sábado, 24 de junio de 2017

Mi cuerpo.

Cuando estudiaba la carrera, en una asignatura sobre estética, hablamos de un libro que se titulaba Mi cuerpo es un campo de batalla. Me llamó la atención el título y me costó entenderlo en profundidad. Hoy lo entiendo, sí. Y sí, mi cuerpo también es un campo de batalla, como el de muchas otras mujeres (y no solo mujeres). No deja de parecerme triste que mi cuerpo, que debería ser hogar, que me permite bailar, y reír, y moverme y abrazar, sea mi enemigo, un ente salvaje al que someter a mis designios. ¿Míos? Bueno, eso estaría por ver.

Me pongo ante el espejo, desnuda, y apenas tardo unos instantes en ponerme ropa interior, en cubrirme en parte. El pubis, con vello, alejado de los cánones actuales, y los pechos, grandes, pero nada parecidos a los que aparecen en las películas pornográficas, a los que se dejan ver en los posados de las modelos. Nada parecidos al ideal. 

Bueno, así, más o menos. El culo y el pubis ocultos, el pecho recogido. Algo mejor. Entonces, sí, puedo comenzar a examinarme.

Del suelo a los tobillos, me detesto. Es uno de los muchos complejos estúpidos que tengo, pero odio mis pies. Cuando llega el verano y el momento de ponerme sandalias y calzado más descubierto sufro porque no hay calzado que se vea bonito en mis pies. Que yo vea bonito en mis pies. 

Subimos y ahí están, las piernas. De rodillas para abajo, pasables. de vez en cuando acepto ponerme un vestido por debajo de la rodilla. Total, nadie se para a mirarme las piernas. Pero cuando yo lo hago... Ese pelo rebelde que se ha resistido a la depilación, los poros marcados, los gemelos excesivamente gordos... En fin, dejémoslo estar. Al menos es mejor que de rodillas para arriba: esos muslos desproporcionadamente gruesos, llenos de celulitis, fofos... En fin, así no hay manera.

Me pongo de lado y me digo que, bueno, aunque tengo la tripa fofa, al menos tengo cintura. O, más bien, tener unas caderas enormes ayuda a que parezca que tengo cintura. Sí. Y tener el pecho grande completa la forma de reloj de arena. Es algo por lo que puedo dar gracias. Menos da una piedra. Eso sí, tripa tapada, pecho tapado. Este año he vuelto a ponerme escote para vencer mis complejos. No ha estado tan mal. Bueno, y hoy me he puesto un vestido por encima de la rodilla y tampoco ha pasado nada. Y pantalones cortos. Bueno, el mérito de esto es de  Córdoba y de sus más de 40 grados, claro. 

En fin, sigamos. Por los brazos, por ejemplo. No me gustan mis brazos. Sobre todo, no me gusta cómo aparecen en las fotografías. Los veo más grandes de lo que me parecen día a día. Lo que sí me gusta, eso he de concederlo, son mis muñecas. Son pequeñitas, elegantes. Debe ser lo único elegante que tengo en el cuerpo, eso sí. 

Y bueno, sobre los hombros... Prefiero no hablar del cuello, aunque me gusta bastante cómo se ven mis clavículas. De nuevo, algo es algo. La cara... En fin, no es horrible, tengo una cara más o menos simétrica, no del todo desagradable. Demasiado redonda, con una frente demasiado grande y unos ojos que, además de hacerme transparente para todo aquel que me conoce un poco, son de lo más normales y, para colmo, miopes. Todo son ventajas. 

Acabemos por lo mejor que tengo: los rizos. Tantos años renegando de ellos, atormentándome con secadores, planchas del pelo, recogiéndolos para que no se viesen, para que no estorbasen... Me alegro de haberlos aceptado por fin. Sí, me encantan mis rizos. Qué pena que no ocurra lo mismo con todo lo demás. 

Pero, después de todo, es mi cuerpo. Mi hogar. Y, a pesar de todo, intento aceptarlo. Aceptarme. Porque yo soy él y no sería la misma si él hubiese sido distinto, estoy convencida. 

Bueno, ¿y qué hay de vuestro cuerpo?

8 comentarios :

  1. Preciosa, tú eres preciosa! Ojalá pudieras verte con los ojos de otros :)

    Todos tenemos cosas de nuestros cuerpos que no nos gustan. Residuos de influencia social y de absurda estética...

    Espero que te des tregua, Bettie, el tiempo pasa y con él se va desvaneciendo la "importancia" de la carne ;)

    Me encantan tus rizos y tú rostro dulce!!

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    1. Ojalá, pero no se puede, por desgracia :P jaja Pero sí, tengo claro que la carne se marchita. Este post no era tanto una queja como un reconocimiento de que, quien más, quien menos, tiene problemas con su cuerpo.

      Besicos!

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  2. Somos siempre mucho más críticos con nosotros mismos que los demás. Y más con nuestro cuerpo. No me creo nada. Sí, creo que tú te ves así, pero no que tú eres así.

    Bsos.

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    1. ¡No me creo nada! jajaja.

      También es cierto que no todos los días me veo así. :P

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  3. Complejos... Creo que la mayoría tenemos algunos... No recuerdo ninguna época en la que me haya sentido plenamente cómodo con mi cuerpo. Y sin embargo... la edad te va dando perspectiva, vas aprendiendo a aceptarte y no darle tanta importancia a lo superficial.

    Como dice el Principito, lo esencial es invisible a los ojos ;)

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    1. Sí, bueno, yo tengo mis días. Pero creo que, como tú dices, esto nos pasa a casi todos en mayor o menor medida.

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  4. Ay, la carne... (por cierto, no sé si te dije que me encantó el libro de Rosa Montero)
    Supongo que todos, en algún momento de nuestras vidas, odiamos alguna parte de nuestro cuerpo.
    Yo me he pasado media vida odiando mi extrema delgadez, hasta que un día me reconcilié con mi cuerpo y viví cómoda en él. Por supuesto, había partes de él que no me gustaban, pero intentaba potenciar las que sí.
    Ahora estoy en ese punto en que no me encuentro demasiado a gusto en él, pero estoy intentando ponerle remedio.
    Hay partes que de joven me gustaban y luego aborrecí y otras que me pasó todo lo contrario y pasé a amarlas.
    Creo que sólo hay una mínima parte de mi cuerpo con la que siempre he estado a gusto (y sigo, de momento): mis labios. Ya ves, una parte minúscula en casi 1,70 de estatura... pero algo es algo.
    Pues yo te veo estupenda y también me encantan tus rizos...;)
    Besos

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    1. Eres un bombón con porte de artista de cine, te lo digo yo.

      Mil millones de besos.

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