sábado, 30 de diciembre de 2017

Mi Tarro de Buenos Momentos de 2017

Este año llego un poquito tarde pero a tiempo: 2017 no ha acabado y yo ya estoy en condiciones de abrir mi tarro de buenos momentos y dejarlos por aquí. Así, antes de abrir el tarro tengo la sensación de que ha sido un año estupendo, el mejor desde que tengo mi tarro. También es el año que lo veo más lleno. Vamos a ver qué tal.


  • Regalo de cumpleaños de mi compañera L. 
  • Ir a ver "El burlador en Palacio". Es la primera vez que escucho ópera en directo.
  • Mis amigas estuvieron de visita para pasar el fin de año (y el principio) y fueron unos días maravillosos.
  • Puente de Andalucía mirando al mar con él :)
  • Merendar Roscón de Reyes de trufa.
  • Regalo de "despedida" de mi compañera MJ. Fue por una buena causa: se cogía la baja por maternidad :)
  • Concierto de Quique González en Málaga <3
  • Me regalo mi Lamy AlStar.
  • Regalos de Reyes de Kyol.
  • Ir consiguiendo, poco a poco, mi objetivo de perder peso.
  • Tener un trabajo al que volver.
  • Descubrir lo maravilloso que es tener una aspiradora en lugar de barrer.
  • Desayunar chocolate con churros un domingo en la Plaza de la Corredera.
  • Domingos de juegos de mesa.
  • La graduación con mis alumnos de Bachillerato *_____*
  • Sentirme a gusto sola en casa.
  • Visitar Medina Azahara y la Mezquita de Córdoba.
  • Las clases de danza oriental.
  • Donar sangre y que todo vaya bien.
  • Me encantan como Kyol dice la palabra "chiquitico". 
  • Escribir más poesía que nunca.
  • La hamburguesa "Arabian" del Comic Planet.
  • Regalo de Srta. Altramuz: calavera chulísima y broche.
  • Visita a los patios del Palacio de Viana y al patio de la calle Marroquíes.
  • Mis primeras vacaciones pagadas.
  • Vestirme de novia, desfilar como modelo y sentirme GUAPA.
  • Merendar tortitas con forma de corazón por San Valentín.
  • Ganar a Kyol al 7 Wonders Duel.
  • Pellizcar el pan caliente.
  • Regalos de cumple de mis amigos A y E: un calienta manos y un calienta pieses
  • Jugar al Mysterium.
  • Salir en el BOE y celebrarlo comiendo en La Tinaja. 
  • Mis alumnos de 2º de Bachillerato ponen un gatete gordo de fondo de pantalla del ordenador de clase para animarme.
  • El Libro de Gloria fuertes. 
  • Mi compañera L me regala un "típex" de monstruitos.
  • Mi manta suavecita.
  • Aniversario con Kyol. Me regala las obras completas de Luis García Montero <3
  • Vacaciones en la playa. 
  • Ver Cyrano de Bergerac en el Palacio de Viana.
  • El viaje a Madrid y el Museo del Prado.
  • Visitar el museo de Julio Romero de Torres.
  • Volver a disfrutar dando clase.
  • Probar la comida india.
  • Me encuentro con alumnos del año pasado. Me echan de menos. Algunos siguen estudiando con esquemas que yo les ayudaba a hacer. Me valoran.
  • Celebrar que la visita del inspector fue bien en La Tagliatella.
  • TODO mi cumpleaños, el día completo. Pasar el día sonriendo.
  • Festival Internacional de Juegos de Mesa de Córdoba.
  • Paseo por Córdoba para ir a renovar el DNI. ¡Qué bonita es! 
  • Aprobar el año de prácticas.
  • Descubrir mi nuevo restaurante chino favorito.
  • Me compro mi traje de gitana <3
  • Pintar la "Noche estrellada" de Van Gogh y quedar orgullosa del resultado. 
  • Concierto de la Orquesta Joven de Córdoba.
  • Visitar el Museo de Bellas Artes de Córdoba.
  • Las notas de Kyol escondidas por la casa.
  • TODO el Mayo cordobés. Bailar sevillanas en la Feria vestida de gitana. 

Si has llegado aquí y no sabes de qué hablo: tengo un tarrito en el que, durante el año, voy metiendo cosas bonitas que me pasan, que me hacen sentir bien. Pueden ser grandes o pequeñas. Las tengo como "cosas cuquis de emergencia" si la vida se pone fea (aunque no suelo recurrir a ellas) pero, sobre todo, lo tengo ahí para, al final del año, abrirlo y recordar buenos momentos, hacer recuento y darme cuenta que hasta los años "malos" han tenido luz. 

Este año tengo la sensación de que me olvido muchísimas cosas. Pero he sido muy, muy feliz y queda reflejado aquí. Así que nada, os animo a que en 2018 empecéis un Tarro de Buenos Momentos y lo abráis dentro de 12 meses conmigo. ¿Quién se apunta?


viernes, 29 de diciembre de 2017

Retrato



Escribí esto el 20 de marzo de 2015. 
Sigue siendo verdad.





Como no pertenezco a la tierra
sino al cielo
cargo en la espalda
una constelación de estrellas.
Bajo amenaza de locura,
leo
y me afean que,
más que vivir, sueño.

Será por eso que no aprecio lo útil,
que me hastía horriblemente lo mundano.
Creí que estaba destinada a grandes cosas.
Ahora creo que quizás aspiro a demasiado.

Mas no creo que sea imposible
cambiar el mundo
si lo hacemos gesto a gesto,
paso a paso.

Ser pensante y escribiente
que sangra por el alma
y por la pluma,
agnóstica respecto del destino
–pero ese agnosticismo me tortura.

Enemiga de mí misma,
cruel tutora,
me olvido de mis logros
y me reprocho los fracasos.
Doy demasiadas vueltas a las cosas
y no consigo llegar a ningún lado.

Sé que el mundo no es justo
y lo sé cierto (aunque no creo
en las verdades eternas).
Por eso, cuando la esperanza pierdo,
en el caos reinante busco la belleza.

En batalla constante con mil monstruos,
algunos míos, otros, heredados,
pido un deseo antes de cada golpe:
que el miedo no me venza
demasiado.


***


Hace unos días se me ocurrió que, en vista a todo lo que he escrito últimamente, debo de tener ya material para hacer un nuevo poemario. Son dos cuadernos, uno de ellos bastante grueso, llenitos de letras. Apenas me puse a pensarlo, la estructura del poemario se me apareció clara, transparente. Así que he estado trabajando en ello. Me he traído el primero de los cuadernos conmigo y, a ratitos, cuando me apetece, voy pasando poemas a un archivo de procesador de textos para poder manejarlos, corregirlos, organizarlos mejor. Cuando eso esté hecho, probablemente, haré un archivo epub como hice con Pedazos y lo pondré a la disposición de todo aquel que quiera leerme. 

Estoy un poco contenta, la verdad, porque voy reconociendo en mis poemas un estilo más propio, es como si encontrase en ellos una voz más o menos unitaria. Sí, varía, dependiendo, sobre todo, de mi estado de ánimo y de lo que estoy leyendo, pero ahí estoy yo, desnudando mis adentros, perfectamente reconocible. 

Como en ese poema. 

:)


jueves, 28 de diciembre de 2017

Jueves con mi vieja profesora.

Sé que hoy ya hay un post publicado, y que luego me tiro semanas sin escribir, pero es que esto no podía esperar. Disculpad el cutre-audio, que se oye regumal, pero tenía que contarlo.



Libro: Las cenizas de Ángela, de Frank McCourt



Hacía mucho tiempo que tenía ganas de leer este libro. La primera vez que lo vi era pequeña, muy pequeña. La madre de una amiga lo tenía en la mesilla del salón. Me llamó la atención el título y pregunté de qué iba. Me contestó que va de niños pobres a los que les pasan muchas cosas malas. Es un resumen escueto, pero no erróneo. Aunque ahora, después de leerlo, sé que va de muchas más cosas.

Como quizá recordéis, ya leí la tercera parte de la autobiografía novelada de Frank McCourt, El profesor, que también me gustó mucho.

¿De qué va el libro?

Pues el libro es la narración de la infancia del autor, Frank McCourt, pero no desde el punto de vista de un adulto, sino de un niño que va creciendo. Se trata de una infancia dura en la que una madre hace lo que puede para salir adelante con una numerosísima familia mientras su marido los abandona sistemáticamente por el alcohol. La mayor parte de la novela transcurre en el Limerick de mediados del siglo XX, una época en la que Irlanda no era precisamente una potencia económica, así que os podéis imaginar el drama.

Hablando del libro...

Cuando leí El profesor recuerdo que me maravilló la historia de cómo McCourt escribió este libro. Cuando se jubiló, simplemente, se puso a escribir. Él cuenta que mientras trabajaba de profesor no podía dedicarse a escribir. Y con su opera prima ganó un Pulitzer y reconocimiento mundial. Vaya manera de estrenarse.

El reconocimiento, creo, es merecido. No dudo de que el señor McCourt tuviese en su haber material más que suficiente para escribir una novela impactante y conmovedora, pero eso no es suficiente: también hace falta el talento de saberlo contar, y él lo tiene.

El hecho de haber elegido la perspectiva del niño Frankie para relatar sus memorias me parece todo un acierto, porque evita el vicio de ese dramatismo impostado y esa pizca de autocompasión que tenemos los adultos cuando hablamos de los momentos duros de nuestra vida. Frankie no lo ve como un drama, simplemente son cosas que le pasan, es así como vive, y eso hace que la lectura sea más fluida y liviana. Evidentemente, eso no quita que nosotros seamos adultos leyendo y veamos el drama y la gravedad de lo que ese niño narrador está contándonos.

Con el paso de las páginas podemos ver cómo cambia la actitud de ciertos personajes, cómo las desgracias les van ocurriendo una tras otra, cómo consiguen sobreponerse de una manera u otra, cómo consiguen malvivir y salir adelante. O no.

Me ha parecido una novela durísima, pero imprescindible, maravillosamente narrada y delicada a pesar de su crudeza.

Totalmente recomendable.

Os dejo un trocito... 

Viene a vernos a Billy Campbell y a mí y nos pide que vayamos a la iglesia de San José, que está a la vuelta de la esquina, a rezar pidiendo que Brenda aguante hasta septiembre.
-¿Qué ganamos nosotros con ir a rezar a la vuelta de la esquina, Mickey?
-Bueno, si Brenda aguanta y a mí me dan la semana de permiso podréis venir al velatorio y habrá jamón, y queso, y bollos, y jerez, y gaseosa, y de todo, y podréis escuchar las canciones y los cuentos toda la noche.
¿Quién podría rechazar eso? Nada como un velatorio para pasar un buen rato. 

En resumen, este libro: me ha encantado. 


miércoles, 27 de diciembre de 2017

Rara. No digo diferente: digo rara.




Soy una persona mentalmente sana. Más o menos. A pesar de mis cambios de humor y otras cuantas taritas, desempeño mi vida diaria con total normalidad y, poco a poco, voy venciendo miedos y barreras y haciéndome más autónoma y capaz (aunque aún me queda para alcanzar lo que yo creo que debería ser a mi edad, pero eso es otro tema).

Aún así, con mucha, muchísima frecuencia, me siento extraña. No sé si recordáis la sensación de la que os hablaba cuando tenía miedo a conducir. Se trata de una sensación de extrañeza absoluta cuando algo que es perfectamente cotidiano para cualquiera a ti te supone un problema casi insalvable.

Me pasa con muchas cosas. Por ejemplo, a la hora de relacionarme y hacer amigos. No tengo problemas para tener un trato educado y cordial en reuniones, en el trabajo, etc. Pero a la hora de establecer una relación un poco más cercana todo se me pone cuesta arriba. Ya os lo conté en este post. Alguien me dijo que necesitaba hacer amigos y, cuando escribí esto, se lo tomó como que me reía de él. Pero nada más lejos: ese post era un post muy triste. Yo veo a la gente hacer amigos con relativa facilidad, establecer relaciones superficiales sin problemas y, tras su ensayo y error correspondiente, veo que llegan a tener una amistad más íntima con algunas personas. Eso, para mí, es prácticamente ciencia-ficción. Y me siento horriblemente mal por ello. Yo querría ser normal. Que no me costase tanto relacionarme o decir que sí a un plan con gente. Pero me cuesta, mucho.

Me pasa también a la hora de planificar un viaje, una salida mínima. Por ejemplo, estas Navidades coincide que una amiga que está viviendo en Reino Unido está en Granada en unas fechas que yo estaré por Córdoba. Es lo más cerca que vamos a estar, así que se me ocurrió ir a dar un paseo por Granada y visitarla, y pasarme un día con ella. Si echo cuentas, probablemente no hayamos estado más de 48 horas juntas físicamente, pero no importa, la adoro y tengo un millón de ganas de verla. Pues el mero hecho de mirar billetes de autobús (porque me quedo en su casa, menos mal) ya me ha hecho acelerarme.

No sé. Hay multitud de pequeñas cosas que me desestabilizan un montón, todas relacionadas con la interacción humana y los planes a futuro (al menos todas las que se me ocurren ahora). Me generan muchísima ansiedad y me agobio una barbaridad. Y no se me suele entender cuando lo explico. Es lo de siempre: o soy una dramática, o una asocial, o una exagerada. O me ahogo en un vaso de agua, y sí, esto es así, pero no lo hago queriendo.

Y me parece bastante triste, pero cuando tengo que pedir un deseo a una estrella (sí, ya sé que no se cumplen, pero soñar sigue siendo gratis) pido sentirme normal.



martes, 26 de diciembre de 2017

Reescribir la historia.

Nadie es perfecto. Todos cometemos errores. Somos humanos. Y, a veces, además de humanos somos personas de mierda y, ya no es que no ayudemos, es que metemos palos en las ruedas de los demás y les hacemos la vida imposible. Porque algunas personas somos así. (El "somos" es por cortesía, este mensaje está inspirado en una persona muy concreta)

La cosa es que, a pesar de eso, de nuestro "anti-apoyo" incondicional, a veces puede ser que una persona salga adelante y las cosas le vayan bien. Incluso muy bien. Tan bien como para que la gente se maraville de lo que ha conseguido y le dé la enhorabuena. Tan bien como para que nos digan: "Jo, estarás orgulloso". Sí, eso a veces pasa.

Pero como somos personas de mierda, tenemos que sentirnos partícipes del triunfo de esa persona como sea, así que se nos olvida que se lo pusimos muy difícil y ahora nos dibujamos como seres comprensivos, que han apoyado siempre a esa persona, que le han dado ánimos en los momentos bajos. Y cuando habla de lo bien que le va nos permitimos decir: "¿Ves? Ya te lo decía yo, que este día llegaría...".

Y cuando nos dicen que no, que eso nunca ocurrió así, ponemos tal cara de desconcierto e indignación que nuestro interlocutor no puede hacer otra cosa que reírse, a pesar del rencor y del resentimiento. Es una risa amarga, porque ese triunfo que iba a ser, en parte, su venganza con nosotros, se ha convertido en un mérito, en algo de lo que nos sentimos orgullosos.

Pero no pasa nada. Ahora ya no le importa vengarse. Y eso es buena señal.

lunes, 25 de diciembre de 2017

Esas cosas ya no pasan.

La gente ya no se enamora en los trenes. La gente ya no se escribe cartas. La gente ya no se mira a los ojos. Los jóvenes nos hemos olvidado de lo que es el romanticismo, y enamorarse cara a cara, y cortejarse, y todas esas cosas. Creo que, en parte, nosotros también nos hemos creído ese discurso y, en ocasiones, añoramos tiempos lejanos en los que había que interpretar miradas y sonrisas para acercarse a alguien. Por eso, supongo, no esperaba enamorarme aquella mañana.

Quizá una razón por la que la gente no se enamora ya en los trenes es porque no da tiempo. Los trenes son demasiado rápidos como para que la chispa prenda. Yo, por suerte, había cogido un Talgo. Barcelona-Córdoba. Diez horas de viaje y poco que hacer. Por eso decidí aceptar aquella imagen por Bluetooth. No me detuve a pensar que podría ser cualquier cosa, simplemente acepté cuando vi el mensaje "MNF quiere enviarte un archivo. ¿Aceptar?".

Había hecho una imagen en Instagram (reconocí la tipografía). En la fotografía aparecía la parte trasera de uno de los asientos y, sobre ella, una pregunta: ¿Te aburres tanto como yo?

No sabía cuánto se aburría MNF, pero lo cierto es que sí, que me estaba aburriendo. así que hice lo mismo: fotografié desde Instagram el asiento delantero, sobreescribí "De 1 a 100, 200", descargué la imagen y se la envié por Bluetooth. Unos minutos después recibí otra con su usuario de Telegram. Dudé un momento, pero, finalmente, añadí al misterioso pasajero y le escribí un mensaje: "No me has dicho cuánto te aburres tú".

Me contestó que, también, 200, por lo menos. Entonces pude ver su fotografía. La abrí. Se veían los ojos de una chica escondidos tras la cabeza de un gato que, más que maullar, parecía rugir. Tenía el pelo oscuro y rizado. Volví a sus ojos. Brillaban. Otro mensaje me sacó del hechizo.

"Cuéntame un cuento o algo, ¿no?". El mensaje estaba acompañado por tres emojis con la lengua sacada. Era una broma. "Estoy leyendo el Ulises, de Joyce, si gustas...". "Entonces, mejor te cuento yo el cuento a ti, que el tuyo tiene pinta de coñazo". Comenzamos a intercambiar mensajes y, un par de horas después, ella me invitó a un café en el vagón restaurante.

Dicen que la gente no se enamora en los trenes, que ya no se mira a las ojos y que no sabe relacionarse mas que por medio de pantallas. Puede ser. Quizá por eso estoy aquí, esperando a que Marina conecte el dichoso Bluetooth del móvil para enviarle la foto de un anillo con una pregunta sobreescrita.

Yo dejaré el Bluetooth conectado esperando un sí.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Vuelve, a casa vuelve...

...por Navidad


Cada vez que vuelvo a casa me pasa lo mismo. Los días previos me invade la pereza (prepara maleta, deja todo organizado, deja atrás a tus amigos y vuelve a un pueblo de la España profunda allá donde aquel perdió el mechero) mezclada con las ganas (suelo pasar bastante tiempo sin ver a mi familia, pues solo voy en vacaciones, generalmente). Sin embargo, en cuanto arranco el coche y me pongo en marcha me lleno de ganas de llegar, de ver a mi familia, de oler mi casa (mi casa huele como ningún otro lugar, en serio), de dormir en mi cama, de ver a mi Gato. Y cuando llego me emociono, abrazo a la gente, veo cómo se alegran de verme y cómo, de repente, soy lo más importante y todos se mueren de ganas por complacerme y hacerme ver que me han echado de menos. Y eso ocurre, pero un ratito de duración variable. A veces esa imagen permanece durante unas horas. Otras, un día completo. En ocasiones, solo unos minutos. Porque lo que pasa es que, tras tanta ausencia, uno idealiza su casa y se olvida de que es un puñetero manicomio y que siempre hay algún problema.

Estar lejos de mi familia es relativamente cómodo para mi paz mental. Los que seguís este blog desde hace tiempo sabréis que idolatro a mi padre, pero que tengo una relación muy complicada con mi madre y que he sufrido mucho por esa relación. Lo mismo me pasa con mi hermano: lo adoro, pero lo paso fatal cuando veo las decisiones que toma en la vida, porque me parece que, en muchas ocasiones se equivoca. Que eso sería un problema mío si no fuese porque lo veo infeliz. Así que "ojos que no ven, corazón que no siente": estando lejos me abstraigo de todos esos pequeños problemas porque, siendo sinceros, mi familia no es extremadamente cercana o cariñosa, no nos contamos todo lo que nos pasa, así que vivimos todos en la ilusión de "si no hay noticias, eso es porque todo va bien".

Y claro, luego llegas y ves que no. Y la cosa no es que la situación no sea tal y como la habías imaginado, perfecta, porque eso es imposible. La cosa es que en ocasiones la situación es muyyyy diferente y mucho más compleja y negativa de lo que tú podías imaginar. Y yo, en esa situación, me siento impotente, porque no sé qué puedo hacer para ayudar y, al mismo tiempo, violenta por la situación. Y culpable, eso sobre todo. Culpable por estar lejos y por estar (mayormente) bien.

No sé. Llegué ayer y anoche mismo ya se rompió la magia. La estoy encontrando a ratos, en el cocido de mi madre, en ella ayudándome a arreglar unas prendas de ropa, en mi padre intentando poner el mundo a mis pies, en el calorcito de la estufa de leña... Pero la preocupación, la pena y el nerviosismo están empezando a ganar. Y ojo, que la cena familiar es esta noche. :( Casi estoy por pedir que mi deseo de Navidad sea que el virus que estoy incubando (o lo que sea) se dé prisa...

En fin, Feliz Navidad a todos y que disfrutéis de la noche. 

miércoles, 20 de diciembre de 2017

El vacío que dejas.



Te vas.

Aún no me has sacudido
de las alas
el hollín de la rutina
ni has encendido
el amanecer de mi cuerpo
con tus manos.

A pesar de todo,
te vas,
sin haber aprendido,
todavía,
mi idioma.

Ya no respirarás
mi nostalgia dominical
ni aplacarás
los temblores de mi cuerpo
con tus piernas.

Te vas,
y el sonido de la puerta
me recuerda
que soy incógnita.

La casa se llena
de susurros fantasmales
y, animada por sus voces,
medito sobre el destino.

Sin buscarla,
a esta ausencia acude
una nueva certeza:

nunca quise ser misterio,
yo quería ser poema
y que, aunque no me entendiesen,
mi sintieran.


martes, 19 de diciembre de 2017

Soledades.

Ayer comí sola y, mientras se lo comentaba a mi amigo Alberto, me decía que eso es muy triste. Pues hoy he vuelto a comer sola. Cuando he acabado me he ido a dar un paseo y me he tumbado al sol en un parque. No me he sentido mal. Me ha venido bien estar conmigo misma.

Hay pocas cosas más agradables que la soledad cuando es querida y buscada. No siempre es fácil estar solo cuando apetece estarlo. A veces hay compromisos, deberes y demás que no nos lo permiten. En ocasiones estar solo es un lujo.

Pero otras veces, cuando se quiere compañía, cuando se necesita un beso o un abrazo, entonces la soledad es una losa. En contraposición a mi soledad de primera hora de la tarde, del otro tipo, estará mi soledad de esta noche: llegaré a mi casa hecha polvo después de una jornada larga de trabajo y no habrá nadie para recibirme, más que el silencio, ni nadie me dará un abrazo, ni me prepararán la cena mientras me ducho, ni me acariciarán el pelo para que me relaje y me duerma. Esa será una soledad distinta.

Y es que hay más soledades que personas.


lunes, 18 de diciembre de 2017

Buenas noches.



Me quitaré a golpes los zapatos
y, a tirones,
los vaqueros y el jersey.

"¿Me ayudas?", pediré, sin mirarte,
y, por toda contestación,
recibiré un beso en el hombro
mientras te peleas con mi sujetador.

Recitarás, señalándolas con el dedo,
una a  una,
las constelaciones de mi espalda.

"Eso es trampa", me fingiré indignada,
"te las vas inventando sobre la marcha".

Contestarás: "Verdad,
y no por eso son menos reales".

Estrellarás tus labios contra mi nuca
y yo,
que nunca supe ir de farol,
me desharé en gotas de aire
poco después de que cuentes a besos
mis lunares.

"Mi cielo estrellado,
mi galaxia,
mi universo..."

Me harás el amor de nuevo,
jugando a que este cuerpo familiar
es un reto
                   -terreno inexplorado desde ayer.

Tras la rendición,
           -si hay fortuna,
             ambos victoriosos-
nos miraremos,
preñados de esperanzas secretas,
los ojos brillantes,
el alma embriagada,
y guardaremos con celo
nuestros sueños.
             -si los cuentas,
              no se cumplen.

-Buenas noches, amor.
-Hasta mañana.





domingo, 17 de diciembre de 2017

A través de las ondas.

Hoy me he levantado creativa y, a pesar de que el mundo se ha empeñado en ponérmelo un poco difícil, estoy dispuesta a tener un domingo relativamente bueno. Anoche Letraherido me recordó que me quedaba un relato por escribir del reto que inicié hace ya algún tiempo y era, precisamente, el suyo.

Allá voy. Me propuso que escribiese algo inspirado en esta canción de Miguel Ríos. Vamos a ver qué sale.

***


Candela se disponía a comenzar su ritual insomne. Cada noche se metía en la cama, leía un poco, tuiteaba algo, se despedía del mundo de afuera y cerraba los ojos, esperando que el sueño llegase. Normalmente no ocurría, así que, después de un buen rato dando vueltas, empezaba su segundo ritual para intentar conjurar a Morfeo: cogía los cascos, los conectaba al teléfono móvil y abría la aplicación "Radio FM", esa que ya ni siquiera incorporan muchos teléfonos y que, en los que está, parece ser un adorno, cuando no un estorbo. Tenía unas cuantas emisoras guardadas, pero últimamente siempre escuchaba la misma a estas horas. Esperaba encontrar su voz, ya familiar, susurrándole palabras tranquilizadoras. 

"Maldita sea, anuncios", se dijo. Pero apenas comenzaba a lamentarse escuchó la sintonía del programa y después, a él:

-Buenas noches, queridos radioyentes, ya estamos de vuelta. Si te acabas de incorporar, yo soy Lolo Ramírez y esto es "Mientras los demás duermen", el rincón de los insomnes en las ondas. Bienvenido. Bienvenida. 

Candela siempre pensaba que ese último "bienvenida" era para ella. Lo lógico, evidentemente, era pensar que intentaba ser políticamente correcto y no utilizar el plural masculino neutro, pero a esas horas no podía ni quería ser lógica. Su locutor favorito se refería a ella aunque no sabía ni que existía. 

Esa noche estaban hablando de frustraciones vitales. Una oyente contaba que siempre había querido tocar el violín, pero que nunca había tenido la oportunidad. Otro decía que le habría gustado viajar mucho más y que ahora, por su salud, le era imposible. Ella tenía muchas frustraciones que comentar, su vida entera era una frustración hecha de frustraciones. Pero la más urgente en ese momento era la de no poder decirle a Lolo Ramírez lo que su voz significaba para ella.

Introdujo una mano bajo el pantalón de su pijama y comenzó a acariciar su sexo suavemente. Estaba mojada, muy mojada: tal era el poder que la voz de Lolo tenía sobre ella.  Consiguió llegar al orgasmo poco antes de que empezase la siguiente tanda de anuncios publicitarios. Apagó la radio, se quitó los cascos y se giró en la cama, notándose ya somnolienta. "Algún día tendré que contárselo. Que su voz me acuna todas las noches y que me hace el amor sin saberlo. Algún día". Sostuvo ese pensamiento unos instantes hasta que el sueño, por fin, la venció. A varios kilómetros Lolo Ramírez volvía a la carga, hablando ahora de amores imposibles, sin tener ni idea que él era uno de esos,  sin imaginar siquiera que acababa de hacerle el amor a una mujer. 

Eso debe ser a lo que se refieren cuando hablan de la magia de la radio. 



***


Bueno, espero que os haya gustado, especialmente a Letraherido que fue quien propuso la idea. 

Yo ahora voy a ver si consigo estirar un poco más este domingo y seguir sosteniéndole el pulso a la nostalgia. 

¡Abrazos! 

sábado, 16 de diciembre de 2017

Paisaje marítimo.


-¡Mamá! ¡Mira qué azul
está el mar!
-Y las olas son chiquititas
para que puedas jugar.

-Mira qué claro
está el cielo!
-Y aquella nube, solita,
parece un borrego.

» Y allí, al fondo, ¿no ves
ese barquito velero?
-En él te llevaré, mamá,
a la Luna de crucero.




jueves, 14 de diciembre de 2017

No nos vemos.

El otro día vi en Twitter una iniciativa llamada "Positivity Challenge". Consistía en poner una foto en tu TL con las instrucciones del reto, a saber: dejar la imagen una hora para que tus seguidores pusiesen algo bueno sobre ti, algo amable. Lo vi en el perfil de una amiga y solo yo le di una respuesta. Después, por curiosidad, lo puse yo. Pasó la hora y no había recibido ninguna respuesta.

No me lo tomo a la tremenda. Evidentemente, hay gente que me quiere, o eso quiero pensar, y gente que me valora, o eso parece :P Pero me resulta curioso que en una red social en la que se dicen montones de banalidades por minuto nadie tuviese unos segundos para decir algo bonito de mi amiga o de mí.

Quizá sea que estoy susceptible con el tema, pero últimamente tengo la sensación de que no nos vemos. De que compartimos nuestra vida con personas transparentes. En el trabajo, en clase, en los comercios, e incluso entre nuestros amigos. Pasamos tiempo con personas (mucho o poco) y rara vez nos detenemos a apreciarlas seriamente, a apreciar sus virtudes, a agradecer lo que aportan a nuestra vida. Y, cuando lo hacemos, no solemos decirlo. ¿Por qué?

Hace ya algunos meses yo misma inicié algo así como el Positivity Challenge. Toda persona que hiciese fav en un determinado tuit, recibiría un comentario amable por mi parte. Fue fácil con los seguidores con los que interactúo normalmente, pero también hubo gente a la que no conocía de nada. Pues bien, miré un poco su perfil y busqué algo amable que decirles, aunque fuese superficial, pero era algo amable. No sé, pensad en cuántas cosas amables os dicen al cabo del día.

No sé, nunca me había imaginado a mí misma en esta situación, en plan "amaos los unos a los otros", "decíos cosas bonitas". Es muy poco mi rollo, la verdad. Pero bueno, ahí estamos. Últimamente estoy interpretando tantos papeles que no creía que me quedasen bien que, por uno más, no creo que pase nada.

En fin... QUE OS DIGÁIS COSAS BONITAS, LEÑE.

Sí, así mejor. Más mi estilo.

martes, 12 de diciembre de 2017

Miradas.


Ya solo quiero que me mires
como ahora:
como el sediento que contempla
 un oasis,
como el ateo que presencia
un milagro,
como el avaro que encuentra
una moneda,
como un joven a su amor
primero.

Mírame así,
como si yo fuera imposible,
como si estuviese prohibida,
como si no me viese nadie
y mi existencia
radicase en el reflejo
de tus ojos.

Y si algún día sientes
que vas a mirarme de otro modo
aléjate, y no sientas culpa.

Si no vas a mirarme como ahora
no me mires, amor.
Cierra los ojos.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Dentro.

Hace ya algún tiempo que no publico nada así que hoy, que me siento un poco vacía y extraña, me he decidido a llenar espacio aquí. Son poemas, que ya tengo escritos, pero, al menos, esto se mueve un poco. No sé, nunca he sido muy de horror vacui, pero ahora, a estas alturas, parece que me entra...




Dentro de mi piel me quedo:
fuera no hay nada.

Dejadme aquí, en mi silencio,
donde nada me perturba,
donde la lluvia y el trueno no llegan.
Dejadme sola.

No queda espacio en el mundo
en que quepa entera.

Aquí, en mi piel me quedo,
nada hay para mí fuera.

Nada soy, nada tengo,
afuera nadie me espera,
en el mundo a nadie intereso
y la soledad me consuela.

Mas, si acaso me equivoco
y mi ausencia te atormenta
no lo dudes, te lo ruego:
ábreme la piel y entra.



sábado, 25 de noviembre de 2017

Libro: Los santos inocentes, de Miguel Delibes.



Me apetecía leer algo cortito antes de ponerme con un libro más extenso y recordé que tenía pendiente este clásico. Lo empecé y, para lo lento que estoy leyendo, me lo he devorado. Os hablo un poco de él.

¿De qué va el libro?

El libro narra escenas cotidianas de varios "empleados" de un cortijo extremeño y sus familiares, así como de la relación de estos con sus señores en los años 60. Uso las comillas en empleados con toda la intención: no son empleados, sino siervos.

Hablando del libro...

Se trata de una novela breve, de estilo y argumento sencillo, pero estremecedora. Los santos inocentes es sencilla, transparente, y a lo largo de su narrativa se ve la mierda tan grande que ha sido este país y que, en buena medida, sigue siendo. La vida de estas personas sencillas ha sido la vida de mis abuelos y, en parte, la de mi padre.  No os exagero si os digo que he leído la novela con los puños y los dientes apretados y esforzándome porque la bilis no se me desbocase. Cuánta rabia, señor, cuánta rabia.

Evidentemente, la novela es una ficción, pero cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia, sino totalmente intencionado. Así se vivía en el campo durante la posguerra y, aún hoy, pervive buena parte de ese servilismo de unos y ese despotismo de otros en el medio rural, y no os lo cuento de oídas, sino porque lo he vivido en primera persona.

La novela me ha provocado una sensación de angustia, rabia, pena, indignación, todo mezclado, que me ha resultado difícil controlar. Por supuesto, la historia, los hechos narrados, tienen buena parte de la responsabilidad de ese sentimiento, pero también hay que señalar el estilo en el que está escrita: un estilo indirecto libre (no sé si es el término correcto, lo recuerdo vagamente del instituto xD) en el que las palabras de los personajes están insertas en la narración, sin marcas, sin indicaciones, sin guiones. Esto, al menos a mí, me ha provocado una sensación de lectura atropellada, ansiosa.

Lo cierto es que podría seguir hablando del libro HORAS, pero tendría que meterme en el argumento y tampoco quiero hacerlo. Solo os diré que en los últimos días me he abrazado fuerte al recuerdo de este libro y, con él, a mi herencia, y que me he sentido indignada, triste y rabiosa porque todavía hay muchos que se creen por encima del resto, por estatus, estudios, procedencia, lengua... Y parece que no aprendemos.

Os lo recomiendo mucho, muchísimo, y si no se os revuelven las entrañas, preguntaos por qué.

Os dejo un trocito...

[...]la culpa de todo la tiene este dichoso Concilio,
y algún invitado cesaba de comer y le miraba fijo, como interrogándole, y, entonces, el señorito Iván se consideraba en el deber de explicar,
las ideas de esta gente, se obstinan en que se les trate como a personas y eso no puede ser, vosotros lo estáis viendo, pero la culpa no la tienen ellos, la culpa la tiene ese dichoso Concilio que les malmete, [...]

En resumen este libro...


Ahora creo que empezaré a leer Philomena, ya que lo compré en papel. O quizá acabe de Platón a Batman, que lo tengo ya empezado una temporadita XD :P



miércoles, 22 de noviembre de 2017

Retratos a tiza (VII): Diversxs.

Mi profesión es complicada, porque se lidia con sensibilidades muy distintas y, ya se sabe, los adolescentes no tienen filtro (generalmente). Pero, además, mis asignaturas suelen prestarse a pisar callos con más frecuencia que otras. Educación para la Ciudadanía y Valores éticos son materias que, pese a contar con una hora lectiva semanal, tocan temas peliagudos y que requieren mucha más profundidad que la que ese tiempo prestado nos permite.

Los temas peliagudos salen. Bien porque la materia los requiere, bien porque el alumnado, haciendo relaciones de ideas, va de una cosa a otra y acaba llegando a ellos. Y ojo: con temas peliagudos me refiero a violencia de género y maltrato, inmigración, igualdad de oportunidades, discriminación, homofobia... Nada del otro mundo, a mi modo de ver. Pero cada niño viene de un contexto y bueno... Hay cosas que por muy de justicia que sean, no entran en sus cabezas. El año pasado tuve unas cuantas clases llenas de amargura porque mis chicos y chicas no entendían que NO ESTÁ BIEN que tu novio controle cómo te vistes. Tal cual.

Así que esa certeza sí la tengo: van a salir temas difíciles. Lo que no sé es cuál va a ser el escenario, la reacción. En el mejor de los casos se requiere un poco de mano izquierda y capacidad de sosegar los ánimos. En el peor, un lanzallamas y una caja de tranquilizantes para después. Este año, gracias a todos los dioses, estoy teniendo mucho de lo primero y nada -de momento- de lo segundo. Y es que tengo niños curiosos, abiertos, respetuosos. Y, además, tengo niños y niñas valientes.





Ella ya tiene 16 años. Está repitiendo cuarto y apenas hablaba. Le gusta dibujar, pero las palabras no son lo suyo. Recuerdo cómo celebré la primera vez que intervino en clase. Bajó la mirada ante tanto entusiasmo y, estoy segura, pensó que estaba algo loca (lo cual no tiene por qué ser un error). El otro día hablábamos de discriminación y de cómo es nuestra responsabilidad visibilizar la diversidad.

-Por eso yo, cuando os pongo un ejemplo, suelo deciros: "Porque si te echas novio, o novia...", ¿os habéis dado cuenta?

Un chico me dijo que eso no era necesario, que una persona gay no se iba a ofender porque entendía que si yo ponía un ejemplo heterosexual no era por discriminación, sino porque era lo normal. Entonces ella levantó la mano.

-No es así. Yo soy bisexual y...

Lo dijo, así, con toda la naturalidad y creo que con el volumen más alto que le he escuchado. "Soy bisexual". El tiempo se paró. Para ellos no, para mí. Se me paró el corazoncito. Recé internamente que nadie dijese una barbaridad. No pasó. Ella continuó hablando.

-...cuando no lo tenía claro no entendía que eso podía ocurrir, creía que la única manera de ser correcta era ser heterosexual o gay, pero que me gustasen los dos sexos no me parecía una opción, creía que tenía que aclararme, decidirme. Lo pasé mal. Por eso hay que hablar de estas cosas en clase.

Pues nada, mientras se pueda, hablaremos.





Él -utilizo este pronombre porque, de momento, es el que él utiliza- es particular, especial en muchos sentidos. Me di cuenta el primer día y lo he ido confirmando poco a poco. Mientras hablábamos de casos de discriminación que habíamos visto o sufrido. él dijo que se había sentido discriminado por varias razones y, una de ellas, fue la de no ser una persona fácilmente clasificable en cuanto al género.

-Soy un chico con muchos rasgos femeninos y eso hay gente a la que le molesta.

Entonces uno de sus compañeros, que es muy curioso y muy inocente, le preguntó sin malicia:

-Pero tú, ¿qué te sientes?

Me apresuré a ponerme en posición de ataque para parar un posible conflicto. Creo que el alumno que preguntó lo detectó, porque añadió inmediatamente:

-Que lo pregunto por curiosidad, nada más.

Mi otro alumno contestó con una serenidad pasmosa y una educación apabullante:

-Pues, la verdad, no te puedo responder. Si tuviésemos más tiempo a lo mejor podría intentar explicártelo, pero es que hasta para mí es muy difícil. No puedo darte una respuesta corta.

Me quedé esperando la repregunta, porque este alumno es de los que no se conforma con cualquier respuesta (y bravo por él), pero no la hubo. Se encogió de hombros y dijo:

-Ah. Vale. Gracias por responderme.

Y se dio la vuelta, sin más. No hubo bajas ni heridos.


De verdad que este curso me están pasando algunas cosas que no me creo...


martes, 21 de noviembre de 2017

Hacer amigos.

Hoy me han dicho que necesito hacer amigos. Necesito gente con la que quedar, cuando apetezca, a tomar un café, y a la que contarle mis cosas. Amigos propios con los que sentirme a gusto.

Lo intenté. El año pasado, a estas alturas, lo estaba intentando. Miré páginas web, aplicaciones móviles, grupos... Miré muchas cosas. Y no salió bien.

No salió bien por varias cosas. La primera es que parece que el fin más popular con el que relacionarse con otras personas es el sexo. Y bueno, ahora mismo no estoy interesada. Hay muchísimas aplicaciones para quedar y acostarse con gente, pero no tantas para quedar y tomarse un café sin más pretensiones. De hecho, algunas de ellas se venden como eso: aplicaciones para conocer gente, en general. No os engañéis, todo el mundo activo allí busca sexo o una relación romántica. Los que no salimos de allí por piernas al tercer intento, si no antes.

Y luego está que yo soy es-pe-cia-li-ta. Y utilizo el diminutivo con toda la intención: soy especial en su acepción más negativa: rara, difícil. No soy de esas personas que sale y toma un café y habla de cosas superficiales con cualquiera. Quizá sea porque, en esencia, soy introvertida, y el esfuerzo que invierto en relacionarme con alguien tiene que aportarme algo valioso, tiene que compensarme.

Hubo algún intento de acercamiento. Hablé con algún chico, hasta que descubrí que las intenciones no eran tan desinteresadas, y con alguna chica. En el caso de las chicas (dos) pronto acabé dándome cuenta de que la cosa no iba a cuajar. También albergué algunas esperanzas cuando, también a estas alturas, quedé con un grupo de participantes en el NaNoWriMo, pero luego eso tampoco ha seguido mucho después. Éramos pocos y cada uno tenía sus mierdas, así que...

Total, en resumen, que soy lo peor haciendo amigos. Soy reservada, rara, difícil. Por suerte cuento con algún amigo, pero todos en la distancia. Y Córdoba es una ciudad muy pequeña y puede que ya conozca a los mejores entre sus habitantes :P. Así que no sé. Supongo que me quedaré sin amigos propios. Al menos de momento.

De momento, y en un titánico esfuerzo por superar esta incapacidad mía, he quedado para comer este viernes con una compañera de trabajo. A ver qué tal.

Se admiten consejos y, si eres de Córdoba, propuestas decentes. Gracias.


sábado, 18 de noviembre de 2017

Libro: Siempre tuyo, de Daniel Glattauer.




Hace un par de semanas conseguí este libro en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión por 3 euritos de nada. De Daniel Glattauer ya he leído 3 títulos: La huella de un beso, Contra el viento del norte y Cada siete olas, y los tres me gustaron muchísimo. Por eso no me lo pensé y me cogí uno. Ya lo he acabado, lo cual, para lo lento que estoy leyendo yo últimamente, es todo un logro.

¿De qué va el libro?

Judith está soltera y acostumbrada a su soltería aunque, evidentemente, se siente un poco fuera de lugar en un universo lleno de parejas. Entonces se cruza, por accidente, con Hannes, el cual queda prendado de ella. Hannes es el hombre perfecto, el novio perfecto, el yerno perfecto, el cuñado perfecto, el amigo perfecto. Hannes es perfecto, a secas. Entonces, ¿por qué Judith no está perfectamente feliz?


Hablando del libro...

 Lo he pasado verdaderamente mal leyendo este libro, os lo prometo. Los otros libros de Glattauer que he leído eran libros románticos maravillosos, que disfruté una barbaridad. Este, en cambio, ha llegado a hacerme temblar (literalmente) de angustia. Es acojonante cómo este hombre juega con los sentimientos del lector. Magistral, de verdad.

También es cierto que a lo mejor este libro es fácil que me afectase a mí, por circunstancias personales. Pero, de verdad, muy, muy recomendable.

Si no has leído el libro y te puede interesar leerlo, te recomendaría que no siguieses leyendo, porque es mejor leer el libro sin prejuicios ni ideas preconcebidas. Además, esta lectura ha sido un poco dura para mí y voy a comentar algunas cosas de manera bastante explícita, porque lo necesito.

Como decía, Judith conoce a Hannes por accidente, cuando él le pisa un talón en el supermercado. A partir de ese momento Hannes parece aparecerse en todas partes. Un día le pide una cita y ella accede, más por quitárselo de encima que por otra cosa, porque Hannes no le gusta nada, pero, a raíz de esa primera cita, las cosas empiezan a cambiar: Hannes la idolatra, está loco por ella, y el ego de Judith lo agradece. Así que, ¿por qué no darle una oportunidad?

Hannes y Judith comienzan una relación bastante agradable, llena de romanticismo, de momentos de quererse intensamente cuando están juntos y de echarse muy fuerte de menos cuando están separados. Pero, poco a poco, la relación comienza a tomar un cariz más serio y Judith se agobia y decide dejarlo. Y, claro, Hannes no se lo toma bien.

Empieza entonces una situación de acoso en la que Glattauer maneja la narración de una manera genial. Al principio alguien puede creer que son reacciones normales de alguien muy enamorado que está llevando mal la ruptura (yo no, porque bueno, cosas), pero poco a poco se crea un clima opresivo en el que se entiende que Judith esté nerviosa, asustada, paranoica... ¿Paranoica? Sí, Glattauer consigue confundir al lector: ¿es Hannes un acosador o Judith está loca? Porque, para todo el mundo, parece que lo bueno es la segunda opción. Todos los amigos y familia de Judith la dan de lado porque ¿cómo puede no querer a Hannes? ¡Si es perfecto! Ella es una persona mala, que quiere victimizarse después de haberle roto el corazón a un hombre que es un trozo de pan. 

He de reconocer que el final me ha gustado menos, me habría gustado otro desenlace y otro mensaje. Pero bueno. También creo que es un poco precipitado. Pero lo que ha sido la lectura del libro, su desarrollo, me ha tenido totalmente enganchada y, como ya he dicho, bastante afectada. En serio: me ha gustado muchísimo y os lo recomiendo con todas mis fuerzas. 

Os dejo un trocito...

Ella contuvo los sollozos lo mejor que pudo. Solo faltaba soportar unas horas más aquella espantosa falta de libertad de movimientos pasando desapercibida. Pero después de Venecia debía acabarse de inmediato. Tenía que decírselo. Es más: tenía que decírselo de modo tal que él lo entendiera. Tenía que separarse de él en buenos términos. Solo pensarlo le daba miedo.


Recuerda: si tu pareja te da miedo en cualquier aspecto, aunque sea en lo que puede pasarle si lo dejas, MAL. 

En resumen, este libro...


Ahora empezaré a leer Los santos inocentes, de Miguel Delibes. A ver qué tal. 






viernes, 17 de noviembre de 2017

La Calleja de la Luna.


En este último año y pico estoy volviendo a escribir poesía con cierta regularidad. Le echo la culpa, entre otras cosas, a Córdoba. Tengo en mis cuadernos bastantes poemas dedicados a esta ciudad, inspirados por sus rincones, por sus costumbres, por su olor... No le hacen justicia, desde luego. 

Este poema lo escribí un día que decidí salir a pasear por la judería. Tras recorrer varias callejuelas acabé por sentarme en los escalones de la Mezquita para escribir algo. Es un poema que creo que está sin acabar, pero me parece que así se queda. Que cada quien se imagine el final. Al fin y al cabo, Córdoba me parece una ciudad llena de misterio. Está bien dejar alguno escondido, también en los poemas. 


***




Era la noche y te llegaste
a la Calleja de la Luna
frente a mi reja cantaste
como el que verdades jura.

Tú, los puños apretados.
Yo, las pupilas desnudas.
Tus labios tan lejos de mis labios
y nuestras almas tan juntas.

Era la noche y te llegaste
a la Calleja de la Luna
-Calla, que saldrá mi madre
-Que salgan todos a una.

»Que hoy he venido a pedirte,
que para mí solo hay una.
Por eso vine a rondarte
a la Calleja de la Luna.




jueves, 16 de noviembre de 2017

Ser profesor también era esto.


Hace unos días tuve una sesión intensiva de reuniones con padres y madres de los alumnos de mi tutoría. Eché 10 horas seguidas en el instituto, que sí, sé que para otras personas es su jornada normal, pero eso no lo convierte en plato de gusto. Me reuní con los padres y madres de 3 de mis niños y salí de allí agotada. Porque ser tutor también supone implicarte de una manera más estrecha con los alumnos y sus familias y ser, hasta cierto punto (y esto lo marca cada uno), partícipe de sus problemas y sus dramas.

Por ejemplo, hablé con un padre devastado porque no sabía cómo conseguir que su hijo aprovechase la oportunidad que le brindaba el estudio. Tanto él como su esposa tenían estudios de bachillerato y ambos trabajaban en puestos mal remunerados, un montón de horas, para darle a su hijo la posibilidad de un futuro mejor. Él, sin embargo, no se esforzaba, no aprovechaba la oportunidad. El padre, al borde de las lágrimas, me preguntaba qué podía hacer. Y yo no sabía qué responderle, la verdad. Hablaré con el chico en privado, con la orientadora, pero sé que si no sale de él habrá poco que podamos hacer. Ya conozco esta historia. Es, por ejemplo, la de mi hermano.

También hablé con una madre que vino a que "nos conociésemos". Me contó su historia. Su vida eran ella y su niña. Ambas habían sido víctimas de violencia de género. Vi a una mujer menuda, pero fuerte, con las ideas muy claras en todo, especialmente en lo que a la educación de su hija se refería. Me contó parte de su calvario y me explicó algunas de las dificultades que había tenido su hija. Entonces dibujé en mi mente a esa niña risueña y despistada y me di cuenta, otra vez, de que las personas que nos rodean cargan con monstruos que no podemos ni imaginar.

Intento hacer bien mi trabajo. Intento ayudar a mis niños y, también, a sus familias. Intento estar a la altura.

Es mucha responsabilidad.

Ser profesor también era esto.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

15 veces 15



"A veces recuerdo el cuento del muro lleno de pintadas que te conté cuando nos conocíamos. Lo estaba pensando desde hacía tiempo porque pensé que sería bonito encontrar entre el caos un oasis... Sin saber que iba a ser profético y te iba a encontrar a ti entre el caos."


Me dice, sin decirlo, que soy su oasis. Ja-Ja. Qué risa. Puedo ser muchas cosas, pero un oasis... No diría yo que soy un oasis. Tengo poco de mar en calma y mucho de tempestad, de oleaje imprevisible.  Recuerdo las vacaciones en la playa. Nos sentamos juntos en el paseo, con las piernas colgando, mirando al mar. Intentábamos medir las olas que, sin tiento, rompían contra la orilla. Yo no reconocía al mar, a ese Mar Mediterráneo tan familiar, que otras veces había visto tan tranquilo. Pues así soy yo: nunca se sabe cuando va a empezar el temporal.

Así que no, querido. De oasis nada... Pero lo cierto es que él ha aprendido a navegar mis olas, a encontrar refugios en mi caos y poner paz en mis inquietudes. Lo ha hecho desde aquellos primeros cuentos. Cuando él lo hace parece fácil.

Y tiene mérito, mucho, ver un hogar en estas ruinas, un oasis en mis aguas bravas.

Supongo, no sé, que por eso, aunque improbables, seguimos siendo.





martes, 14 de noviembre de 2017

Preparándome para la crisis.

Hablo de la crisis de los 30. Si hace nada cumplía 20... Bueno, tanto como nada, tampoco, pero no hace tanto, de verdad, os lo prometo. Unos 10 años, apenas.

Lo cierto es que la perspectiva de cumplir 30 años me tiene últimamente bastante pensativa. Sé que es un número como otro, pero, si ya de por sí no me gusta cumplir años ni me gusta la fecha de mi cumpleaños, lo de que sean 30, un cambio de decena, buf. Demasiado.  Así que estoy pensando en darle un poco la vuelta a la historia y celebrar mi cumpleaños de verdad, con un buen regalo, algo que me recuerde mis 30 años con cariño.

Últimamente he estado pensando bastante, por ejemplo, en una pluma demonstrator: son plumas transparentes en las que se ve el mecanismo y la cantidad de tinta que queda. Por ejemplo, no sé, una Kaweco o una TWSBI, que no las he catado todavía... Nunca me habían llamado la atención, e incluso me parecían feas. Peeerooo...






Ambas fotografías están sacadas de la web MiEstilográfica. Gracias a la cuenta de Instagram de esta tienda descubrí, también, otra cosa que me gustaría regalarme. Descubrí que existen BOLÍGRAFOS ROLLER que utilizan cartuchos de TINTA DE PLUMA para funcionar. Y son muy, muy bonitos...


En fin. Que ya sabéis que yo y el material de escritura... También me planteo hacerme con una Lamy Safari Neon Coral. No sé.

Otra cosa que me apetece regalarme es un set de iniciación a la acuarela, aunque, la verdad, no sé si le daría uso. Siempre encuentro algún momento para escribir, pero no sé si lo haría para pintar. Es cierto que después de la experiencia de anoche (estuve pintando una versión de la Noche estrellada de Van Gogh) me he venido un poco arriba y me apetece intentarlo, pero no sé si sabría por dónde empezar...






Bueno, todavía me quedan 2 meses, así que tengo tiempo para pensarlo. De todos modos, se admiten opiniones y sugerencias: ya véis que no lo tengo nada claro.

¡Un besote!

lunes, 13 de noviembre de 2017

Lugares para enamorarse.

Hay lugares tópicos para enamorarse. Por ejemplo, una cafetería, un bar, una fiesta o una boda (aunque yo nunca he ligado en una boda). Para los más tradicionales, están la iglesia o las obras benéficas. También hay quien dice que es normal enamorarse en el trabajo (aunque esa es otra cosa que a mí no me ha pasado) o en clase. También es normal enamorarse en Internet. Pero hace un rato, intentando que se me ocurriese una historia para escribir, he acabado pensando en sitios más raros para enamorarse, menos manidos.

Por ejemplo, yo hice que dos personajes se enamorasen en una parada de autobús. Es un buen sitio para conocer a alguien, sobre todo si los autobuses tardan tanto como los que yo suelo coger. Me habría gustado enamorarme alguna vez en una librería. Ya sabéis: estar dando vueltas por ahí y que me llame un libro la atención y que otra persona se ponga a hablar conmigo, o viceversa. No sé, podría ocurrir de otra manera, pero nunca me he enamorado con libros de por medio y me habría encantado.

También me habría gustado enamorarme durante un viaje. Ya sabéis que me gustan los amores dramáticos y, bueno, eso de enamorarte de alguien que quizá no vuelvas a ver tiene bastante drama. Un amor breve pero intenso. Ains.

Me pongo a pensar y no se me ocurren muchos más sitios donde me habría gustado enamorarme, la verdad. Quizá sea porque hoy mis neuronas ya han trabajado todo lo que tenían que trabajar. A lo mejor es que ya se me ha gastado toda la imaginación. ¿Me echáis una mano?

¿En qué lugares "raros" os habéis enamorado? ¿Dónde os habría gustado que ocurriese?

:)

sábado, 11 de noviembre de 2017

Libro: Imposible pero incierto, de R. R. López.




Hace unas semanas el autor de esta novela contactó conmigo (y lo hizo bien xD) para ofrecerme un ejemplar electrónico de su novela a cambio de una reseña. Ya sabéis que me quejo mucho de no tener tiempo para leer y que prefiero leer cosas por elección y no cargarme de obligaciones. Sin embargo, cuando leí que la novela transcurría en Córdoba no pude resistirme: tengo debilidad por las historias que se desarrollan en escenarios conocidos.

La acabé hace un par de noches y vengo a contaros qué tal.

¿De qué va la novela?

Felio y un colega vuelven de fiesta una noche. Cuando pasan al lado de la Mezquita escuchan golpes, voces, y, preso de un arrebato etílico, Felio decide encaramarse a un andamio para ver qué ocurre. Desde ese momento acaba metido en un movidón enorme con sectas, secuestros, monstruos lovecraftianos y demás parafernalia, en el que se verá obligado a recorrer algunas de las leyendas urbanas de la ciudad de Córdoba para intentar salvar su pellejo. Y el mundo, que eso también tiene su importancia.

Hablando del libro...

Lo primero es lo primero: el libro me ha gustado y me ha divertido. Se trata de un libro entretenido que se lee rápido y sin esfuerzo. A ello contribuyen tanto su estilo desenfadado como la estructura de los capítulos, en general, bastante breves y con unos finales bastante logrados que dan ganas de seguir leyendo. Dicho esto, recomendaría sin duda este libro en dos casos: si eres un friki de Lovecraft, ya sea novelas, juegos de rol o similar (no es mi caso), o bien si conoces Córdoba. De lo contrario creo que puedes quedarte un poco frío o descolocado, aunque esa es solo mi opinión: no puedo hablar de otra cosa que mi experiencia de lectura :P

Como ya he indicado, lo que sé de Lovecraft es muy poco, pero lo cierto es que eso no ha sido un problema, porque el protagonista, durane sus pesquisas, explica todo lo necesario. De lo que sí sé un poco ya es de Córdoba, y aún así, la novela me ha descubierto alguna leyenda urbana que no tenía fichada. Y, por si no lo sabíais, me encantan las leyendas urbanas. Yo solo digo que ahora, cuando paso por la plaza de las Tendillas no la veo de la misma manera. :P Lo cierto es que la combinación de estos dos elementos da una mezcla bastante curiosa, pero para bien. ¿Primigenios en Córdoba? Bueno, ¿por qué no? :P

Otra cosa bastante especial de este libro es el sentido del humor que tiene. Es un humor un poco bestia, así que si esperáis algo políticamente correcto, mejor no ir a este libro. No es que yo crea que los libros tengan que ser políticamente correctos, para nada: creo, de hecho, que el libro retrata bastante bien a los personajes y las bromas que podrían hacer. Pero entiendo que puede no ser del gusto de todo el mundo.

En conclusión: me ha parecido un libro entretenido que, pese a mi ritmo de lectura, se lee rápido y que te saca alguna carcajada, aunque en mi caso más que por los chistes ha sido por lo surrealista de imaginar ciertas situaciones en escenarios conocidos :)

Os dejo un trocito...

He escogido uno que me hizo gracia y no desvela ningún spoiler ni nada por el estilo :P

Tan cierto como que Eduard Punset se peina con petardos que, de haberme acertado, el improvisado proyectil me habría fracturado el cráneo. Por suerte mis reflejos cumplieron su función y esquivé la trayectoria del impacto echándome a un lado.

En resumen, este libro...



Si os interesa la novela, podéis conseguirla en el blog del autor, así como echar un ojo a otras cosillas que ha escrito :)


Ahora estoy esperando a ver qué empiezo. Ya os iré contando, como siempre :)





jueves, 9 de noviembre de 2017

Minutos.

Sales a mi encuentro aunque solo podremos vernos unos minutos. Ya es de noche y, supongo, preferirías estar cómodo en casa, pero sales a verme. Nos hemos citado a mitad de camino y, desde allí, me acompañarás a la parada del bus. Seguramente, por molestar, ese día, el dichoso autobús que siempre tarda 20 minutos en llegar cuando más prisa llevo, aparezca enseguida.

Camino hacia ti sin verte pero, entonces, te encuentro. Apareces entre la gente que va hacia otros brazos, hacia otras promesas. Sonrío como la primera vez (espero que lo veas) porque te apareces ante mí como la primera vez. Hoy, otra vez, te veo, y me parece que el mundo se ralentiza.

Me da la sensación de que te acercas a mí con miedo. Tengo mala cara, lo sé. El día ha sido duro y el resfriado no ayuda. Aún así te lanzas a besarme. Yo me resisto aunque me muero de ganas:

-¿Quién va a cuidar de mí si te pones enfermo?

Me miras, desconfías pero, finalmente, me coges de la cintura y yo me aferro a ti. Apoyo la cabeza sobre tu brazo y aprieto. Me susurro para mis adentros "qué bien que estés, qué bien que existas, qué bien que me quieras". Hablamos, pero no recuerdo de qué. No es lo más importante, no en ese momento. Lo que me importa es que, en un instante, vuelvo a sentir que tengo cimientos.

Como era de esperar, el autobús tarda menos de lo que me habría gustado. Diez minutos. Solo diez minutos. Pero la vida es eterna en esos diez minutos.

-Gracias por venir.
-Me apetecía verte.

 Después, como hemos hecho tantas veces, nos despedimos. Yo me subo al autobús y, mientras me alejo, te veo caminar a tu casa y la mente se me emborrona de nuevo. Pero el corazón no. Mi corazón vuelve a estar en su sitio.

La piel








La piel también late,
vibra, siente y se retuerce.
La piel se ahoga en las ganas
de ser puente.










miércoles, 8 de noviembre de 2017

La belleza del camino.


Cuando nos dicen que el sentido de un viaje está en el camino y no en el destino podemos pensar que se trata de una frase muy cierta, con mucha sabiduría. En mi caso no creo que sea tan así. Hay caminos que se transitan con vistas a una meta y que, de otra manera, no se recorrerían. Eso no quiere decir, claro, que no tengan encanto y que, una vez abandonados, no puedan echarse de menos.

Hablaba, hace unos días, con alguien de este tema, de la magia de recorrer algunos caminos. En concreto, hablábamos de lo genial que es proceso de conquistar a alguien o, al revés, el tiempo en el que intentan conquistarte. Este es un buen ejemplo de camino que no suele iniciarse si no es para llegar a la meta (aunque a veces no se llegue por diversas razones), pero que, al mismo tiempo, puede extrañarse cuando el periplo ha acabado. Es maravilloso tener, finalmente, a ese alguien especial a tu lado, compartir momentos, inquietudes, vivencias... pero esas mariposas en el estómago, ese sobresalto cuando vibra el móvil, la sensación de ir venciendo resistencias... Eso es tan agradable y tan breve... Yo lo extraño y me gusta recrearme en esos recuerdos.

A veces hasta echo de menos caminos que no he recorrido. Porque, con frecuencia, he sido yo la que ha dado los pasos en la conquista, pero rara vez la conquistada. En parte, porque no muchas veces han tenido la intención de hacerlo, y, en parte también, porque he solido tener las cosas claras y soy, por naturaleza, impaciente: cuando alguien que me gustaba demostraba interés, lo ponía fácil y, si ese alguien no me gustaba, intentaba parar la situación cuanto antes.  Pero me habría gustado ser menos "facilona", hacerme de rogar un poco, simplemente para prolongar un poco más ese agradable paseo que nunca vuelve a recorrerse de la misma manera y que, como en otras muchas cosas, nunca se sabe con certeza si se ha recorrido por última vez (es más, solemos esperar que así sea).

En fin, qué queréis que le haga: tengo unas ideas muy raras.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Peli: Sufragistas (2015)



Hace ya un par de años que se estrenó esta película y, en su momento, no la vi por varias razones y, después, la he ido dejando pasar hasta ovidarme de ella. Sin embargo, el otro día me vino el recuerdo de ella de repente, así que me preparé para verla un domingo cualquiera tapada con la mantita. Y eso ocurrió el domingo pasado.

Sufragistas narra la historia de un grupo de mujeres inglesas que, a principios del siglo XX, lucharon para conseguir el derecho a voto de las mujeres. Aunque el movimiento sufragista ya tenía historia en Reino Unido, en esta época se habían adoptado vías menos pacíficas para hacerse oír, ya que las mujeres habían sido ninguneadas e ignoradas durante mucho tiempo en sus demandas.

Sufragistas es una película muy cruda y dura, o al menos a mí me lo pareció, en la que se plasman los sacrificios de un movimiento que opta por la desobediencia civil. Me llamó la atención cómo, al salir de su primera estancia en prisión por la causa, las sufragistas entregan una pequeña medalla a Maud, una de las protagonistas. Asumían la situación: su movimiento estaba desafiando a las leyes y, por tanto, si te cogían acababas en la cárcel.

También me llamó la atención la transversalidad del movimiento. Desde las damas de altas esferas hasta las mujeres obreras, hay representación de todas dentro del movimiento sufragista. Pero también esa situación está tratada con detalle: no todas tienen lo mismo que perder, así que no todas están dispuestas a arriesgar lo mismo. La dependencia económica de los maridos era todavía un hecho, y en ciertas situaciones una no podía permitirse jugárselo todo, porque ese "jugárselo todo" era jugarse a los hijos, la libertad, la integridad física o, incluso, la vida.

Me emocionó muchísimo la película y me hizo consciente, una vez más, de lo que han arriesgado aquellas que nos han precedido para que las mujeres de hoy en día tengamos los derechos que tenemos. Y de lo que nos queda que luchar a nosotras para que las mujeres que lleguen detrás de nosotras puedan alcanzar la igualdad.

Una película muy, muy recomendable.




domingo, 5 de noviembre de 2017

De la mano.

La primera vez que las vi juntas iban cogidas de la mano. Parecían agitadas. Quizá fuese porque llegaban tarde a clase o quizá fuese por algo totalmente diferente. Intuyo que se les habían pasado los minutos que precedían a la jornada lectiva más rápido de lo esperado. Las reprendí con media sonrisa: "¡Vamos, que os van a poner un negativo por llegar tarde!". Sonrieron: ya son mayores para negativos, y lo saben.

Aceleraron el paso al entrar en el pasillo y desaparecieron de mi vista, pero pude sentir en mi corazón la onda expansiva de su despedida. Caminé de vuelta a la sala de profesores sonriendo, contagiada por la alegría que desprendían sus miradas, por el amor que se adivinaba en sus gestos: un amor recién estrenado, un amor de esos que nos engrandece y nos hace sentir invencibles. Un amor liberador, creo.

Con el último timbre me apresuré, igual que todos los alumnos, hacia la salida, pero, por desgracia, a mí siempre me acaba reteniendo alguna responsabilidad. En esta ocasión, creo, fue una suerte: me permitió encontrar la puerta del instituto más vacía que otros días y, precisamente por eso, pude descubrirlas comiéndose a besos apoyadas en las rejas. Algunos compañeros las miraban (curiosos, escandalizados, desconcertados, sorprendidos), pero a ellas no parecía importarles. De hecho, estoy casi segura de que ni siquiera eran conscientes de la existencia del mundo exterior en ese momento.

Me alejé, pasando por su lado, y pude sentir la oleada de emociones que desprendían. Y, de nuevo, me marché a casa con la sonrisa puesta, partícipe de su felicidad sin que ellas se hubiesen dado cuenta.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Peli: La piel fría (2017)



Hace unos días os hablé de La pell freda, la última novela que he leído. Os comentaba que había empezado a leerla porque se estrenaba la película y quería comparar. Pues bien, el martes pasado aproveché la víspera de festivo para ir al cine y verla. Y como hubo quien me propuso hacer una comparación, aquí está. 

Voy a ser breve: la película me pareció entretenida, se deja ver, pero como adaptación es bastante mediocre. Puede que visualmente cumpla su función, incluso en algunos puntos del argumento, pero el espíritu de la novela no está en la película, o eso creo yo. Mi opinión sobre ella es bastante negativa, no sé hasta qué punto es porque había leído la novela antes. No sé que habría pensado de verla sin prejuicios ni expectativas. Lo cierto es que no he encontrado en la película los puntos fuertes de la novela, esa reflexión antropológica que os señalaba. En la película el argumento está desdibujado, los personajes suavizados, la trama, edulcorada. Se pierde, en general, el mensaje de la novela. Yo no sé si es un problema mío con las películas últimamente, pero no me queda clara la reflexión ni el mensaje que quiere dar la película, mientras que en la novela lo vi bastante claro. 

No obstante, y como ya he dicho, se deja ver. Se puede echar un rato viéndola. Y me gustaría conocer la opinión de alguien que la haya visto sin haber leído la novela, por ver qué le ha parecido, así que si lo hacéis, ¡contadme!



jueves, 2 de noviembre de 2017

Profesores normales.

Hace unos días vi este tuit:


Y no pude más que aplaudirlo.

Últimamente, para ensalzar la labor de los docentes, lo que se hace es destacar figuras dentro de la profesión con un perfil muy determinado: profesores especiales, súper creativos, profesores youtubers, profesores hombre/mujer-orquesta. Profesores especiales, estrellas de nieve. Con esos profesores las clases nunca son aburridas y los niños y niñas aprenden sin darse cuenta, pasándoselo bomba. Así son los profesores excelentes, nos dicen. Y, con ello, nos muestran el camino. Así es como hay que trabajar.

Pero yo soy profesora, no show-woman.  Yo intento que a mis alumnos les interese lo que tengo que contarles, intento mantener su atención, intento que se impliquen. Pero cada día no puede ser una fiesta, una expectativa constante de sorpresas. Y, ojo, sí lo es: cuando tú entras a una clase, por muy preparada que la lleves, siempre sucede algo que no esperas, positivo o negativo. A veces, varios "algos". Pero crear eso, provocar la sorpresa constante del alumnado, no puede ser tarea de un profesor.

A veces, muchas veces, la clase consiste en eso: un profesor intentando enseñar a los alumnos algo. Y esto ocurre de manera simple: a veces hay pizarras digitales, y vídeos, y actividades interactivas, y bueno, cosas que se nos ocurren, pero otras veces solo hay una pizarra, un montón de alumnos, un profesor y las ganas de ambos. Y a veces hay que hacer cosas aburridas, y hay que trabajar, y hay que hacer cosas que están muy abajo en la lista de prioridades sobre cosas que querríamos estar haciendo en ese momento. Pero así es la vida: no siempre nos divertimos.

Me parece que la manera de poner en valor nuestra profesión no es (o, al menos, no únicamente) señalar a esos profesionales excepcionales, esas situaciones atípicas. Creo que hay que poner en valor lo que es el trabajo en el aula día a día: el verbo to be, las declinaciones, las ecuaciones de segundo grado, las distintas constituciones del siglo XIX, la tabla periódica, la corrección de tareas, de cuadernos, de exámenes... El esfuerzo cotidiano de unos y de otros, sin boato, purpurina ni espectáculo.  Porque nosotros también somos buenos profesionales.


miércoles, 1 de noviembre de 2017

Peli: Thor. Ragnarok (2017)



Bueno, pues después de una sequía de cine bastante pronunciada, el fin de semana pasado pude ir a ver Thor: Ragnarok, además, bien pegadita a su estreno, que fui el sábado por la mañana. Y nada, voy a contaros qué tal (chiquines y chiquinas xD)

Yo no sabía qué esperar, porque, si os soy sincera, ni siquiera había visto el tráiler. Últimamente estoy un poco de vuelta de todo en estos temas y en otros. Así que me dejé sorprender. Y lo cierto es que me sorprendió. Visitas las dos películas anteriores, cuando esta comienza, la verdad es que no sabes muy bien qué estás viendo, porque el tono es totalmente distinto: este Thor no es el Thor al que estamos acostumbrados. Si el Thor de las primeras películas era un muermo con un comportamiento más alienígena del que cabría esperar, este Thor está menos encorsetado, más abierto a chascarrillos: es más normal. Cabría debatir si Marvel no está intentando convertir a todos los protagonistas en copias más o menos fieles de Tony Stark, pero bueno, eso es otro debate.

En esta película prima el humor, no tiene nada que ver con la seriedad de las primeras. Desde mi punto de vista, el alivio cómico acaba por convertirse en "cansinismo cómico" en algunos momentos, pero se lleva bien. Podrían haber forzado menos la máquina a veces, pero bueno.

En cuanto a la historia, no está mal. No es una de estas que digas "madre mía, qué peliculón, cuantísima profundidad", pero entretiene. Además, es una peli bastante ágil, con las dosis justas de acción (las peleas y demás no se hacen pesadas) y que deja buen sabor de boca.

¿Es la mejor de las tres? Probablemente, aunque he de reconocer que a mí la primera me gustó bastante porque tengo el criterio un poco trastornado, supongo. Eso sí, no creo que la comparación sea del todo justa porque el enfoque de las dos primeras es muy distinto al de esta última, ya en el tono que marcaron Los Vengadores.

Y bueno, eso es todo. No he dicho gran cosa, pero en fin: que si os gustan las pelis de superhéroes, os animéis, que está entretenida.

¿Alguien la ha visto ya? ¿Qué os ha parecido?  ¿Os apetece verla?

lunes, 30 de octubre de 2017

Conjuro cotidiano.

Me gusta el desorden
que organizas cuando me amas.
Adoro encontrar nuestras ropas
en el suelo, barajadas.

¡Qué alegría ver la cama
tan deshecha!
Las sábanas arrugadas,
retorcidas sin vergüenza.

Aprisa vuelvo a colocarlo todo,
a ordenar la ropa,
a hacer la cama
poniendo sábanas nuevas.

Solo un fin tiene el conjuro:
que vengas y me revuelvas.



sábado, 28 de octubre de 2017

Otra manía.

Hace poco os hablaba de una manía que tengo. El otro día caí en otra y también os la voy a contar, a ver si así me siento menos rara y menos sola. No sé si es manía o, directamente, una neura o una obsesión. Sí, quizá sea esto último: estoy obsesionada con las últimas veces.

Muchas veces, cuando estoy haciendo algo (leer un libro, charlar con un amigo, tener un orgasmo,  comer algo que me gusta mucho), me pregunto cuándo será la última vez que lo haga. Me ha pasado mucho con mis parejas: "Qué beso tan maravilloso, tan apasionado... ¿Cuándo será la última vez que nos besemos? ¿Cómo será?", pero me ocurre con muchas cosas. A veces no solo me pregunto por el cuándo o por el cómo, sino también por si seré consciente de que será la última vez. Normalmente no lo somos. A veces sí, pero por lo general, al menos yo, no he sabido que estaba ante una última vez. Quizá porque es la vida la que me dirige a mí, más que yo a ella. En ocasiones es como si tomase las decisiones porque aparecen ante mí como en un letrero luminoso.



Cuando me paro a pensarlo, creo que me gustaría ser consciente de que estoy ante el último beso, o el último libro, o la última vez que veo a alguien. No saberlo de antes, pero sí ser consciente en ese momento, mientras ocurre. Aunque eso sería todo un veneno para la esperanza, supongo.

No sé. Vosotros, ¿qué opináis?

viernes, 27 de octubre de 2017

Amores platónicos.


El otro día me puse a reflexionar sobre el amor platónico. Llegué a la conclusión de que el amor platónico, tal y como se entiende normalmente (como un amor auténtico que no se quiere realizar) no existe. O, al menos, que es muy, muy infrecuente, por no parecer demasiado atrevida.

Me parece que cuando hablamos de amor platónico podemos estar diciendo dos cosas:

1. Me gusta todo de ti, pero tú no, como en la canción de Serrat. Hablamos del cariño que tenemos a una persona que, en general, cumple buena parte de las expectativas que tenemos sobre una pareja pero, sin embargo, no nos atrae. No sentimos esa chispa, por lo que no podemos hablar de amor, creo: simplemente de un reconocimiento hacia las  virtudes de una persona concreta. Es cierto que en este caso no aspiramos a realizar ese amor, no queremos hacerlo, pero es, básicamente, porque no podemos hablar de amor.

2. Me gusta todo de ti, tú también, pero tengo miedo. A veces nos gusta alguien muchísimo, mucho, mucho, pero por la razón que sea no queremos dar el paso. Nos gustaría, si pudiésemos: si otras fuesen las circunstancias, si supiésemos que nos van a decir que sí, si tuviésemos la certeza de que no vamos a estropear nada. Si eso que nos frena no fuese el caso, lo intentaríamos. Así que de platónico, nada. Un amor, por el mero hecho de no realizarse, no se convierte en un amor platónico.

Conclusión: el amor platónico no existe.

En fin, esa es mi teoría. Chusca, como siempre, no soy yo de hilar muy fino. No sé, ¿qué opináis?


jueves, 26 de octubre de 2017

Aprender. Enseñar.

Queridas lectoras, queridos lectores, ando con una duda rondándome la cabeza. Ya la he consultado con alguna persona cercana, pero me gustaría tener alguna opinión más ajena, a ver qué me decís.

Ahora que ya soy funcionaria de carrera pueden tocarme cosas nada guays, como ser tribunal de unas oposiciones, por ejemplo, o corregir la Selectividad, o, y a esto es a lo que voy, también puedo ser tutora de un alumno o alumna del Máster de Secundaria.

No hace tanto, si me paro a pensarlo, que yo era alumna de ese máster. Cinco añitos. Allá por marzo de 2012 empecé la andadura con este blog. En aquel momento había pasado el ecuador del dichoso máster. Os conté cosas de mis prácticas, de mis impresiones, os hablé de mi defensa del Trabajo de Fin de Máster... Para mí ese máster, con sus más y sus menos, fue muy útil, especialmente las prácticas. Mi tutora, una profesora muy veterana y con las ideas muy claras, me enseñó muchísimas cosas que, a posteriori, me han servido. Además, de su mano di mis primeras explicaciones en una clase y tuve mi primer contacto con el que iba a convertirse mi trabajo, con lo bueno y con lo malo: compañeros, claustros, horarios, evaluaciones, reuniones, tutorías... Lo recuerdo con agradecimiento y cariño.

Ahora me planteo si yo podría hacer algo parecido por un estudiante. Si podría ayudar a alguien, enseñarle algo, no sé. Me cuesta verme en la posición de tutora: como ya he dicho, no hace tanto que era alumna de prácticas. También me planteo si me compensa: no hay compensación económica y la compensación en puntos para el concurso de traslados y similar es ridícula: los mismos puntos que un curso de formación de diez horas. Así que, por mucho que me apetezca, tengo que ver si me merece la pena. No sé.

¿Qué me recomendáis vosotros?

miércoles, 25 de octubre de 2017

Peli: Blade Runner 2049 (2017)

Si pretendes ver la película y eres muy sensible a los spoilers, no leas. Hablo de algunos aspectos de la ambientación y la trama.



El otro día, después de muchos avatares y obstáculos, conseguí llegar al cine y ver Blade Runner 2049. Tenía muchas ganas. Hacía bastante que no veía una buena película de ciencia-ficción, que me hiciese pensar, pero la cosa es que salí igual que había entrado: sigo sin haber visto una buena película de ciencia-ficción que me haga pensar. Y ojo, a mí la primera película de Blade Runner me gusta mucho. La primera vez que la vi recuerdo que pensé: "¿Pero de verdad hay gente que se duerme viendo esto?"

No me ha ocurrido lo mismo viendo la segunda parte. No es que me pareciese aburrida, aunque sí es bastante lenta. Sin embargo, eso no lo considero necesariamente un inconveniente, porque hay cosas que no pueden contarse rápido, que necesitan reposo, que requieren tiempo para asimilarlas. Pero no es ese el caso en esta película, no me lo parece, al menos. Blade Runner 2049 es una película estéticamente preciosa, pero narrativamente muy deficiente.

¿Qué quiere contar la película? Pues, la verdad, no me quedó muy claro. ¿De la necesidad de reproducirse para ser humanos? ¿Está poniendo el acento de la dignidad en la reproducción biológica por medio de parto? (Lo cual, a las alturas que estamos, me parece muy simplón) ¿Habla, quizá, de la identidad personal, y de cómo lo que nos hace humanos es tener un hilo narrativo propio? Se me ocurren otros temas que podrían estar esbozados en la película, pero el problema es que ninguno está ni medio desarrollado. No sé qué me quiere contar en concreto, quizá porque no me lo cuenta bien. No sé si es un problema de guión, de dirección, de montaje... No lo sé. La cosa es que me fastidia salir de una película sin saber cuál era su intención.

Visualmente, en cambio, me ha gustado muchísimo. La ambientación, la estética, los planos, el color... Me ha parecido preciosa y muy cuidada. Me parece que la película se recrea en su potencia visual, lo cual está bien, pero quizá lo hace en exceso: algunas escenas son hermosas, pero innecesariamente largas. O, quizá, es que esa característica se acentúa al no estar contando nada. No sé.

Mi problema, fundamentalmente, está en el argumento. Creo que la película acaba, sin contar gran cosa, en el momento en el que podría haber empezado a contar algo.

Sé que hay gente a la que le ha encantado, pero no ha sido mi caso. Y, la  verdad, me da mucha pena que no me haya gustado tanto como esperaba.

Os dejo el tráiler.



Y, a vosotros, ¿qué os ha parecido?

martes, 24 de octubre de 2017

Libro: La pell freda, de Albert Sánchez Piñol


Hacía bastante tiempo que no leía en catalán. Mucho. Pero mirad, la ocasión se ha presentado de nuevo. Este libro era uno de los propuestos en el curso de C1 de la Universitat de València, pero como aprobé el examen en noviembre, abandoné el curso, así que al final ni siquiera decidí que novela iba a leerme. No sabía ni de qué iba, aunque me sonaba el título y el autor. Por eso, cuando un conocido, que trabaja en una distribuidora de cine, me dijo que iban a estrenar pronto "La piel fría" le dije: "Eso está basado en una novela, ¿no?". Me respondió que nadie reconocía el título y yo pensé "tampoco sabes mucho más". Así que me planteé leer el libro antes de que se estrenase la peli y acabé convenciéndome cuando vi el tráiler. No he llegado a tiempo, porque la película se estrenó el viernes pasado, pero al menos he podido acabar el libro antes de que quiten la película del cine, lo cual, vista mi velocidad de lectura, no está mal xD

¿De qué va el libro?

Un hombre es "condenado" a pasar un año entero en una isla prácticamente desierta ejerciendo como oficial atmosférico. Al llegar, el antiguo oficial atmosférico no está y solo encuentran, en el faro, a un hombre extraño que no parece alegrarse lo más mínimo de haber recibido compañía. Tras la primera noche, nuestro protagonista descubre que aquella isla en medio de la nada no está tan desierta como parece a simple vista: tras cada anochecer sufrirá el asedio de unos seres anfibios que pondrán en peligro su supervivencia. ¿Será capaz de mantenerse vivo sin volverse loco 12 meses?

Hablando del libro...

Aparentemente podríamos estar hablando de una novela de aventuras-terror-fantasía y, evidentemente, hay algo de eso. Sin embargo, La pell freda me ha parecido mucho más interesante como estudio antropológico que como novela. El problema fundamental es cómo lidiamos con los que identificamos como "otros", los que no son como nosotros. En la novela, en un principio, están caracterizados como bestias salvajes, agresivas y sanguinarias, irracionales, nada parecidas a "nosotros". Sin embargo, ¿es todo tan sencillo? ¿No puede ocurrir que esos seres extraños sean más parecidos a nosotros de lo que pensamos? ¿Que sean dignos de amar, de sentir piedad, miedo, tristeza? Y, si eso ocurre, ¿es tan fácil deshacerse de ellos, mantener el enfrentamiento? ¿Podría ocurrir que entre "nosotros" haya espécimenes mucho más ajenos que esos "otros"?

Me parece que ese enfrentamiento fundamental entre "nosotros" y los "otros" es la idea que vertebra el libro y que da solidez a su hilo narrativo. Ha sido el equilibrio entre las dos partes lo que ha mantenido mi interés en el libro.

Os dejo un trocito... 

Jugàvem, res més, però jugàvem. I el joc, per innocent que sigui, posa al descobert igualtats i afinitats, perquè quan juguem amb algú no existeixen les fronteres, ni les jerarquies, ni les biografies; el joc és un espai de tots i per a tothom. 
Traducido es algo así como...

Jugábamos, nada más, pero jugábamos.Y el juego, por inocente que sea, pone al descubierto igualdades y afinidades, porque cuando jugamos con alguien no existen las fronteras, ni las jerarquías, ni las biografías; el juego es un espacio de todos y para todos. 
En resumen, este libro...

Y, ¡ya sabéis!, si no os apetece leerlo, siempre podéis darle una oportunidad a la película :P

A continuación leeré Imposible pero incierto, una novela de fantasía, terror y humor que ocurre en Córdoba. Hace algunas semanas, su autor, R.R. López, contactó conmigo para ofrecérmela y, como ya sabéis que me gusta leer cosas que transcurren en ciudades que conozco, no le pude decir que no. Espero echarme unas risas.


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