla. Y si aprendemos algo o nos hace pensar un poco, pues mejor.

Yo puedo deciros que, con lo poco que veo, no va muy desencaminada y que, como persona que trabaja con adolescentes, me ha dejado bastante mal cuerpo. 



jueves, 13 de abril de 2017

Mensajes.

Suena el teléfono, un silbido. No me hace falta mirar el móvil, sé que eres tú. Enciendo la pantalla, leo y suspiro. Esta vez tampoco es lo que me gustaría. 

Estás ahí? 😟

También sé lo que ha pasado sin necesidad de que me lo cuentes. Es otra vez la misma historia. Cambiarán los detalles, claro, pero, en resumen, él, otro él, habrá vuelto a hacerte daño. ¿Qué habría sido esta vez? ¿Te habría dado plantón? ¿Te habría dicho que no quiere atarse después de prometerte el cielo entero? ¿Habría jugado con tus sentimientos hasta sacar de ti lo que buscaba? Ya casi no tengo curiosidad. Ya casi no me importa. Ya casi pienso que te lo buscas. Y yo estoy harto.

Sí, harto. Harto de ver cómo te hieren, cómo se te rompen las alas. Harto de ver como vuelves a apostarte una y otra vez a juegos amañados. Y, mientras tanto, aquí estoy yo. Pero nadie piensa dos veces en el paño de lágrimas, ¿verdad? Se le usa y ya está. Al final tú y yo no somos tan distintos.

Pues, ¿sabes qué? Esta vez tendrás que recoger los pedazos sin mi ayuda. Eso. Voy a contestarte y a decirte que esta vez te las arregles tú solita.

No. Es cruel. Tampoco te lo mereces, no tienes la culpa. Nadie se equivoca a propósito, nadie quiere que le hagan sufrir. Pero te dejaré en visto. No puedes acudir a mí solo cuando tienes problemas y, un par de semanas más tarde, decirme que vuelves a estar ilusionada, que él es maravilloso y que esa es la buena. No. No cuentes conmigo para eso. Ya no más.


Sí. Qué ha pasado? :/


lunes, 10 de abril de 2017

Gente de mierda.

Hace poco lancé un tuit que me salió de lo más profundo del alma, fue este:



La cosa es que hay un montón de gente así, a la que le jode las muestras de cariño entre personas, ya sean familia, amigos o, sobre todo, pareja. Y a mí son ellos los que me tocan los cojones, fíjate tú.  Pero, como digo en el tuit, bastante tienen ellos, que si la felicidad ajena les molesta, ya deben pasarlo mal.

La cosa es que a veces no se tragan el veneno, tienen que soltarlo, porque a ver, ya que yo sufro, pues que sufran los demás, también. 

Anteayer me puse tristísima por unas cosas que leí en Instagram. Sigo la cuenta de una chica que, entre otras cosas, es modelo de tallas grandes. Es GUAPÍSIMA (para ser modelo parece ser un requisito xD) y parece bastante maja. Yo no la he tratado personalmente, simplemente veo sus fotos, poco más, pero no ha habido nada que me diga: "Ey, qué tía más petarda". Lo cual es una percepción personal y tiene la validez justa: ninguna. Esta chica puede caerle mal a cualquiera y parecerle un orco, la percepción es libre. Pero si nadie te ha pedido tu opinión, pues harías bien en callarte, o, al menos, en no ir a soltarle mierda a la chavala, digo yo.

Pues resulta que la chica estaba de celebración parejil. Desde hace unos meses sale con un chico, también guapísimo, que, tal parece, la hace muy feliz (y yo que me alegro). Pues la muchacha puso una publicación en Instagram recordando un momento de la noche en que se conocieron, todo muy azucarado, PERO ES QUE ES SU INSTAGRAM Y SE LO FOLLA COMO QUIERE. Pues ya llegó la lista de turno a decir que sobraban esas manifestaciones. Y no contenta con eso, se puso a cuestionar la relación que tienen: que ella se ha agarrado a él como a un clavo ardiendo, porque como está "como una foca" (sic) tiene miedo de quedarse sola, que por eso están juntos, que por eso se ha mudado a vivir con su pareja, etc. etc. etc. También cuestionó al chico, diciéndole que se plantease por qué su relación había ido tan rápido y bla-bla-bla. 

PERO VAMOS A VER, ¿qué le pasa a la gente por la cabeza, en serio? 

Después de toda la movida, la chica de la cuenta hizo otra publicación con una calma y una elegancia que ya quisiera yo... 

Las personas gordas, somos personas. Somos dignas de todo, como tú que usas una talla diferente a la mia. Soy digna de ser lo que quiera, de poseer física, emocional y materialmente lo que yo misma aspire a tener. Las PERSONAS tenemos derecho a todo lo que anhelamos. Si no crees en ello, el problema lo tienes tu, no yo por ser gorda. Tu puedes amar y ser amada/o por cualquier tipo de persona que te atraiga y sienta reciprocidad por ti, como yo. Tu puedes trabajar donde quieras, cara al público, tras una mesa de oficina, encima de una pasarela, o mocheando escaleras como yo. Tu tienes derecho a ser respetada, a vivirte sin ser juzgada y a sentirte lo que eres; cojonuda, como yo. Independientemente de nuestros cuerpos. #AdelanteCómeteElMundo #AttitudeIsEverything #JenniferUsandizaga #NoALasFaltasDeRespeto
Una publicación compartida de Jennifer Usandizaga Uterga (@jenniferusandiz) el



Y bueno, creo que este post se concluye solo. He aquí la diferencia entre la gente de mierda y la gente fetén.



domingo, 9 de abril de 2017

Entre líneas.

Ya estoy de vuelta en casa (en casa, en mi casa, en casa de mis padres... No sé, ando algo desubicada). Estoy intentando disfrutar al máximo de los pequeños detalles. Por ejemplo, creo que nunca os había hablado de cómo hablamos mi padre y yo de cosas íntimas y personales. Sí que os he contado que mi padre tiene una manera muy particular de ser cariñoso, o de sentirse orgulloso. De expresar sus sentimientos, en general. No conozco a nadie que quiera (que me quiera) así. No sé cómo consigue, sin palabras, decir tanto. Es mi superhéroe. 

Pero hay otra cosa en la que mi padre tiene un talento maravilloso. Cuando quiere saber cómo estoy, en lugar de preguntar a bocajarro (como podría hacer, porque somos manchegos, no tenemos tacto xD), deja caer preguntas aparentemente inofensivas y analiza, leyendo entre líneas. Su pregunta favorita es: "¿Qué tiempo hace por ahí?". A partir de mi respuesta, y sobre todo, del tono, sabe cómo me encuentro. Y sé que lo sabe, porque yo también sé leer entre líneas en sus respuestas.

Lo mismo ocurre cuando quiere preguntarme algo íntimo. De nuevo, podría preguntar, pero no lo hace. Ayer tuve una conversación que, aparentemente, no tenía ninguna importancia. Fue tranquila, parecía que no estábamos diciendo nada. Y sin embargo los dos sabíamos que no era así.

ー¿Aún ves al muchacho ese de Córdoba?
ーSí, nos vemos bastante. 
ー¿Y todo bien?
ーTodo bien.

La traducción aproximada de la conversación sería la siguiente:

ーSé que aquel muchacho no era solo un amigo. ¿Todavía vais juntos?
ーSí, llevamos unos meses saliendo juntos.
ー¿Y te trata bien? ¿Estás contenta? ¿Te hace feliz?
ーSí, papá. Estoy muerta de miedo, pero me está mereciendo la pena. No te preocupes. 

Mi padre puede parecer rudo, y lo es. Pero eso no le impide tener una sensibilidad que ya quisiesen muchas personas con las que me he relacionado. 

Lo adoro. Lo quiero tantísimo. Le debo tanto...

Ains. 


jueves, 6 de abril de 2017

Libro: El libro de Gloria Fuertes. Antología de poemas y vida (por Jorge de Cascante)



Anoche me acabé esta maravillosa antología. Aprovechando los descuentos de la Feria del Libro de la que se ha hecho mi librería de confianza, he encargado unos cuantos tesoros. Este fue el primero. No paraba de ver fotos en las redes sociales cantando sus alabanzas, y me lo tenía que creer, porque cuando Blackie Books se pone, se pone de verdad. Y tratándose de Gloria Fuertes, más tarde o más temprano iba a acabar comprándolo, así que decidí, como decía, aprovecharme del descuento y hacerme con él. No sabéis lo bien que me ha venido. Ha sido, verdaderamente, terapéutico. 

¿De qué va el libro?

Pues Jorge de Cascante nos presenta una antología de poemas en la que se intercalan vivencias o anécdotas de Gloria Fuertes. Estas historias están contadas con cariño, cercanía y delicadeza, como si quien hablase de Gloria fuese un amigo cercano y consiguen hacer redondo del todo un libro que ya tenía papeletas para ser perfecto.

Hablando del libro...

Como ya he dicho, se trata de una antología que, a mi manera de verlo, más que una intención académica, tiene una intención emotiva. No pretende el libro ser una recopilación sistemática de la obra de Gloria, sino crear un clima emocional que quiere homenajear a la poeta (que no poetisa) al mismo tiempo que revivir ese cariño que Gloria provocaba. Los poemas están escogidos y ubicados con un gusto exquisito, acompañan magistralmente a las historias y anécdotas. No se me ocurre cómo podría haberse hecho mejor, la verdad.

He dicho hace un momento que el libro pretende despertar en nosotros ese cariño que ya sentíamos por Gloria Fuertes. Cuando Gloria murió, yo tenía 10 años. No hacía demasiado que le había escrito una carta que iba a mandarle mi maestro, con un poema que yo hice para ella. Y es que yo desperté a la poesía con Gloria Fuertes y sus poemas para niños. Sí, es una manera muy tópica, pero así fue. Así que la adoraba. Cuando me enteré de la muerte de Gloria Fuertes lloré. Fue la primera vez que lloraba por una muerte, y no era la muerte de un familiar (todavía no había experimentado eso), sino la muerte de alguien que admiraba. La carta y el poema quedaron para siempre olvidados en un cajón, ya no sé si el mío o el del maestro. Con esto quiero decir que Gloria era un icono. Probablemente la recordéis como esa abuelita adorable que salía por la tele y que hacía poesías simplonas para niños. Pero Gloria era mucho más que eso y este libro, acertadamente, pretende que nos encariñemos con la Gloria completa y compleja. Con su talante infantil, pero también con su rabia, sus momentos bajos, sus malos vicios, con sus virtudes y sus defectos. Gloria era una mujer, y como tal, era mucho más que esa imagen que conserva de ella el ideario colectivo.

Así que, si quieres saber más de quién era Gloria Fuertes, te recomiendo este libro. En él encontrarás, por supuesto, poemas infantiles, pero también poemas adultos, duros, eróticos, rabiosos, reflexivos, solitarios. Mezclados, sí, porque creo que es como deben estar. 

Pero la cosa es que, además, me he sentido tremendamente comprendida por este libro, o por Gloria, no sé. Al principio se habla de cómo entiende ella la poesía (dice que le viene como el hipo) y de ese ensalzamiento de la espontaneidad poética (mantiene que, cuando corrige un poema, siempre le queda peor que al principio), dos cuestiones que me tranquilizan. No quiero dedicarme a la poesía, ni siquiera se me da bien, pero es cierto que yo también escribo así. Lo bueno o malo que tienen mis poemas es fruto de arrebatos y, tal cual salen, suelen quedarse. Porque son, sobre todo, auténticos en su visceralidad. 

Y no solo me he sentido comprendida en el sentido literario, podríamos decir. También he empatizado muchísimo con los sentimientos de Gloria. Con su manera de sentirse sola, con su manera de sentirse mujer, con su manera de amar... y con su manera de cagarse en todo, también. Con sus luces y con sus contradicciones. Que supongo que esto es pedante, pero así lo siento. No es que quiera yo decir que me parezco a ella, sino que me parece que, por medio de ella, me entiendo mejor. 

Y, por supuesto, me he emocionado. He suspirado, he llorado y he reído con esta antología. Anoche leí, casi al final del todo, un par de cartas que Phyllis, el amor de su vida, y Gloria intercambiaron, y me parecieron tan naturales, tan honestas, tan sinceras... que acabé llorando porque soy idiota

En fin, para que veáis que no exagero, os dejo una imagen de cómo ha quedado el libro tras la lectura.



¿Lo recomiendo? Sin duda alguna. 

Os dejo un trocito...

Poema que luego no podré escribir

Cuando no tenga nada que catar
más que la tierra,
que un hombre rudo me dé la cucharada
(de oficio enterrador), la paletada,
aún con la boca llena de tierra,
seguiré recitando enamorada:
Te quise y aún te quiero todavía,
                         toda viva te amé,
y hoy toda muerta
el timbre de mi voz
llama a tu puerta.

Lo siento, soy así,
algo pesada.


En resumen, este libro...

Y ahora ya veré qué sigo leyendo. Solo consigo mantener el ritmo cuando la lectura me apasiona y, últimamente, no me apasiono fácilmente (lo cuál aún le da más mérito a este libro...)

¡Un beso!

martes, 4 de abril de 2017

Bajo los naranjos.



Los pétalos caían
como juramentos.
Olía a azahar
y tú no me besabas.
Se pronosticaba lluvia
aunque hacía buen tiempo.
Un pétalo cayó.
¡Llamad a la ambulancia!

Entre tus manos posé
mi corazón muerto,
la sangre de mi alma
se derramó en palabras
y comenzó a llover
aunque hacía buen tiempo
porque olía a azahar
y tú no me besabas.






He escrito hace esto ahora mismo, recordando cómo esta tarde los pétalos que se desprendían de los naranjos me atacaban con saña y violencia. Y no sé, no es gran cosa, pero me parece bonito. 

Leer a Gloria Fuertes me está poniendo insoportable, pero no me importa.

viernes, 31 de marzo de 2017

Me han dicho que soy poesía.

Va por ti, A. Spinelli :)



Sí, el otro día me dijeron que era poesía pura. Y también me han dicho que cuando escribo soy más yo que nunca. Debo estar de enhorabuena, porque de un tiempo a esta parte la poesía me da como el hipo (le robo esto a Gloria Fuertes, porque me encantó la manera de expresarlo), no puedo pararla. Tanto es así que esta mañana me he ido a trabajar de mala leche porque tenía unos versos revoloteando en la cabeza y, con la prisa, no me he podido parar a escribirlos. 

Estoy escribiendo mucho. En parte por mi precioso cuaderno de Muerte. En parte, también, por mi querida Lamy AL-Star, de la que no me separo. Y en parte porque tengo el alma inquieta, como el mar, que hasta cuando parece tranquilo está agitado. Y hay que sacar todo ese movimiento de alguna manera. 

Y del mar va la cosa, porque vengo a traeros un poema (porque soy insoportable y pedante, qué le vamos a hacer) que escribí mirando al mar. No sé si os lo conté, creo que por aquí no, pero me fui a Fuengirola a pasar el puente de Andalucía y allí me reencontré con mi viejo amigo, el Mediterráneo. Por supuesto, cargué con mi cuaderno y mi pluma y allí, sentada en la playa, escribí. Y desde la terraza del apartamento, mientras el sol se reflejaba en el agua, escribí. Hasta desde la terraza del MacDonald's del paseo marítimo escribí. 

Este poema es uno de los que escribí durante esos días. No sé por qué, estoy bastante orgullosa de él, y ya sabéis que eso, en mí, es tela de raro. 

Os lo dejo aquí. 



La brisa mecía tu pelo
al despuntar la mañana.
Te rezaban, devotas, las olas.
Y tú querías ser de agua.

La espuma besaba tu rostro
y el mar me susurraba
tu nombre en una caracola.
Y tú querías ser de agua.

En la playa probé tus labios
de salitre, algas y nácar.
Me amaste como aman las mareas.
Y tú querías ser de agua.

Te musité palabras de amor
-testigo la luna clara-
pero no pude hacerte mía.
¡Tú querías ser de agua!




Echo de menos el mar. Y Fuengirola. Y aquellos días. 

Me quedan los recuerdos. Y los poemas. 

miércoles, 29 de marzo de 2017

Pros y contras.

Seguro que lo habéis visto alguna vez en alguna película o serie: a la hora de tomar una decisión se hace una lista con los pros y los contras y se toma la decisión en virtud de si los pros superan a los contras o a la inversa. Pues os voy a dar una exclusiva de mierda:

ESE

MÉTODO

NO

FUNCIONA. 

No, no funciona, porque si se trata de una cantidad numérica de pros y contras, es ilógico: una operación que te salve la vida, si nos ponemos estrictos, tiene un pro: te salva la vida. Pero a lo mejor tiene muchos contras pequeñitos. No es la cantidad, si no la cualidad del pro o del contra lo determinante, supongo. O una mezcla de los dos. 

Pero si entramos en consideraciones cualitativas, la hemos cagado. Porque a veces un contra puede tener una importancia pequeñita, irrelevante casi, entre muchos pros. "No, solo tiene este pequeño defecto, pero es que es tan maravilloso en todo lo demás...". Puede ser un contra molesto, pero hay otros muchos buenos y superan, tanto numéricamente como cualitativamente a ese contra. 

Ocurre, sin embargo, que la importancia que damos a los pros y a los contras no siempre es la misma. Puede llegar a darse el caso de que ese contra irrelevante cobre una importancia inusitada en poco tiempo, de modo que incluso habiendo más pros que contras la balanza se incline del lado contrario. Pero a lo mejor, cuando llega ese momento, ya es demasiado tarde o, al menos, ha pasado más tiempo del que nos habría gustado. 

Yo me he hartado de hacer listas de pros y contras a lo largo de mi vida y nunca, en ningún caso, me han servido de ayuda. Mis decisiones han sido tomadas, después de darle muchas vueltas a todo (muchísimas), con un "hasta aquí". Con frecuencia, en contra de la opción con más pros. Así me va. Pero es que cuando he hecho caso a "solo tiene un contra" o "es un contra muy pequeño", he acabado metiendo la pata hasta el fondo. Así que hace algún tiempo tomé una decisión firme: no voy a obviar más contras, no voy a hacer la vista gorda con ninguno. Y, desde luego, no voy a dejar pasar ninguno de los que he aprendido que son importantes, irrenunciables. Puede que peque de intransigente, no sé, pero es que resulta que en la vida no hay tiempo para ensayos y yo ya no tengo el cuerpo, ni el alma, ni el ánimo, para vivir a medio gas. 

O yo qué sé. 


lunes, 27 de marzo de 2017

Mi sindromecito de Stendhal.

Yo lo sabía. Yo sabía que Córdoba me iba a curar todos los males. Y así es. Ya puedo sentirme fatal, que si tengo la oportunidad de salir y callejear por Córdoba, el alma me pesa menos. Lo malo es que no siempre tengo tiempo...

Pero hoy lo he sacado. Lo necesitaba. Y no me he podido aguantar. Me pasa mucho. A veces tengo que hacer una parada y escribir. 

Os dejo un trocito de esta ciudad que me ha robado el corazón vista a través de mi pluma, aunque el homenaje no le haga justicia. 


Ya veo el puente romano.
¿Me esperas, Córdoba sultana?
Despunta el amanecer
y el sol te lava la cara.

El Guadalquivir susurra
su amor con palabras de agua
y furtivo te acaricia:
"¿Me quieres, Córdoba gitana?"

Arrebolados los versos
se agolpan en mi garganta.
Ya pisan mis pies tu suelo.
Te extrañé, Córdoba amada. 


viernes, 24 de marzo de 2017

El arroz, parte 2.

Hace casi tres años escribí un post en este blog para recordar una fecha especial: el primer día que me dijeron que se me iba a pasar el arroz. Pues bien, hoy, casi tres años después, vengo aquí a hablar, no de lo mismo, pero sí de algo parecido: de mis ganas, posibilidades y expectativas de ser madre. 

No soy una persona excesivamente lanzada hacia los niños, creo. No me encantan. No corro hacia ellos como una loca. Eso no quita, sin embargo, que tenga muchas ganas de ser madre. Bueno, a lo mejor muchas no es la palabra adecuada, pero sí entra en mis planes, sí me gustaría. Hubo una época de mi vida en la que no quería tener hijos, pero pasó rápidamente. Ahora sí quiero. 

Cuando rompí mi última relación, algunas personas se permitieron meter el dedo en la llaga, señalándome que ahora sí que tenía difícil lo de tener hijos. A estas personas les contesté, además sin despeinarme ni pensarlo siquiera, que, por suerte, una mujer con dinero no necesita a un hombre para ser madre. Lo pensaba de verdad. Incluso me había marcado un plazo. Y, tengo que ser sincera, pensaba que esa era la opción más factible: no confiaba en entablar una relación lo suficientemente firme como para decidirme a tener hijos con nadie en el periodo de tiempo que me había marcado. Así que sí, me había propuesto, seriamente, ser madre soltera. 

No es que yo fuese una incauta, sabía que algo así debía de ser complicadísimo, pero confiaba en poder hacerlo. Creía que merecería la pena y que, a pesar de todas las dificultades, iba a poder hacerlo bien. Hoy... Ya no lo tengo tan claro. 

Bueno, sí, lo tengo claro. Hoy creo que sería imposible para mí ser madre soltera y estar medio cerca de sentirme satisfecha con mi desempeño como madre. Pero tampoco creo que lo hiciese bien con compañía. En los últimos tiempos he trabado relaciones más o menos estrechas con madres trabajadoras y veo cómo van por la vida, y yo me siento incapaz de conjugar mi vida laboral ahora mismo con el cuidado de un niño.  Y sí, quizá este año está siendo especialmente intenso, pero no creo que las cosas vayan a cambiar tanto como para que mi opinión cambie. Y, por supuesto, dejar de trabajar no es una opción. 

Así que, de un tiempo a esta parte, pienso mucho en la maternidad y lo hago, sobre todo, para irme haciendo a la idea de que no va a poder ser. Sí, ya sé, aún me queda tiempo, en un par de años las cosas pueden cambiar una barbaridad, etcétera, etcétera. Pero no sé si tanto. 

Supongo que esto me convierte en otra de esas mujeres "egoístas" que ponen por delante su interés personal, que renuncian a tener hijos para tener una vida "cómoda". Eso también me hace gracia. El hecho de que no querer tener hijos no sea una opción válida, como si la procreación fuese un deber inexcusable. Pues no, no lo es. Tenemos derecho a elegir qué hacemos con nuestra vida, simplemente. Pero, sobre todo, tenemos derecho a escoger en una sociedad en la que, en muchos sentidos, la maternidad (la faceta "privada", familiar) y la vida pública (el trabajo, entre otras cuestiones) parecen ser incompatibles en muchos casos. Y si tenemos derecho a elegir, nadie puede culparnos por tomar una decisión o la contraria.

Así que, sí, mucho tienen que cambiar las cosas para que me decida a realizar ese ideal de ser madre que he tenido de un tiempo a esta parte (y dudo que vayan a cambiar tanto). Pero si tengo que elegir, prefiero elegirme. Prefiero avanzar, disfrutar de todo aquello que he conseguido con mi esfuerzo, intentar ser feliz de otra manera (aunque probablemente yo sí note siempre que me quedó algo por hacer). Prefiero eso que mirar un día a una criatura con resentimiento y culparla, injustamente, de lo que no pude hacer, de lo que no pudo ser. O sentir que lo hice todo mal: ser madre, ser mujer, ser trabajadora, ser persona. 

Supongo que habrá quien crea que soy inmadura, infantil, floja o a saber. Puede. Sé que otras mujeres pueden. Yo no sé si puedo llevarlo todo adelante, pero lo dudo. Y se trata de algo lo bastante importante como para no hacerlo con dudas. 

Acabo ya, sin más. Solo quiero decir que admiro profundamente a todas las madres, pero a aquellas que trabajan y crían y cuidan y educan, más aún. No me explico de dónde sacan el tiempo, ni las fuerzas. 

martes, 21 de marzo de 2017

La Bella y la Bestia (2017) y un anuncio.

El domingo estuve en el cine y fui a ver La Bella y la Bestia. Me lo merecía, después de las dos semanas que llevaba y la que me esperaba (la que estoy teniendo). Además, quería verla en VOSE, y me temía que no aguantaría mucho en cartelera. Total, que el domingo, en la sesión matinal, allí estaba yo, bien provista de pañuelos, que sabía lo que iba a pasar. 



Os pongo en antecedentes: La Bella y la Bestia es mi película favorita de la infancia. Es, de hecho, la primera película de la que tengo recuerdo. Me la alquiló mi madre en una librería-papelería-videoclub que había en mi pueblo, la vi y me encantó. Y al fin de semana siguiente pedí que me la alquilase. Y al siguiente. Y al siguiente. Y al siguiente. Hasta que mi madre se plantó y dijo que ya estaba bien de alquilar la misma película todos los santos fines de semana. Tanto me gustaba.

Siempre me he identificado con Bella: una letraherida, rara, solitaria, incomprendida... Pero yo, encima, fea. Y esta tarde, en un momento de evasión (mi cuerpo estaba en el trabajo, mi mente ya no aguantaba más allí) he acabado pensando que siempre he tenido debilidad por las bestias, ya sea en un sentido o el otro, pero en fin, que ni caso, que estoy un poco ida. Además, al final, la rara encontraba a alguien que la entendía, la belleza estaba en el interior, los desahuciados encontraban su sitio y bla-bla-bla. Me encantaba. Hasta en mi época de odio a los finales felices seguí respetando ese final.

Así que, eso, que era mi película favorita y tenía mucho miedo de que la rompiesen, pero iba con cierta confianza de que eso no iba a ocurrir. Y creo que no ha ocurrido. Creo, incluso, que la han mejorado en algún aspecto (aunque me ha sobrado alguna canción, pero bueeeeno). Pero como yo de cine no entiendo un carajo, solo os diré que me pasé la película llorando, y que me vino bien, porque telita qué días llevaba. Me emocioné un montón, me gustó mucho, y aún lloré a la salida, recordando la película. 

Me gustó volver a la infancia ahora que la veo tan lejos, ahora que me siento empujada hacia adelante y que siento que tengo tan poco tiempo para mí, para hacer lo que quiero. En fin, que os la recomiendo, es una buena película con la que pasar el rato, visualmente me pareció una maravilla y, bueno, no voy a decir nada más porque no puedo ser objetiva.



En otro orden de cosas, ayer en el post dije que tenía que hacer un anuncio triste. Quería dedicar un post, pero para que la gente no se me alarme, lo pongo aquí, en breve, y ya está. Hace algo más de un año anuncié aquí que iba a publicar una novela con la editorial 2deLetras. Muchos os alegrasteis por mí y os habéis interesado por el proyecto durante este tiempo. Algunos, los maś cercanos, habéis estado algo más enterados, pero la mayoría no, porque no me resulta fácil hablar del tema. Por circunstancias tristísimas, mi proyecto no pudo salir adelante. Estuvimos trabajando en él (no puedo dejar de agradecer a Verónica y a Diana su implicación y, especialmente a Diana, su paciencia y buen hacer), pero cuando la partida de una de las almas de la editorial truncó, entre otros, este proyecto. La cosa es que ayer me remitieron los documentos diciendo que, ya que no se pudo cumplir el contrato, me devuelven los derechos de mi obra. Así que nada, un sueño que se me murió en los brazos. Ya decía yo que era demasiado bonito para ser verdad...

Y sí, ya sé que puedo intentarlo de nuevo, pero no será con esa novela. Para mí está impregnada de muchas cosas negativas. Así que nada: de momento no voy a ser escritora.

(Y si las cosas siguen así, ni de momento ni nunca... >_<)

En fin, eso es todo. Voy a dejarme caer sobre la cama.

¿Me dais abrazos, porfi? Hoy me hacen falta.


lunes, 20 de marzo de 2017

Libro: Historia del Rey Transparente, de Rosa Montero.


¡Wooooooo! ¡Una reseña! ¡Ueeeee! 

Bueno, no os emocionéis mucho, que estoy medio dormida y esto va a ser, con toda seguridad, una basura. Pero hoy necesito hacer algo por gusto, y ya ayer me quedé con ganas de escribir en el blog (y eso que el post de ayer iba a ser bien ñoño y bonito, de esos que os gustan...), así que, allá voy. 

¿De qué va el libro? 

Historia del Rey Transparente es, en realidad, la historia de Leola, una mujer campesina −más bien una niña al inicio de la novela− que, por avatares de la vida, acaba convirtiéndose en caballero y en muchas más cosas en un medievo en el que, ni qué decir tiene, su sitio era otro bien distinto. 

Hablando del libro...

Adoro a Rosa Montero. Ya puedo decirlo. No he leído todo lo que ha escrito, pero la adoro. Si no hay que idolatrar a una mujer que inicia un libro así, A VER QUÉ. 


En serio, genial. En cuanto empecé el libro y me encontré con eso, me enganché. Me encantan los personajes femeninos de Rosa, esas mujeres fuertes y humanas (incluso cuando no lo son), verdaderas heroínas (incluso cuando no lo son). Sin embargo, aunque no me hubiese quedado prendada del libro en ese mismo momento, no habría tardado mucho en hacerlo, pues la novela es muy entretenida, llena de acción, aventuras, idas y venidas. La verdad es que, para lo poco y mal que estoy leyendo últimamente, he leído Historia del Rey Transparente con avidez y ganas y lo he disfrutado tanto como el agotamiento me ha dejado.

De nuevo me ha pasado con este libro, como con algún otro libro de Rosa Montero, que lo importante no es el destino, sino el camino. No esperéis un final epatante, la mayor parte de las vidas no lo tienen. Se trata simplemente de la historia de una mujer con unas vivencias extraordinarias, que no es poco. ¿Lo mejor del libro? A parte de la ambientación, las subtramas y demás, lo que más me ha gustado es la manera en la que se retrata el crecimiento de Leola. Se hace de una manera tan natural que no somos realmente conscientes de su evolución, o yo al menos no lo he sido, hasta que no vuelve a encontrase con su pasado. Me ha gustado mucho, muchísimo. Y lo mismo digo de ese toque de magia que no sabemos hasta qué punto es real. Yo quiero creer que lo es. Hoy necesito creer en la magia.

En fin, que un libro muy recomendable, con sustancia, pero al mismo tiempo ameno. ¡A leerlo!

Os dejo un trocito...

Y también dice Plinio: "Dios significa para un mortal ayudar a otro mortal, y ése es el camino para la gloria eterna". Y este Dios me gusta, le comprendo. Es mejor que el Dios del santo Job, como decía la Duquesa el otro día. Todos estos libros, lo noto, me están cambiando por dentro. Yo no podía imaginarme que esto de leer era como vivir. 

En resumen, este libro...

Ahora voy a empezar, si el agotamiento me lo permite, Tan poca vida, que me lo recomendó mi querida profe. A ver si puedo leer algo antes de caer rendida.

¡Muá!




PD: Os echo de menos, y echo de menos esto, y me pongo muy triste :(
PD2: Tengo un anuncio triste que hacer, bueno, al menos para mí es triste, creo que para el bien del universo es una gran noticia, pero hoy ya no tengo fuerzas. Ya encontraré el momento.
PD3: El domingo fui a ver La Bella y la Bestia, y quiero fangirlear mucho, pero no tengo tiempo, y sufro.
PD4: Me encantaba tener un blog :(

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